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De México a Japón: un sacerdote entregado a la misión

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Los once Misioneros de Guadalupe de Japón. Cortesía: P. Antonio Camacho Muñoz MG

Mónica Muñoz - publicado el 16/12/23

Vivir en un país extraño es difícil y lo es más cuando la minoría es católica, sin embargo, hay mucho que aprender de los hermanos japoneses

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El P. Antonio Camacho Muñoz, Misionero de Guadalupe, cuenta su experiencia viviendo en el lejano Japón, país distinto a su natal México en todos los aspectos: comida, costumbres, horarios. Sin embargo, siempre fue su sueño dedicar su vida a esta misión, en donde pronto cumplirá ocho años, aunque anteriormente ya había vivido ahí, y donde permanecerá el resto de sus días.

Con una diferencia de 15 horas, Aleteia platicó con el sacerdote para conocer cómo es su vida en Japón.

Un poco de historia

Comienza contando que Japón es una cultura religiosa, pero no cristiana. En un país de 126 millones, los cristianos son una minoría que no llega al medio millón y que comenzó su evangelización con san Francisco Javier (1549), y después de la persecución (1583 a 1873), hubo un silencio hasta que nuevamente despertó el cristianismo hace unos cien años, por lo que realmente es nuevo.

En cuanto a la Virgen de Guadalupe, el sacerdote comenta que es prácticamente desconocida, primero, porque nadie se las ha presentado, y segundo, porque Japón estaba cerrado al mundo. Cuando se reabre, quienes llegaron a evangelizar fueron misioneros de París, que llevaban la advocación de Nuestra Señora de Lourdes, y que, prácticamente, hay una imagen de Ella en todas las iglesias de Japón.

Es hasta que llegan algunos misioneros mexicanos, «entre ellos, nosotros, que empezamos a compartir que también existe la Virgen Guadalupe, algo desconocido para los católicos», explica el padre Camacho. Menciona que hay una aparición en Akita, aun no reconocida, y que es lo más cercano a ellos.

Aclara que los misioneros claretianos tienen la única parroquia dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe en Osaka, donde se celebra en grande la fiesta y que la han dado mucho a conocer en ese lugar.

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Padre Antonio Camacho en su parroquia

Diferencias en la cultura

Actualmente, para el misionero no ha sido complicado adaptarse a la cultura. Fue al inicio, como todo, cuando se enfrentó a la dificultad del idioma, alimentos, costumbres, tradiciones, orden, disciplina, manera de ver el mundo, que «ciertamente, es muy diferente a la nuestra, y cuando viene uno de turista la gente lo entiende, pero cuando uno vive aquí ellos quieren que uno actúe, que se mueva como uno de ellos», puntualiza.

Para el padre, eso es muy bueno porque ayuda a entrar en comunicación con ellos, con quienes tienen que integrarse en todo. Lo misioneros de Guadalupe sostienen una manera especial de inculturar el Evangelio y es enviando a los seminaristas a estudiar Teología a Japón, en idioma japonés y con los seminaristas japoneses, destaca, por eso cuando son sacerdotes pueden entrar más fácil con la comunidad japonesa; es decir, con los no católicos.

Lo más difícil: el diálogo con los no católicos

Añade el sacerdote que lo más difícil a enfrentar es, primero, el diálogo con las otras religiones, y después con la gente no católica, la que no ha sido bautizada, que es precisamente la misión Ad Gentes. Expone que hay una presencia muy positiva de la Iglesia católica a través de la educación, lo que les ha ayudado a estar presentes en otros ambientes. «Aquí hay que salir», enfatiza el padre.

También comparte que hay 15 diócesis; es decir, 15 obispos, pocos sacerdotes y escasez de vocaciones. Cada sacerdote se encarga hasta de ocho parroquias con sus comunidades. A veces tienen que invertir varias horas para trasladarse de una comunidad a otra para atender a algunas decenas de fieles. Sin embargo, hay personas que quieren conocer el Evangelio, y es donde entra la parte misionera.

Su misión en Meguro, Tokio

En las ciudades más grandes es diferente, ahí se atiende, incluso, a migrantes. En su parroquia de Meguro, en Tokio, el padre Camacho celebra siete Misas entre sábado y domingo, en diferentes idiomas: filipino, indonesio, inglés, japonés y, a veces, en coreano. Además, pertenece a la asamblea del vecindario, que no son católicos, donde cada dos meses tiene la oportunidad de dar a conocer el mensaje de Cristo, porque comparte lo que se realiza en la Iglesia.

Otra forma de acercarse es dando clases de Biblia a los que no son cristianos en el centro cultural de Meguro. Algunos pasan al curso de catecúmenos. Comenta que ahora tiene 15 que se bautizarán en la Pascua próxima. Es una forma de no estar encerrados en la iglesia, y, afirma «Hay que ir al encuentro de estas personas».

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Un sento, baño público japonés

Entrar en su cultura

Y un dato curioso: hay otras maneras de entrar en contacto, por ejemplo, ingresar al «onsen» o «sento«, los baños públicos, que son de lo más común, y que los hay para hombres y mujeres. Platica el padre:

«Uno entra a esos lugares desnudo y entra en contacto con gente, y empieza uno a conocerse, a preguntar ‘quién eres, de dónde vienes, qué haces’ y es una manera también de evangelizar porque, de hecho, dos de ellos han venido a la iglesia para conocerla y ver si les llama la atención. Son oportunidades que uno tiene que ir aprendiendo desde la cultura y la tradición de la manera como ellos lo ven para poderlos llevar a este encuentro con Cristo».

Aprender de los japoneses para re-evangelizar a los mexicanos

Para concluir, el padre Camacho agrega que hay mucho que aprovechar para re-evangelizar a los mexicanos. «Cuando he podido ir a México, ayudo en mi parroquia» y lo primero que hace, es comenzar puntual. Si la Misa es a las siete, a esa hora inicia, ante el reclamo de las personas que van llegando hasta 20 minutos tarde. «En Japón se respetan los horarios por respetar a las personas».

Eso ayuda mucho a tener un orden en las actividades y en la vida. «Más que programar te ayuda a conformar esa actitud de respeto y de servicio a los demás».

«Segundo: la organización. Aquí (Japón), por cultura, se planea con un año de anticipación todo», las bodas se programan, mínimo, con seis meses de anticipación. Dice que hay que romper paradigmas y dejar de pensar en que las cosas se hacen solo porque todos son así. «La gente sabe que es para dar un mejor servicio y tener una mejor atención para ellos».

Y por último: tener respeto por el lugar de culto, «si vas a Misa, no vas a estar platicando o con el celular. Eso ayudaría mucho en México para ubicarnos en el centro de nuestra vida, que es la Eucaristía», algo que en Japón tienen muy claro. Por eso la gente está encantada con la Hora Santa, aportación de México para los japoneses. «Se puede aprender de las dos partes», finaliza.

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