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¿Autonomía o dependencia? ¿Qué necesitan nuestros hijos?

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Debo ser un padre raro. Lo digo porque siempre he pensado que es maravilloso que mis hijos no me “necesiten”. A ver si me explico. No digo que no me necesiten como padre sino que, en el día a día, no me necesiten para llevar a cabo tareas que, como personas, aunque pequeñas, ellos son capaces de realizar por sí mismos. Y, además, que tampoco me necesiten en función de una dependencia malsana por la cual papá o mamá son imprescindibles para vivir.

Conozco familias donde se glorían de todo lo contrario. Estas familias presumen de ser una auténtica piña y de que los hijos, por ejemplo, no pueden quedarse solos o con otra persona en ninguna circunstancia y de que papá o mamá no pueden separarse de sus polluelos. No es mi caso.

Desde pequeños, mi mujer y yo hemos educado a nuestros hijos a valerse por sí mismos. Y lo de valerse por sí mismos no es simplemente el saberse duchar solos o ir solos al cole o cualquier otra acción “material” ; sino también a ser capaces de entenderse con sus silencios, sus dolores, sus desilusiones, sus creencias, sus expectativas, sus criterios, sus opiniones… a saberlas gestionar y compartir adecuadamente; a saberse relacionar con los demás, con ellos mismos y con Dios. No es fácil y desde luego el objetivo no es a corto plazo. No creo que esté conseguido porque quedan años por delante todavía pero estoy bastante satisfecho. No sé qué dirían ellos si les preguntáramos… aunque creo que ellos también.

Dotar de autonomía a nuestros hijos requiere cierta dosis de valentía y también de salud afectiva propia. ¡Claro que necesito que me hijos que me quieran! ¡Claro que quiero a mis hijos! ¡Claro que necesitamos los abrazos mutuos, las caricias, el tiempo compartido, las confidencias, las alegrías y las penas en familia…! ¡Claro que sí. Pero no deposito en ellos expectativas afectivas no cubiertas en mi “hacerme como persona”. No les utilizo para sanar mis heridas o para cubrir huecos que yo no he sabido llenar o curar. Eso me ha permitido no “necesitar” una relación de dependencia con ellos. La valentía se da por supuesta. Dotar de autonomía es ir a la contra hoy en día, en una sociedad sobreprotectora, que idolatra la instantaneidad, la seguridad, el bienestar y el placer y que denosta el error, el dolor, la lentitud y la inseguridad de no tener todo bajo control.

Asumir que nuestros hijos no están ni deben estar bajo nuestro control es algo que los padres debemos asumir cuanto antes. No son nuestros. No son ni nuestra propiedad, ni nuestros robots, ni nuestras fotocopias. Son otros. Sangre de nuestra sangre pero distintos a nosotros, gracias a Dios. Son únicos. Nos quieren. Nos necesitan mucho los primeros años de vida. Pero deben aprender a ser lo que ellos son.

Acompañar este camino no es fácil ni rápido. En él se dan pasos adelante y pasos atrás. Pero merece la pena. Se empieza con los detalles de los primeros meses y se va creciendo con su crecimiento. Que hagan lo que pueden hacer, que asuman responsabilidades de sus acciones, que tomen sus decisiones en los ámbitos que les corresponden, que estén suficientemente preparados para gestionar alguna pequeña dificultad, que hayan fallado alguna vez, que se hayan caído, que hayan perdido, que no hayan sido capaces, que hayan sido corregidos, que den la cara, que pidan perdón, que sepan afrontar el éxito, que sepan que en la vida existe la muerte y el dolor y la enfermedad y que no todo el mundo es bueno ni hace las cosas bien y que ellos deben elegir… Poco a poco, paso a paso… pero sin pausa. Si estamos cerca y ellos saben que nuestro amor es incondicional y permanente, se sentirán seguros. Adelante.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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