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La eterna tentación de mezclar mal política y religión

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Esta mañana, en clase, hablaba con los alumnos de la Reforma y de la Contrarreforma. Lutero y sus 95 tesis llegaron no sólo para dinamitar la Iglesia Católica sino todo un imperio político. Y lo que comenzó como una controversia religiosa, podemos decir que acabó siendo un asunto de gran calado político. Es antigua esta tentación de mezclarlo todo y de usar a Dios para otros intereses.

En España acabamos de votar en unas elecciones generales y sigo comprobando cómo sigue sucediendo lo mismo que hace cientos de años. Parece que no aprendemos. El Evangelio de Jesús de Nazaret, el Reino predicado por Cristo, no cabe en ningún partido, ni en ninguna opción política, ni en ningún sistema. No hay siglas humanas capaces de encerrar el amor ofrecido en la cruz y glorificado en la resurrección. Pero nosotros, erre que erre, ahí seguimos.

La Iglesia reconoce que la democracia es seguramente el sistema político que permite con más garantías trabajar por la justicia, la igualdad, los derechos humanos, la protección para los más pobres, la libertad… La democracia se ha convertido ya en una de estas palabras casi sin valor. La hemos usado tanto como arma arrojadiza que ya no sabemos de qué habla. Y urge recuperar los valores conseguidos por ella. Y los creyentes estamos también llamados a ser ciudadanos ejemplares. Evidentemente, esto no quiere decir plegarse al sistema, a los poderosos, a las autoridades… claro que no. Pero sí convendría leer un poco a S. Pablo en sus cartas o algunos pasajes del Evangelio, donde se nos recuerda cuáles son nuestras obligaciones para con el Estado y nuestros vecinos.

Da pena leer, escuchar y ver a determinados creyentes, enrolados tras banderas, crispando, insultando, arremetiendo, provocando, destrozando al contrario. Creyentes que ven contrarios, enemigos, chusma, peligros, en todos aquellos que no piensan como ellos. Creyentes que reducen el Evangelio a los principios que ellos defienden y que se tragan, como si de un camello se tratara, otros tantos principios enseñados por el Señor. Da pena. Y tristeza. Y rabia.

La eterna tentación de mezclar mal política y religión. Jesús fue un personaje tremendamente político. Su apuesta por los descartados, los pobres, los frágiles… Su apuesta por el perdón… Su apuesta por la reconciliación… Su apuesta por hablar con todos sin reservas… Su apuesta por las leyes al servicio del hombre y no al revés… ¡Tantas apuestas que pusieron patas arriba la sociedad del momento y todas las que han venido después! Sin afiliarse a ningún partido. Sin encabezar una revolución. Sin levantarse en armas. Sin ganar elecciones. Sin insultar al César. Sin pedir su dimisión. Sin pegar carteles en las paredes de Jerusalén. Sin traicionar la voluntad de su Padre para con Él.

Es el amor el que lo cambia todo. Ese es el auténtico programa que todos deberíamos llevar a cabo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

 

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