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Cinco lugares donde encontrar a Dios en verano

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Ha comenzado el verano en los países que estamos en el Hemisferio Norte. ¿Es el verano sinónimo de ausencia de Dios? ¡¡No!! He aquí cinco «lugares» donde encontrarle…

  • En el frescor de primera hora de la mañana. Según el día avanza, el calor tórrido hace aparición para no desaparecer, prácticamente, hasta bien entrada la noche. Pero esos primeros momentos, frescos, del incipiente amanecer, todavía incompleto, nos hablan de Dios, que es suavidad, caricia, frescor, luz que se asoma… ¿Por qué no orar un ratito en ese momento? ¿Por qué no levantarse temprano para degustar a Dios, que está a nuestro lado un día más?
  • En el desayuno compartido. Dios siempre se hace presente en la comunidad, en la familia. Dios mismo es familia, comunión de personas. No hay nada con un buen desayuno veraniego, sin prisas ni agobios. No hay nada como un despertar sin estrés, siendo consciente de lo bueno que es tener un nuevo día por delante, y de tener personas cercanas a las que amar.
  • En el rato de playa o piscina. El descanso y el ocio, y más si es en contacto con la naturaleza, es un espacio idóneo donde encontrar a Dios. La piscina y la playa son también lugares propicios para rezar un poco, tumbados en la toalla, para dar gracias por lo que tenemos, y por sentir el calor del sol y la fuerza de las aguas. Disfrutar de la creación, con responsabilidad, es en sí una magnífica plegaria.
  • En la lectura de un buen libro. El verano nos deja tiempo para lo que, tantas veces, no conseguimos llevar a cabo durante el año. Dejar a un lado el televisor, el ordenador, el ruido… y poder sentarse a disfrutar un buen libro es algo magnífico. En esa lectura, en ese silencio, nuestras entrañas se verán removidas, nuestras emociones movilizadas, nuestros pensamientos viajarán… y será un encuentro con todo aquello que nos habita. Poner ese silencio delante de Dios y presentarle lo que somos y lo que soñamos es algo imprescindible.
  • En cualquier iglesia, ermita o templo. Mucha gente deja de participar en la Eucaristía en verano o abandona la oración. Hacer el esfuerzo de, estemos donde estemos, buscar un lugar donde poder ir a misa, donde poder rezar… es signo de salud espiritual, de sed de Dios, de hambre de Aquel por quien me siento y me sé amado, de ganas de estar con Aquel por el que me juego la vida.
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