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Cuando los planes se caen…

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Hoy iba yo a una reunión con ilusión y con ganas de que algo esperado, se cumpliera. Salí decepcionado y, ciertamente, triste. Mis expectativas se vieron frustradas a los cinco minutos de comenzar. Aquello que yo esperaba, parece, que no puede ser.

Uno no sabe por qué a veces las cosas se tuercen y por qué suceden acontecimientos que nadie puede controlar que echan todo por tierra. Pero no vale darle muchas vueltas. Llegué a casa resignado, sabiendo que tocaba paciencia y espera, más de lo deseado.

Confío en que Dios me ayude y a que, pese a todo, abra puertas y ventanas para que, dada la situación, me dé luz y me muestre el camino por dónde transitar. Soy consciente, porque lo he experimentado, de que los planes que no salen, a veces, son germen de mayor riqueza y bendiciones. Así que vamos a esperar. Estoy seguro de que lo que hoy sabe soso, tal vez mañana, sin buscarlo ni pretenderlo, da gusto a mi día a día.

A ver si de una vez por todas nos concienciamos de que es bueno vivir sin muchas seguridades y estar dispuesto, como un río, a vadear rocas, tierras, raíces, desniveles y contratiempos. Sigo escuchando a hombres, mujeres, parejas… hablar de la vida, de la suya, como si todo pudiera ponerse en un planning y como si hubiera un nivel de seguridad permanente al que, una vez alcanzado, uno debe rendir pleitesía y plegarse antes de a cualquier otra cosa. Planificamos nuestros estudios, nuestros trabajos, la boda para cuando el contrato sea fijo, los hijos cuando ya hayamos viajado un poco, el dinero con el que en unos años podremos hacer esto o lo otro… Estar convencido de que se puede vivir así es, desde mi punto de vista, un planteamiento condenado al fracaso. Porque entonces, sin avisar, llega una enfermedad, un accidente, un despido, un gasto inesperado, una propuesta novedosa…

Vivir con un nivel bajo de seguridad puede dar vértigo al principio pero, a la postre, te hace mucho más libre. Uno reacciona, se adapta, reconsidera, reflexiona, recula, avanza, cambia de dirección… Y, sobre todo, uno confía en que el Guardián nunca duerma y le proteja y le guíe y le sostenga en la incertidumbre. Con Él, nada hay que pueda quitarnos la paz.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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