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Ser guardianes

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En mi entorno, ellas son la mejor campaña de sensibilización de lo que es el «espectro autista». Son la mejor imagen de esa otra cara que en los últimos años se ha querido mostrar sobre estos niños y niñas, cada uno un mundo en sí mismo.

Con ellas he aprendido lo importante que es hablar mirando a los ojos, con dulzura y mensajes claros. Con ellas he visto emocionarse a «mi adolescente favorito» al ver como Mario, de 11 años, se encuentra cada tarde con su madre, al salir del colegio. Son optimistas, proactivas y peleonas. Siempre con una sonrisa en la cara a pesar de ser conscientes de que libran una batalla interminable.

La conclusión a la que yo he llegado es que sus hijos, que llegaron a este mundo con una dosis mayor de misterio que otros niños, han convertido a estas familias en especiales. Porque cuando la dificultad se convierte en oportunidad, solo hay lugar para el crecimiento personal y familiar. Como me dijo un día una de ellas cuando le pregunté cómo se planteaba el futuro de su hijo: «nuestra filosofía es la de trabajar, trabajar, y trabajar. No nos ponemos límites. Hasta donde podamos llegar».
Qué queréis que os diga. Para mí son una lección diaria. De los años en los que mis hijos han compartido aula con estos chicos, podría contaros mil y una anécdotas. Mi hija Irene, por ejemplo, dice que Mario es la persona que conoce que mejor abraza. Ángel saca de vez en cuando el tema de la pedagogía. Le parece interesante que haya profesionales dedicados a adaptar los conocimientos a personas con necesidades especiales. Quién sabe, si se está fraguando una vocación en esa dirección. Y Sara nos pide que todos celebremos los avances de su compañero Leo.
Pero no todo es ideal y bonito. No todas las familias salen reforzadas después del golpe que supone escuchar un diagnóstico en el que nunca habías pensado. Y en la escuela hay muchas dificultades. Los recursos que serían necesarios no siempre están al alcance y para el resto de niños no siempre es sencillo entender, por ejemplo, el porqué de una reacción que resulta extraña.  A pesar de todo ello, la convivencia diaria constituye una riqueza para todos; una asignatura que no siempre se refleja en los boletines, pero de la que yo, personalmente estoy muy orgullosa.
Este año el día a día de estos chicos se ha plasmado en «Los guardianes del Loreto». Este es el título del cortometraje con el que el colegio de mis hijos ha ganado por segundo año consecutivo uno de los Premios Madrimana, un ciclo de cine, con propuestas para todos los públicos cargadas de valores.
Los protagonistas son los chicos y chicas de las aulas T.E.A. (aulas específicas en las que los niños diagnosticados con algún trastorno del espectro autista reciben la atención especializada que necesitan, los alumnos alternan momentos en estas aulas con otros en la clase con el resto de chicos y chicas de su edad) y la idea principal del cortometraje es que todos podemos cuidar de un compañero, porque como dice el lema escogido por Madrimana este año, «tú eres un regalo».
Un lema sencillo, pero con mucha miga, que invita a todos a la acogida y a entender que el otro siempre es un don. Desde aquí mi felicitación a todos los que han hecho posible este trabajo. @amparolatre
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