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Carta a un gran enamorado de Jesús en el sagrario

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Claudio de Castro - publicado el 03/11/21
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Compartiste tu experiencia con un sacerdote que resultó que también era amigo mío y así se dio esta emocionante coincidencia

Querido amigo:

No te conozco, pero espero que este mensaje te llegue. Quiero agradecer tu inmenso amor por el buen Jesús, escondido, prisionero de amor en el Sagrario. 

Sé que vives en Quito, Ecuador y a diario, camino a tu trabajo, en las mañanas, te desvías media hora por un camino casi intransitable.

Conduces el auto hasta un pequeño y hermoso oratorio, donde encuentras a Jesús, a menudo olvidado, en aquel sagrario.

Sabes que Jesús en ese sagrario, pasa solo, y te está esperando. Sientes la necesidad de ir a verlo y estar con Él. Es increíble lo que haces por Jesús, el amor que le demuestras.

Tú alegras a Jesús

La verdad es que él está muy ilusionado pensando en ti, sabiendo que irás a visitarlo. Le alegras el día. Le haces compañía.

Rezas por todos nosotros, por los sacerdotes, las almas del purgatorio, la conversión de los grandes pecadores.

Al rato te despides y conduces feliz hacia tu trabajo.

Estas maravillosas experiencias las has guardado muy dentro de ti y solo por casualidad nos enteramos.

Un amigo mutuo, que es sacerdote, me lo ha contado ilusionado. Se enteró de tu extraordinaria hazaña, que lo es, de tu nobleza y vida espiritual y el ejemplo que nos das, porque en una conversación casual le contaste  lo que hacías.

Una emocionante coincidencia

“Voy”, le dijiste, “y le dejo a Jesús saludos de un tal Claudio de Castro, que escribe en Aleteia y siempre pide que saluden a Jesús en el sagrario de su parte”.

No lo sabías, pero ese sacerdote también era mi amigo. Cuando escuché la historia sonreí emocionado, quedé de una pieza, admirado y feliz. ¡Apenas me lo creía! ¡¡Qué maravilla!! 

Me encanta cuando alguien me comenta que visitó a Jesús en el sagrario y este le cambió su vida.

Jesús es muy generoso, un gran amigo, deseoso de llenarte con gracias abundantes para fortalecerte y de que puedas salir adelante en medio de tus dificultades y temores. Es el mejor de los amigos.

Gracias por amar tanto a Jesús. 

¿Te pido un favor? Cuando vayas no dejes de saludarlo de mi parte. Dile: “Jesús, Claudio te manda saludos”.

¡Dios te bendiga!

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