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Mola sentarse a jugar

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En Madrid los niños llevan dos días sin colegio. Cosas del calendario escolar, que nos trae de locura a los padres, que por lo general sí tenemos que ir a trabajar.

Esto se traduce en que nosotros como pronto llegamos a casa a media tarde, fundidos después de nuestra jornada laboral, mientras los chiquillos están frescos como lechugas, descansados porque han dormido un rato extra y con el cuerpo pidiéndoles planes extraordinarios.
Anoche todo parecía indicar que el día acabaría como tantos otros en los que los niños no tienen cole y pueden acostarse más tarde. Es decir, viendo algo juntos en la televisión.
Ver cosas juntos es algo que nos encanta. Nos sirve para relajarnos después del día y para comentar un montón de cuestiones.
Pero ayer, como hacía frío, no habíamos salido a la calle y ya habíamos visto la tele un rato. Así que propuse -por aquello de no empantallarnos de nuevo- sacar uno de los juegos de mesa que trajeron los Reyes Magos, «Life».
Pasamos un rato buenísimo y nos reímos un montón.
El juego no es nada del otro mundo. Pero es entretenido y sencillo. Así que pudimos jugar los cinco.
A menudo escuchamos lo complicado que es sorprender o captar la atención de los niños de hoy. Lo escuchamos y lo compruebo a diario con mis propios hijos. Pero hay momentos como el de ayer que me demuestran que hay planes sencillos que funcionan y que es una suerte que sepamos dejar todo lo demás a un lado para sentarnos juntos en torno a una mesa a jugar, por poner un ejemplo, a «Life».
Esta tarde el juego seguía encima de la mesa cuando una amiga de mi hija mediana ha venido a casa a pasar la tarde. En ese instante «mi adolescente favorito» andaba trasteando con el móvil solo en su habitación, pero en cuanto ha escuchado que empezaba una partida lo ha dejado para sumarse al plan del comedor.
Me he alegrado, ha sido gratificante, diría que hasta relajante comprobar que no está la cosa tan mal. A los 5, a los 10 a los 13 años, pero también a los 42, sentarse a jugar con amigos es una experiencia mucho más interesante que otras. Los niños lo saben y actúan en consecuencia y eso es algo que los adultos debemos aprovechar. En lugar de preocuparnos tanto de la cantidad de tiempo que dedican a ponerse frente a una pantalla, ocupémonos de ofrecerles alternativas. No hace falta irse lejos, ni gastarse un dineral. Nos sorprenderá la cantidad de actividades que en su lista de apetencias figuran por delante de cualquiera de las cosas que pueden hacer con la táblet. Solo tenemos que ponerlas a su alcance y en muchos casos – claro está- supone también que nosotros silenciemos nuestro móvil. @amparolatre
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