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Atropelladas

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En medio de la rutina, de las prisas, de los días de «sota, caballo y rey» en los que, como mucho logramos hacer frente a los imprevistos fáciles con los que nuestros hijos nos reciben a eso de las 5 de la tarde (véase un cumpleaños inesperado, comprar un pañuelo rojo o un saco de tierra para una actividad del colegio o deshacer un nudo en el alma, porque así es la vida)… en medio de todo ello he logrado sumarme a un proyecto que me hace mucha ilusión. 

Me siento orgullosísima de haber dado el paso y de haber podido organizarme.
¿Habéis visto la película «Canta»? ¿Recordáis esa escena en la que la «mamá cerdita» prepara una especie de efecto dominó para dejarlo todo preparado y poderse ir a hacer algo que le pide el corazón? Así me sentía yo ayer a la hora de salir de casa -salvando las distancias con «Rosita», que en la película tiene 25 hijos y un marido con el que apenas podía contar para nada-.
En cualquier caso, lo importante es que salí, que llegué a tiempo a mi cita con «Atropelladas», nombre con el que hemos bautizado el grupo y que nos viene como anillo al dedo a este grupo de mujeres.
Esposas y madres, por este orden; ocupadísimas, pero con ganas no de hacer más cosas, sino de ser mejores. Con la intención de responder con más tino a nuestra vocación y también de crecer en la fe. Con estas inquietudes metidas muy adentro, una docena de mujeres «atropelladas» nos hemos puesto en camino gracias a la oportunidad que nos da el colegio de nuestros hijos a los padres de los que acaban de tomar la Primera Comunión.
Que se prepare nuestro entorno porque si con las pilas a medias damos guerra, cuando atendemos las grandes cuestiones y alimentamos nuestra sensibilidad… no hay quien nos pare.
Gracias a cada una de vosotras por hacer lo imposible y acudir a la cita, por dejaros interpelar por la Biblia y por compartir lo que se removía en vuestro interior. Gracias al sacerdote y a la religiosa que nos acompañan. Ojalá en estos foros hubiera más hombres. El debate sería más rico. Qué le vamos a hacer.
Un poco antes de encontrarme con vosotras me decía alguien a quien quiero mucho que ellos envejecen peor que nosotras. Es difícil generalizar, pero me temo que algo de esto hay. Después de la última reunión de «Atropelladas» me pregunto si no será, en parte, porque nosotras tenemos más facilidad para hacer comunidad, para compartir lo que nos preocupa y también aquello en lo que encontramos aliento. Es preciso que esta actitud repercuta positivamente en la salud.
Aunque nos conocemos desde hace años, acabamos de comenzar una aventura nueva juntas, no sé si os habéis dado cuenta. Mi vida es un atropello continuo, pero hoy estoy muy contenta. @amparolatre
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