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La espontaneidad y los niños

© Bessi
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Si se pusieran multas «por espontaneidad», a mí me ponían una, pero de las gordas.

Con Sara, las idas y venidas al colegio en transporte público son un sinvivir. Nos exponemos cada día a que alguien nos mande a la porra, aunque de momento, en honor a la verdad tengo que decir, que solo nos hemos encontrado con sonrisas.
Sara tiene tres años y cada día cuando sube en el metro o en el autobús experimenta una especie de subidón comunicativo aderezado con esa especie de detector de verrugas, cicatrices y demás «peculiaridades». En los últimos meses he aprendido a meterme en su piel y en cuento subo a autobús hago un rápido barrido visual para alejarme de aquellas personas que pueden llamar su atención, pero da igual.
niños saludando
© Bessi
En cuanto nos ubicamos, Sara ataca y yo empiezo a sudar. La conversación siempre empieza del mismo modo:
– «¿Y tú cómo te llamas?»
– «¿Sabes que tengo una prima que se llama Queralt y que es pecioza?».
Y tenemos varias variantes para continuar:
Opción A: «¿Eres abuela? ¿Me enseñas fotos del móvil (de los nietos, se entiende)?».
Opción B: «¿Qué es eso tan feo que tienes en la cara? ¿Te duele? ¿No te lo pueden quitar?».
En cualquiera de los dos casos yo pongo sonrisa forzada y … a rezar para lleguemos pronto a nuestro destino. Qué le vamos a hacer.
Llevo tiempo contándole a mi marido que Sara está totalmente desnhibida en estas situaciones. Hasta hace unos días creo que en el fondo pensaba que yo exageraba un poco, pero el sábado, como os contaba en el último post, se la llevó al teatro a ver «El mago de Oz». Nuestra peque estaba un poco preocupada con la presencia de las brujas en la obra, y mi marido, para tranquilizarla, le dijo que como eran pocos actores a lo mejor la bruja no aparecía. Típica contestación absurda desde la perspectiva de adulto, que por supuesto no tranquilizó, ni un poco, a Sara. Y pasó lo que tenía que pasar:
– «Hola guapa».
– «Hola. Me voy a ver El mago de Oz con papá. Necesitamos una bruja».
Afortunadamente en este caso me libré del bochorno. Hoy le ha dado por preguntar las profesiones a todo el mundo y visto lo visto, me parece buen tema de conversación. Mucho más inofensivo que otros.
En fin, situaciones que constituyen un clásico en el día a día de cualquier padre con niños y que son fruto de esa espontaneidad, tan arriesgada como agradecida para hacerlos olvidar nuestras preocupaciones y sacarnos una sonrisa. @amparolatre
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