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El profundo simbolismo de Jesús y la mujer del pozo

Jesus and the Samaritan woman
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Philip Kosloski - publicado el 26/03/25
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San Agustín ofrece este comentario que puede ayudarnos a comprender parte del simbolismo de cuando Jesús se encuentra con la mujer junto al pozo

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Cada episodio de la vida de Jesús tiene un simbolismo distinto y muchas capas de significado; algunas son más evidentes que otras. La conversación de Jesús con la mujer junto al pozo es uno de esos acontecimientos que nos enseñan una serie de verdades espirituales.

Es cierto que, a primera vista, había una mujer junto al pozo y que las palabras de Jesús iban dirigidas a ella.

Sin embargo, ese no es el único significado, ya que san Juan se aseguró de escribirlo para nuestro propio beneficio, habiendo sido inspirado por el Espíritu Santo para hacerlo.

La mujer en el pozo

Esta interpretación procede del comentario de san Agustín al Evangelio de san Juan. En él, san Agustín comienza explicando cómo la mujer representa a la Iglesia:

"Vino una mujer. Ella es un símbolo de la Iglesia que aún no ha sido hecha justa. De la conversación resulta la justicia. Vino en la ignorancia, encontró a Cristo y Él entabló conversación con ella. Veamos de qué se trata, veamos por qué vino una samaritana a sacar agua. Los samaritanos no formaban parte del pueblo judío: eran extranjeros. El hecho de que viniera de un pueblo extranjero forma parte del significado simbólico, porque ella es un símbolo de la Iglesia. La Iglesia debía proceder de los gentiles, de una raza distinta a la de los judíos".

De este modo podemos identificarnos con la mujer, ya que la mayoría de nosotros no procedemos del pueblo judío y somos "extranjeros".

Finalmente, Jesús no solo pide agua, sino que promete agua a la mujer. San Agustín cree que, en esa acción, debemos reconocer que Cristo nos ofrece agua, no agua física, sino el Espíritu Santo.

"Prometía el Espíritu Santo en abundancia satisfactoria. Ella aún no lo entendía. Al no comprender lo que quería decir, ¿cuál fue su respuesta? La mujer le dice Maestro, dame de beber, para que no sienta sed ni venga aquí a sacar agua. Su necesidad la obligaba a esta labor, su debilidad la rehuía. Si pudiera oír estas palabras Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Jesús le decía esto para que sus fatigas terminaran; pero ella aún no era capaz de comprender".

Situarnos en la historia

Una forma de dar vida a este pasaje de la Escritura es poniéndonos en el lugar de la mujer de la historia.

Podemos hacerlo dejando de hacer lo que estamos haciendo e imaginándonos dentro de la historia y que Jesús se acerca a nosotros en el pozo.

Nos ofrece el agua vivificante del Espíritu Santo, prometiéndonos que nunca más volveremos a tener sed.

La gran pregunta siempre es: "¿La aceptamos?"

La próxima vez que leas o escuches este pasaje, considera cómo te está hablando Jesús e intenta responder a su amorosa invitación.

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