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Las lecciones de Sara

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Sara lleva desde el lunes con fiebre alta, tos, mocos mogollón y lo que más le molesta, le lloran los ojos sin parar. Las tardes en estas condiciones son … digamos que complicadas, porque además de Sara y su fiebre están los deberes y las necesidades comunicativas y afectivas de los demás. Más los baños, la rodillera despegada y la caja de bombones que Irene tenía que llevar hoy al colegio porque celebra su cumpleaños con la clase.

Vamos, que ayer cuando recogí a los mayores del colegio a las cinco de la tarde suspiré profundamente para coger fuerzas. Pero nunca hay que agobiarse antes de tiempo.

En nuestra tarde, se cruzó una caja gigante que nuestros vecinos recién mudados iban a tirar.

“¿Nos la podemos llevar a casa mamí, por favor?”

Ante la carcajada de los recién llegados, no pude evitar complacer a nuestra peque mientras me daba cuenta de que la caja gigante, con quien Sara había tenido un flechazo desde el momento en que la vio, iba a salvarnos la tarde. Y así fue.

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Hasta la hora de cenar, Sara estuvo en la cocina trajinando con un bote de rotuladores y su caja convertida en “casa”, “barco” o “cohete”.

Me da que el problema va a ser deshacernos de ella.

Conclusión. A veces la vida se complica, pero muchas veces nos la complicamos nosotros.

Esta mañana al despertarse, por supuesto Sara se ha ido directa a la caja, para meterse y salir varias veces antes de, por fin, ir al colegio libre ya de virus.

La emoción de tener una caja gigante en casa me ha recordado una conversación con ella la semana pasada. Su amiga Julia le ha invitado a su cumpleaños y le dije que pensara un regalo para su amiga. “Algo que sepas tú que le va a gustar”, le dije. Y ahí quedó la cosa.

El día siguiente, estuvimos paseando por el Retiro y de repente corriendo hacia mí me dijo: “¡Ya lo tengo. Este palo vamos a regalarle a Julia. Le va a gustar mucho!”. Lástima que los adultos no dejemos a los niños llevar a delante estas iniciativas.

Pues lo dicho, nos complicamos la vida innecesariamente en tantos momentos…

Me gustaría que Sara pudiera llevarle el palo a Julia. Yo también creo que le va a gustar justo ese, de ese tamaño y ese color. @amparolatre

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