Campaña de Cuaresma 2025
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Cada vez que vamos a acercarnos al sacramento de la Reconciliación, sabemos que hay que seguir algunos pasos para que nuestra confesión sea efectiva, tal como lo aprendimos de niños en las clases de catequesis. Uno de ellos es el propósito de enmienda, del que hablaremos en seguida.
El Catecismo de la Iglesia católica indica cómo es esa estructura que se consolidó con los años:
"A través de los cambios que la disciplina y la celebración de este sacramento han experimentado a lo largo de los siglos, se descubre una misma estructura fundamental. Comprende dos elementos igualmente esenciales: por una parte, los actos del hombre que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, a saber, la contrición, la confesión de los pecados y la satisfacción [...]"
Y por otro lado, lo que corresponde a la acción de Dios por el ministerio de la Iglesia, en el que los presbíteros y obispos actúan:
"[...] la Iglesia, en nombre de Jesucristo, concede el perdón de los pecados, determina la modalidad de la satisfacción, ora también por el pecador y hace penitencia con él".
A nosotros nos lo enseñaron de manera sencilla:
- Examen de conciencia
- Dolor de los pecados (arrepentimiento)
- Propósito de enmienda
- Confesión al sacerdote
- Cumplir la penitencia
El dolor de los pecados
Cuando cometemos una falta, ya sea grave o no, la conciencia nos reprocha y nos alienta a buscar el perdón de Dios, porque sabemos que lo hemos ofendido.
Por eso, se le llama dolor de los pecados, lo que nos lleva a la contrición, tal como lo marca el Catecismo de la Iglesia católica.
"Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es 'un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar' (Concilio de Trento: DS 1676)". (CEC 1451 )
Propósito de enmienda
Una vez detestado el pecado, el paso siguiente es la resolución firme de no volver a pecar. Esta actitud es la que llamamos "propósito de enmienda", es decir, decidimos no cometer el pecado del que nos estamos arrepintiendo.
Y aunque suena simple, es bastante difícil realizarlo, porque sabemos que nuestra debilidad nos traiciona y nos hace caer una y otra vez en la misma falta.
Por eso es necesario ejercitar la voluntad y tener claro que es lo que debemos hacer diferente para no tropezar de nuevo, solo así estaremos seguros de que en verdad estamos actuando para eliminar de nuestra vida el pecado que tanto nos hace ofender a Dios.
Siendo conscientes de nuestro vicio, cuidemos nuestra salud espiritual evitando las ocasiones de pecado y confesándonos con más frecuencia, de este modo, en algún momento venceremos y la tentación desaparecerá.


