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El miedo a sentirse feos

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La belleza física llega a ser una preocupación excesiva para muchas personas.

Guillermo Dellamary - publicado el 29/08/22

Son muchos los jóvenes, e incluso adultos, que se llegan a sentir feos en una sociedad que tiende a sobrevalorar la belleza física. El psicólogo Guillermo Dellamary explica cuál ha de ser nuestra actitud ante este fenómeno social y cultural

Son muchos los jóvenes, e incluso adultos, que se llegan a sentir feos, en una sociedad que tiende a sobrevalorar la belleza física.

El drama puede llegar a ser tan grave, que afecta a la autoestima y el desenvolvimiento social, por sentir que la «gente bonita» tiene más éxito y aceptación que ellos.

Estamos ante un fenómeno social muy complejo y de grandes proporciones, que se ha incrementado por el afán de lucir bellos. Sea el maquillaje, los cortes de cabello, las prendas de vestir, la joyería y todo tipo de atuendos de lujo, que hacen aparecer más atractiva a una persona a la mirada de los demás.

Gustavo Pietropolli, un clínico que ha estudiado los procesos evolutivos de los adolescentes, ha puesto el dedo en la llaga sobre este asunto tan delicado al hacernos reflexionar sobre la relación que tenemos con nuestro cuerpo y el tremendo miedo a sentirse una persona fea.

El problema se agudiza en los jóvenes

Sobre todo los jóvenes ponen demasiado énfasis en la apariencia y pueden llegar a ser unos críticos muy severos de sus propios compañeros. Tanto los rasgos faciales, el color de la piel o de los ojos, o bien los orígenes étnicos, pueden ser objeto de la burla o la devaluación de una persona hasta hacerlo sentir verdaderamente muy mal.

Ahora que han aumentado los índices de obesidad y se tiene que lograr tener un cuerpo muy «atlético», aquellos y aquellas que no cumplen esos ideales se pueden llegar a sentir muy mal por el tipo de cuerpo que tienen, hasta el punto de ser capaces de llegar a los trastornos alimenticios, como la bulimia y la anoxeria, entre otros. O de plano uno se convierte en adicto a los gimnasios y a todo tipo de actividades físicas, con tal de alcanzar a tener un cuerpo atractivo, admirado y aprobado por los demás.

No «cumplen» los dictados

Se sienten feos o mal en general los que están obesos y no cumplen con ciertos perfiles que la belleza universal ha propuesto por medio de las grandes firmas de la moda, los concursos de belleza o los múltiples anuncios y propaganda comercial que subraya lo que significa ser hermoso o hermosa.

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La obesidad nos puede hacer perder la autoestima por culpa de la presión social.

Los jóvenes, al verse en el espejo, pueden ser sumamente críticos con su propio rostro o su cuerpo, y llegarse a sentir tan mal que la fealdad los invade hasta el punto de sentirse rechazados y poco atractivos. Por sobre todo cuando ven el éxito que tienen los más populares y destacados de sus compañeros, que desde luego, resultan ser personas más bonitas y atractivas de lo que ellos se llegan a sentir.

Pietropolli lo analiza ampliamente en su libro sobre el miedo a ser feo y su propuesta nos lleva a poner énfasis en un asunto que debemos de abordar de una manera optimista.

Qué hacemos los adultos

De los primeros puntos que debemos de revisar es qué tanto estamos siendo los adultos los promotores de la idea de que lo bello y lo hermoso es mejor y más destacado. Quizá no lo hacemos conscientemente, pero desde el momento en que enfatizamos que una persona se ve mucho más atractiva y bella cuando se arregla bien, como para una fiesta, o se pone prendas de moda, de firma o de alta costura y subrayamos que se ven mucho más finas y hermosas las personas. Lo cual abona la idea de que las personas valemos por el empaque, por la envoltura y no por nuestro modo de ser, por nuestra personalidad; pero sobre todo por nuestro corazón, nuestras actitudes y el trato a los demás.

Vale la pena tomar mayor consciencia del gran valor que tenemos las personas por lo que somos y no por lo que aparentamos.

¿Dónde está nuestro valor?

Vale la pena tomar mayor consciencia del gran valor que tenemos las personas por lo que somos y no por lo que aparentamos. Un carro de lujo, unos zapatos de marca o una bolsa de una prestigiada firma no nos deben impactar. Son superfluas pues, como bien dice el dicho, «aunque la mona se vista de seda, mona se queda». Al que tiene educación y clase, se le nota, independientemente de su atuendo. Su lenguaje corporal habla muchas veces más que los trapos o el maquillaje que se ponga.

Hemos de subrayar que la verdadera belleza no es la que se posee en el cuerpo sino en las actitudes, en el comportamiento en los valores que ejercemos día a día.

Así, por ejemplo, el  Catecismo católico, en el inciso 2500, nos muestra lo importante que es fijarnos más en la belleza interna, que externa:

«La práctica del bien va acompañada de un placer espiritual gratuito y de belleza moral…La verdad es bella por sí misma».

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2500

No clasificar a las personas

Por lo que el camino de la verdad también es el camino de la belleza y el bien. De aquí la importancia de trasmitir el gran valor de no clasificar a las personas por feas o bonitas. Esto se refiere principalmente al hecho de hacer comentarios acerca de la guapura de algunos y, en cambio, guardar silencio ante la presencia de quien no lo parece.

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