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Hablando de la Biblia (Parte I)

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Querida amiga:

Lo primero es lo primero. ¡Cuánto tiempo hace que no hablamos y qué alegría recibir tu carta! No sé qué pensarás si te digo que echo de menos aquellas tardes deliciosas, a mitad de primavera, en las que, con pasión, veíamos morir el día hablando sin parar de Dios, de la fe y de cómo tú y yo vivíamos nuestros día a día de “cristianitos de a pie”. Por eso, cuando hoy abrí el buzón y me encontré tu nombre en el remite… ¡casi recito un Magníficat actualizado!

He releído varias veces tu carta. ¡Lo que planteas es serio y, sin duda, ha sido objeto de estudio y reflexión a lo largo de la Historia! Así que lo primero que te quiero decir es que no te preocupes si todo lleva un tiempo comprenderlo y si, en estos comienzos de reflexión, todavía se queda alguna duda por resolver. Eso siempre es bueno porque nos anima a seguir aprendiendo, estudiando, leyendo y profundizando. Si además, en este caso, todo gira en torno a la Biblia, que decimos que es Palabra de Dios para nosotros… ¡pues imagínate la importancia! Lo que yo voy a intentar es aclarar algún concepto y espero que eso te ayude a ir asentando y dando forma a tu propio conocimiento.

¡Cojamos el toro por los cuernos! ¿Es o no es la Biblia producto del hombre? ¿Es o no es la Biblia Palabra de Dios? Sin entrar todavía a los libros concretos que conforman la Biblia y a cómo fueron seleccionados, sí te puedo decir que la Biblia ha sido escrita por hombres, hombres de carne y hueso, sujetos al contexto que les tocó vivir, con su experiencia religiosa concreta y que, a la hora de escribir, utilizaron los mecanismos literarios necesarios, igual que cualquier escritor, para transmitir aquello que pretendían. Estos hombres son autores materiales de lo que ahí leemos hoy y, desde ese punto de vista, efectivamente, como tú dices, la Biblia no nos cae del cielo. No es algo ya hecho, que Dios escribió o dictó, en el que los hombres fueron meros observadores o copistas. Ahora bien, el objetivo no era dejar constancia histórica de nada. La Biblia no es un libro de historia. Es más, contiene errores históricos y de otra índole. Los autores cuentan toda una historia de un pueblo vista desde los ojos de la fe, interpretan lo sucedido, testimonian cómo Dios ha estado presente en toda esa historia. Y es ahí donde aparece el Misterio y donde decimos que Dios inspira todo ese contenido y donde decimos que la Biblia cuenta la Historia de Salvación que comienza en el Antiguo Testamento y que culmina con la presencia de Jesús, rostro de toda Palabra de Dios. Para nosotros, Dios mismo nos habla a través de la Biblia porque en ella está condensada la experiencia creyente de algo tan misterioso como es la revelación de Dios. Por eso necesitamos siempre al Espíritu: para acercarnos a esa Palabra y ser capaces de entablar un diálogo donde Dios habla y yo escucho y, a la vez, respondo, movido por la acción que provoca la misma Palabra.

Otro tema es el cómo está conformado este conjunto de libros. Habrás oído hablar de los famosos apócrifos, siempre rodeados de un tremendo halo de misterio e inquietante interpretación. En varios lugares de tu carta expresas tu preocupación, tus dudas, acerca de algunas cosas que has leído. Que si maquinaciones del Vaticano, que si secretos inconfesables, que si teorías conspiratorias… Yo creo que todo es más sencillo. Tanto los libros de la época del Antiguo Testamento, cuando empiezan a ser elegidos tras el destierro, como los libros del Nuevo Testamento, que son elegidos por las primeras comunidades, han pasado un filtro: el filtro de la comunidad de fe que los recibe, los lee, los acoge… y encuentra o no en ellos reflejada su experiencia de Dios. Es el canon de la fe el que establece el canon de la Escritura y un libro no es sagrado por sí mismo sino porque la comunidad creyente así lo reconoce.

[…] Continuará…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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