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¿Paralizado en la vida, sin deseos? El Papa te da 5 consejos para cambiar

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ANDREAS SOLARO | AFP

Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 12/10/22

En la audiencia general, el papa Francisco prosigue con sus catequesis sobre el discernimiento y advierte que las quejas en la vida «son un veneno para el alma»

«Una persona que nunca desea es una persona inmóvil, quizás enferma, casi muerta». El deseo «es la brújula» para saber qué es lo que se quiere hacer con la propia vida, dijo el Papa Francisco durante la audiencia general del 12 de octubre de 2022.

Francisco subrayó hoy que un «ingrediente» indispensable en el arte del discernimiento (saber leer el alfabeto del corazón) es el deseo, luego de explicar en las catequesis anteriores otros aspectos del discernimiento: la oración y el conocimiento de sí.

En esta catequesis, el Papa comparó a las personas que no saben desear al paralítico del Evangelio (Mc 10,51). Indicando que «muchas personas sufren porque no saben lo que quieren en su propia vida». «¿Qué quieres hacer con tu vida?».

¿Pero cómo es posible reconocer el deseo que habita en nuestro corazón puesto allí por Dios? A continuación, 5 claves propuestas por el Papa para discernir sobre el deseo:

1Desear, es hacer brillar nuestra estrella

El término «deseo«, en la raíz, es una nostalgia de plenitud que no encuentra nunca plena satisfacción, y es el signo de la presencia de Dios en nosotros, explicó el Papa. 

El deseo no son las ganas del momento. De hecho, lo explica literalmente «la falta de la estrella«, usando la palabra italiana que viene de un término latín muy hermoso, de-sidus, señaló.

El deseo – definido por el Papa – es como un «punto de referencia que orienta el camino de la vida; esta evoca un sufrimiento, una carencia,y al mismo tiempo una tensión para alcanzar el bien que falta». El deseo entonces es la brújula para entender dónde me encuentro y dónde estoy yendo.

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2Un deseo, toca las cuerdas de nuestro ser

«Un deseo sincero sabe tocar en profundidad las cuerdas de nuestro ser, por eso no se apaga frente a las dificultades o a los contratiempos». 

El Papa lo compara a «cuando tenemos sed». Esto significa estar dispuesto «a hacer cualquier sacrificio» para apaciguar el deseo, casi como una obsesión.

«Obstáculos y fracasos no sofocan el deseo, al contrario, lo hacen todavía más vivo en nosotros.

A diferencia de las ganas o de la emoción del momento, el deseo dura en el tiempo, un tiempo también largo, y tiende a concretizarse».

Francisco indica que el «deseo te hace fuerte, te hace valiente, te hace ir siempre hacia adelante, porque quieres llegar: ‘Yo deseo esto’.»

En efecto, «como alguno dijo, «más que ser bueno es importante tener las ganas de serlo». 

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3El deseo, te saca de la parálisis

El Papa recuerda la pedagogía de la pregunta usada por Jesús antes de realizar algún milagro en la vida de una persona, pues a menudo Él pregunta a la persona sobre su deseo: ¿Quieres curarte? (Jn 5,6). Aunque si parecería algo obvio.

Rememoró que las personas sin deseos en la vida, se parecen al paralítico que Jesús encuentra en la piscina de Betesda (Jn 5,6). Esto porque «la respuesta del paralítico revela una serie de resistencias extrañas a la sanación».

¿Quieres curarte? «La pregunta de Jesús era una invitación a aclarar su corazón, para acoger un posible salto de calidad: no pensar más en sí mismo y en la propia vida “de paralítico”, transportado por otros».

El Pontífice indicó que asombrosamente el hombre en la camilla «no parece convencido». Entonces, invita a dialogar «con el Señor», pues es así que «aprendemos a entender qué queremos realmente de nuestra vida».

Por eso, señaló que este paralítico es el ejemplo típico de la persona paralizada, sin deseos. Y explicó que el mal convive en la indecisión: «hay ‘gente que quiere y no quiere’». «Es difícil esto. Este enfermo estuvo 38 años lamentándose» El paralítico – explicó – se lamentaba y se lamentaba, sin desear salir realmente de su condición.

4Desear, y dejar las quejas, pues son un veneno para el alma

De esta manara, advirtió: «Las quejas son un veneno: un veneno para el alma, un veneno para la vida, porque no te hacen crecer el deseo de seguir adelante».

«¡Cuidado con las quejas! Cuando los cónyuges se quejan entre sí, los hijos a los padres, y luego los obispos sobre tantas otras cosas… Si te encuentras con quejas, ten cuidado: es casi un pecado, porque no hace crecer el deseo».

«A menudo, es precisamente el deseo lo que marca la diferencia entre un proyecto exitoso, coherente y duradero, y los miles de deseos y buenas intenciones con los que, como se dice, ‘está empedrado el infierno‘».

La época en la que vivimos – sostuvo- parece favorecer la máxima libertad de elección, pero al mismo tiempo atrofia el deseo, reducido en su mayoría al deseo del momento».

Por tanto, invitó a estar atentos para que no se «atrofie el deseo». «Estamos bombardeados con mil propuestas, proyectos, posibilidades, que corren el riesgo de distraernos y no permitirnos evaluar con calma lo que realmente queremos».  

Entonces, exhortó a observar a los jóvenes que buscan y miran casi obsesivamente con el teléfono móvil en la mano. «Pero, ¿tú te has parado a pensar? Ensimismados. No puede crecer así el deseo, si vives en el momento, eres saciado en el momento y no crece el deseo». 

«De ahí el riesgo de pasar la existencia entre intentos y expedientes de diversa índole, sin llegar nunca a ninguna parte, y desperdiciando preciosas oportunidades.

Y así, ciertos cambios, aunque deseados en teoría, cuando surge la oportunidad nunca se realizan cuando llega la ocasión. Falta ese deseo fuerte de llegar al realizarlo».

5Responde al Señor: “¿Qué quieres que haga por ti?”

«Si el Señor nos hiciera hoy la pregunta que le hizo al ciego de Jericó: «¿Qué quieres que haga por ti?» (Mc 10,51), Pensemos, ¿qué responderíamos?

Tal vez, podríamos finalmente pedirle que nos ayude a conocer el profundo deseo de Él, que Dios mismo ha puesto en nuestros corazones».

El Papa insistió: «¡Señor que yo conozca mis deseos! ¡Señor que yo sea un hombre o una mujer de grandes deseos! Y tal vez el Señor te dé la fuerza para realizarlo.

«Es una gracia inmensa, en la base de todas las demás: consentir al Señor, como en el Evangelio, de hacer milagros por nosotros. Señor danos el deseo y hazlo crecer», concluyó.

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