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A propósito de la terraza de Van Gogh…

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Uno de los cuadros que ostentan protagonismo en el salón de mi casa es “Terraza de café por la noche”, de Vincent van Gogh. Hace ya unos cuantos años que mi amiga Menchu me lo regaló en forma de gran lámina, que luego pequé en bastidor y barnicé adecuadamente para disfrutarlo en algún lugar relevante del hogar. Es, sin duda, una de mis obras pictóricas favoritas. Tal vez, como diría el otro, sea “muy yo”.

El caso es que hoy, haciendo un poco de oración nocturna, con una suave música de fondo, me fijaba en la imagen y pensaba que el paraíso debe ser algo así como esa terraza nocturna. Sin duda, mirándola, descubría en mí el deseo de estar sentado alrededor de una de esas redondas y blancas mesas, rodeado de aquellos a los que quiero y de otros que en vida no pude conocer. Mirar la oscuridad de lejos y recibir el calor sereno de la fachada principal del cielo.

No todo el mundo se acerca a la terraza. Hay transeúntes que caminan despacio por la empedrada y húmeda calle. Pasan de largo. Se dirigen, tal vez, a otros lugares donde recostar la cabeza. ¿Pero puede haber algún lugar más atrayente que esta feliz y llamativa terraza? Lo que está claro es que la terraza, igual que la salvación, está ahí, abierta, con todo dispuesto, con música ambiente y ambiente relajado… «opened» para todo aquel que decida sentarse y abandonar la fría noche de la ciudad. El camarero, servidor de todos en la terraza, no puede ni debe servir a aquellos que han decidido no participar del banquete luminoso de la noche estrellada.

El cielo también habla de Dios y las estrellas parecen marcarnos el camino. Son como esos hombres y mujeres que, cuando uno sale de noche de fiesta, le abordan en el camino para dirigirlos hacia el local al que representan. Estoy seguro de que los tristes peatones que caminan hacia la penumbra no han levantado su cabeza al cielo. Si la levantaran… ¡ay si la levantaran! ¡Descubrirían todo! ¡Darían la vuelta!

Yo quiero sentarme y tomarme un café para siempre en esa terraza. No quiero perdérmelo. Y no hay que estar muerto para ello. La decisión comienza hoy. Ha llegado la hora de ocupar mesa y de pedir la carta. ¡Camarero!

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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