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¿Conoces el famoso caso de infestación de demonios en la rectoría del Cura de Ars?

JOHN VIANNEY

Sharon Mollerus CC

Gelsomino del Guercio - publicado el 08/08/21 - actualizado el 04/08/22

A veces, los demonios golpeaban a San Juan María Vianney, dejando moretones visibles en su cuerpo; a uno de estos demonios él en broma le llamaba "le Grappin"

La rectoría del Cura de Ars y los misteriosos casos de infestación diabólica que se habrían producido en su interior, son relatados por Don Marcello Stanzione en el libro en italiano La liberación de lugares infestados de espíritus malignos (ediciones Segno).

San Juan María Vianney, por la gran cantidad de trabajo apostólico que realizó por el bien de las almas, no podía dejar de atraer la ira del infierno. De hecho, a menudo los demonios lo acosaban, sin darle tregua; los demonios de hecho hacían ruidos aterradores, lanzando fuertes gritos desde el interior de su rectoría.

A veces, los demonios golpeaban a san Juan María Vianney, dejando moretones visibles en su cuerpo; a uno de estos demonios él en broma le llamaba le Grappin (Garfio)

Garfio

En la habitación del santo, Jesús, la Virgen y los ángeles venían para ayudarlo en su lucha contra le Grappin. Una vez, el mariscal de la gendarmería, Napoly, que había venido a buscar al abad Vianney por la noche, escuchó voces amenazadoras fuera de la puerta de la rectoría.

Cuando el cura apareció con su linterna, dijo: «No es nada, es Garfio». Entonces, viendo que el gendarme temblaba de miedo, lo tomó de la mano y lo acompañó hasta la entrada de la iglesia.

El testimonio de la colaboradora

Caterina Lasagne, una de las colaboradoras más cercanas del sacerdote, escribe en sus memorias:

«[…] El mismo año en que el Cura se preparaba para fundar una escuela para niñas, creo que era alrededor del año 1824, estábamos en aquel momento con las monjas de San Giuseppe en Fareins con Benedetta Lardet, para recibir instrucción. Y cuando volví el sábado, como hacíamos siempre para pasar el domingo en Ars, me dijeron que el señor Cura estaba muy aburrido de los ruidos que oía en la rectoría durante la noche».

El miedo del joven Verchère

Se pensaba que eran ladrones o alguien que quería hacer daño a Juan Maria Vianney. «Entonces muchos jóvenes se armaron con rifles para custodiarlo, algunos como centinelas al campanario, otros al presbiterio – recuerda Caterina Lasagne –. Un joven llamado Verchère (herrero en Ars) estaba en la habitación contigua a la del Cura, cuando de repente durante la noche escuchó un ruido espantoso». Parecía que estaban destrozando un armario de la habitación.

El pobre joven asustado corre a la habitación de Don Vianney y lo llama. Esto es lo que le dijo el santo Cura: «Mi querido Verchère no pensaba que había un rifle, creí que se había perdido».

La horca

Una noche en que había caído nieve, no se vieron rastros de persona alguna. Entonces Don Vianney se dio cuenta de que no eran ladrones, envió de regreso a sus guardias y se quedó solo en la pelea.

«Él – subraya la colaboradora – primero se había armado con una horca de hierro que colocó junto a su cama y decía que a veces sentía que se rasgaban las sábanas de su cama, creyendo que las encontraría hecha pedazos al día siguiente. Se apresuró a tomar su horca, creyendo que eran ratas. Pero cuanto más las sacudía, más se desgarraban. Y al día siguiente, las sábanas estaban intactas».

La voz del diablo

Otras veces el diablo golpeaba a la puerta de su habitación y lo llamaba «Vianney». «Él decía que era una voz áspera. En otras ocasiones, decía: ‘Grappin golpeó mi puerta esta noche. Le dije que no entrara. Entró igualmente. Vino a golpear la cacerola con agua que está en mi chimenea. La golpeó reiteradamente».

«Como un gran caballo»

En otra ocasión, el Cura de Ars dijo: «Parecía que un gran caballo estaba en el departamento, debajo de mi habitación, que saltaba hasta el techo y luego caía sobre sus cuatro patas al piso».

En otras ocasiones dijo que había escuchado en su patio como un ejército de austriacos o cosacos hablando confusamente en un idioma que no entendía.

La vez que alejó al demonio

Otro episodio, relatado siempre de su colaboradora, ocurrió mientras San Juan Vianney estaba ocupado leyendo su breviario junto al fuego. «Escuchó un fuerte ruido al lado suyo, como si alguien estuviera arrojando piedras o granos de trigo. Luego, pensando que era el diablo, dijo: Voy a la casa de la Providencia. Diré lo que haces, para hacerte despreciar. E inmediatamente se detuvo. Al instante vino  a contarnos esto que sucedió».

Estas visitas nocturnas fueron muy frecuentes. San Juan Vianney notaba que esto sucedía sobre todo cuando algunos pecadores querían convertirse y que de hecho venían a Ars, a verlo, para poner en orden sus conciencias y llevar una vida mejor, cosa que al diablo no le gustaba.

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