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¿Judas sucumbió al Mal o Judas era malo?

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Judas fue tentado. Judas fue confundido. Y Judas no se enteró de nada y cayó.

Muchas veces he pensado en qué pasaría por la mente y el corazón de Judas estos días, previos a entregar al Maestro, para terminar haciendo lo que hizo. Igual me equivoco, porque mis intuiciones no tienen base teológica, ni mucho menos, pero creo que Judas sucumbió humanamente a un enredo bien perpetrado por el Mal, que todo lo oscurece.

Judas era uno de los apóstoles, uno de los doce. A veces perdemos esto de vista. No era uno de los que veían a Jesús de lejos o uno que miraba de reojo al Maestro, con recelo y cierta inquietud. Judas estuvo al lado de Jesús y nada se dice de él durante esos años de vida pública. ¿Por qué suponer que él iba a ser el traidor? Judas tocó a Jesús, lo miró, lo escuchó, lo vivió de puertas hacia adentro, compartió mesa con sus amigos en Betania, contempló los milagros de cerca, fue enviado por Él a predicar y volvió a su lado… Judas era uno de los doce, repito. ¡No uno de los mil! ¡No uno entre cien mil! Uno de los doce…

La primera conclusión es clara: la cercanía a Jesús no exime de ser tentado y acechado por el Maligno. ¿Puede ser que estando tan cerca del Señor, uno pueda ser atacado de manera tan brutal? Parece que sí. Estamos obligados a tomar nota. El primer agujero de seguridad es la certeza de que nosotros somos más fuertes que los demás, más inmunes, más listos y más cabales… ¿Cómo vamos a caer nosotros? ¿Cómo vamos a traicionar si somos amigos de Jesús, creyentes, catequistas, sacerdotes; si estamos felizmente casados y llevamos toda nuestra vida dándonos y construyendo el Reino?

La segunda conclusión es que el Mal conoce a su presa. El Mal nunca ataca de frente, con claridad, con burda osadía. El Mal confunde y nos hace pensar que está bien lo que está mal. Todo aquello que parecía claro ayer, hoy está sumido en una niebla difícil de afrontar. La seguridad que parecía infranqueable… hoy se tambalea. El Mal nos ataca allí donde sabe que tiene más probabilidades de victoria, allí donde somos más débiles. A Judas le atacó allí donde podía atacarle: el prestigio, la fama, las expectativas, la insana equidistancia, el dinero… Judas llegó a confundirse de Maestro, de misión, de objetivo. Y estoy convencido de que él pensaba que, tal vez, a su manera, conseguiría que el Señor Jesús hiciera las cosas de otra manera… ¿Y a mí? ¿Dónde me atacaría a mí? ¿Dónde me ataca?

La tercera conclusión es que Judas no olió la tentación. Como nos pasa a nosotros muchas veces. Estamos en plena batalla y ni siquiera caemos en la cuenta. Vivimos inconscientes y caminamos hacia adelante con dificultades, con errores y con decisiones que, muchas veces, generan rupturas, dolor, heridas… Lo achacamos al destino, lo vestimos todo de libertad, nos cargamos de razones… y no somos capaces de darnos cuenta que, en el fondo, nos han vencido.

¿Cómo debieron ser aquellos días previos a Getsemaní? ¿Qué debía pasar por la cabeza de Judas para acabar sellando con una beso la mayor de las traiciones?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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