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Primer campamento del verano

CAMP
Oksana Shufrych - Shutterstock
2.¿Cuál es el espíritu del campamento?

Existen muchos campamentos disponibles con cualquier número de temas, actividades, etc. Como padres, es importe conocer bien la “personalidad” del campamento  al que enviaréis a vuestros hijos y aseguraros que allí les transmitirán los valores con los que vosotros queréis educarles.

Además, convendría comprobar también si realizarán actividades que consideran fundamentales en la educación de vuestros hijos, como por ejemplo, asistir a la Misa dominical o dedicar un tiempo diario a la oración.

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Cuando los niños van porque quieren y sin que nadie les presione, los campamentos son una experiencia fantástica. Lo eran cuando yo era pequeña y lo siguen siendo ahora.

A pesar de todos los cambios que ha habido entre una época y otra, hay cosas que serán idénticas por los siglos de los siglos.

Mi mediana llegó ayer de un mini campamento de 5 días con algunos compañeros del colegio. Llegó con los labios cortadísimos y el pelo resucio, pero su abrazo al llegar me supo a gloria.

Irene, que tiene 11 años, llegó feliz como una perdiz y un pelín revuelta a nivel existencial. En la primera entrega de anécdotas y sensaciones me recordó a mí misma, que a su edad ya era adicta a lo que entonces llamábamos «colonias de verano».

Siempre llegaba con una lista eterna de direcciones y números de teléfono y lo primero que hacía, una vez vaciaba la maleta, era llevar a revelar el carrete de fotos. Qué tiempos.

El resto del verano estaba marcado  por las cartas que enviaba y que recibía y por alguna llamada, muy de vez en cuando, que nuestros padres nos dejaban hacer a los nuevos amigos. En este sentido nada que ver con lo que sucede ahora.

Pero como decía, la esencia es la misma. Sentir la libertad y la autonomía que experimentas al estar fuera de casa y darte cuenta de que puedes con la soledad en medio de la noche, con la alergia, con la ducha, la ropa y la litera… no tiene precio.

Si además te ponen en bandeja ver atardecer en plena naturaleza, jugar hasta no poder más y fuegos de campamento alrededor de una hoguera, la cosa no puede ser sino emocionante.

Además de los juegos, las marchas y las gymkanas hay campamentos que prestan atención a la parte espiritual y consiguen que niños de todas las edades, en plena naturaleza buceen en su interior. En mi caso, fue en estas experiencias estivales donde más tiempo dediqué a pensar en torno a grandes preguntas como la vocación, donde me fijé en gente joven entregada y llena de valores que a mí me parecía especial porque encarnaban un estilo de vida que me atraía como un imán. Anoche me hizo gracia escuchar a mi mediana hablar de todo esto. Cosas concretas me ha contado pocas, pero ha descrito a la perfección las sensaciones que ha tenido estos días. Intensas e idénticas a las que yo vivía a su edad.

Hoy me siento agradecida a todas las personas que han hecho posible este campamento, detrás del cual está la familia Spínola, que pone el acento en formar el corazón. En medio de tanto ruido y del «no parar» ante el que intento rebelarme cada día , estos campamentos muestran año tras año que constituyen un contexto privilegiado para educar a niños y jóvenes.

Han pasado muchos años -ya no soy tan joven- de mis colonias en Benasal, Lucena o Segorbe, pero escuchar a mi hija me ha recordado a monitores como José Miguel o María José, que en aquellos años se convirtieron en auténticos referentes en mi vida. La vida sigue y la historia, afortunadamente se repite. En este caso creo que es una buena señal. @amparolatre

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