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Educar la mirada

© Marg
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Normalmente escribo sobre lo que me llama la atención, aquello que me saca una sonrisa o algo que me hace pensar. Pero hoy mi hijo Ángel me ha contado una historia y me ha dicho: «deberías contarlo en tu blog».

Y el caso es que no sé por donde empezar porque el meollo de la historia tiene su origen en una conversación con su padre que se produjo hace un par de días. Mientras iban a comprar Ángel le pidió que le explicara «de qué va» la asignatura que él imparte. Son más bien varias, pero todas relacionadas con la Ética y la deontología profesional, así que el asunto es de todo menos ligerito.

pareja mirándose a los ojos
© Marg

Su padre podría haber tirado de manual y decirle que la ética es la disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con el comportamiento humano, pero le devolvió la pregunta para hacerle pensar, que es de lo que se trata.

  • ¿Qué hay en la puerta de un supermercado?

Ángel después de dudar un poco, soltó la respuesta «correcta»: una persona pidiendo. Eso es: hay una persona. La pregunta debería haber sido ¿quién hay en la puerta? Es un quién no es un qué, pero plantearlo así hubiera sido darle demasiadas pistas.

La ética es una manera concreta de mirar el mundo, que te interpela y te lleva a actuar también de una determinada manera. Un hábito que se adquiere, a fuerza de músculo moral, y que consiste, nada más y nada menos, que en decidir bien.

Cuando mi marido me cuenta estas situaciones me siento muy afortunada de poder compartir con él la educación de nuestros hijos. Yo sería incapaz de hacerle a Ángel una reflexión así. Conste en acta que yo le hago muchas otras, pero qué duda cabe que las conversaciones con su padre tienen un toque especial.

Pues bien, esta mañana Ángel se ha dio él solo a comprar (algo que a su edad le encanta hacer porque puede hacerlo solo y le hace sentir útil) y a la vuelta me ha contado que el chico que estaba en la puerta de la tienda con el dinero que le dan compra comida para los que están peor que él. A Ángel le llama la atención la actitud de este chico nigeriano, que siempre sonríe y que siempre habla con él amablemente. Poco a poco va conociendo su historia porque siempre intercambian alguna palabra. A él que sufre el mal de los chicos de su tiempo (tienen mucho más de lo que necesitan y no siempre saber ser agradecidos con lo que la vida les da) la actitud de esta persona le ha impresionado.

La historia nos ha puesto en bandeja la posibilidad de retomar la conversación sobre la ética y hemos decidido dar un paso más. El reto no es tanto saber distinguir lo que está bien y lo que está mal, sino entrenarnos en el hábito de decidir correctamente.

Uf. Complicado, también para los mayores. Pero está bien tener el ideal en mente, para ir avanzando en la dirección que pensamos que es la mejor. @amparolatre

 

 

 

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