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Becarios

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Los hay que saludan educadamente y los hay que pasan de largo. Los hay serios y sonrientes; preparados o verdes como una lechuga.

Son los becarios y llegan un año más a mi trabajo -y a otros muchos- para acompañarnos durante unos meses.

A mí me gusta fijarme en ellos y observar las diferentes maneras que tenemos las personas de llegar a un sitio, de mostrarnos o de sumarnos al trabajo en equipo. Qué diferentes somos, también los profesionales anfitriones. Entre mis propios compañeros descubro a quienes les gusta enseñar y a quienes no les hace mucha gracia; hay quienes muestran indiferencia ante los ojos abiertos como platos de pura inseguridad o nerviosismo y quien es capaz solo con un gesto o una mano en el hombro de quitar un peso de encima al que está empezando.

Cuando les cuento cosas de mi trabajo, la llegada de chicos y chicas jóvenes a mis hijos siempre les llama la atención y por estas fechas hay días que me piden que les hable de ellos. Quieren saber quién me cae mejor, quién hace un buen trabajo y si hemos tenido que llamar la atención a alguien.

Yo, por supuesto sin inventarme nada, intento poner el acento en mensajes que me interesa hacerles llegar y que en este contexto entienden mejor. Hace unos días les hablaba de lo evidente que es el talento y de lo importante que es acompañarlo de trabajo bien hecho, porque de lo contrario lo que queda patente es la poca capacidad para asumir responsabilidad. Solo con el talento podemos impresionar a corto plazo, pero no llegaremos muy lejos.

En una profesión con mucho ego y donde parece que se premia ser un puntito irreverente, quiero que sepan que su madre agradece la buena educación, la humildad para aceptar consejos y la discreción en lo que hacemos y decimos -también en cómo vestimos-.

Para mí siempre es una experiencia positiva tener cerca a gente con ganas de aprender, que me recuerdan que con ilusión todo sale mejor. En cualquier trabajo corremos el riesgo de caer en el bucle de sobrevivir con el mínimo esfuerzo.  Y ellos, cuando llegan con ganas, son una buena medicina para vencer esa tendencia a la comodidad que todos tenemos. Una de las cosas que más disfruto es poder entrenar mi capacidad para alentar y alimentar una vocación.

Acaban de llegar y nos quedan todavía semanas por delante para ver cómo crecen, mientras aceptamos el reto de exponernos junto a ellos y mostramos sin ningún tipo de problema, que todos tenemos mucho que aprender. @amparolatre

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