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El «slow fashion» ha venido para quedarse

slow fashion

triocean - Shutterstock

María José García Crespo - publicado el 14/06/21

¿Recuerdas cuando tu madre cosía tus vestidos? Pues ahora es tendencia, y parece que tiene largo recorrido

La templanza en el consumo de moda, la austeridad, el respeto a los demás y el cuidado de la Creación son las claves para vivir el slow fashion en clave cristiana.

Qué es el slow fashion

Es una forma de consumir de forma responsable, un argumento para frenar la producción excesiva, las cadenas de suministro demasiado complicadas y el consumo sin sentido. Es lo opuesto a la moda rápida o consumo masivo. 

En el slow fashion se ponen en valor los procesos y recursos necesarios para la confección de la ropa. Es una filosofía del consumo y de la producción que propone prendas de mejor calidad, que duren más, y cuya producción contamine menos. 

Este consumo responsable de la moda se rige por las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. 

“Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta” (Flp 4, 8).

Antes de la revolución industrial se producía y se compraba lo que realmente era necesario y se empleaban textiles de producción local. La vida útil de las prendas era algo prioritario ya que las prendas tenían que durar mucho tiempo. La utilidad de las prendas estaba por encima del lujo. 

El movimiento slow fashion pretende volver a aquellos tiempos con algunas mejoras. También tiene en cuenta el trato justo de las personas, los animales y el medio ambiente. El concepto slow fashion se atribuye a Kate Fletcher del Center for Sustainable Fashion -como evolución del slow food (comida lenta frente a comida rápida)- y Rachel Carson, que en su libro “Silent Spring” de 1962, hacía referencia a los usos de pesticidas en las fibras textiles.

slow fashion

Hace unos 20 años se aceleró la producción de prendas y su consumo. La ropa se abarataba y las tendencias podían cambiar de mes a mes o, incluso, de semana en semana. La industria con este tipo de producción no dudaba en emplear cualquier método para lograr más y más ventas. Se producía el fenómeno de las jóvenes de clase media que concebían el ir de compras como ocio o entretenimiento, llegando a tener en el armario ropa sin estrenar. 

Según un informe de McKinsey, de 2000 a 2014 la producción de ropa se duplicó y la cantidad de prendas compradas per cápita aumentó en un 60%. En casi todas las categorías de ropa, los consumidores conservan prendas de vestir aproximadamente la mitad del tiempo que lo hacían hace veinte años. Algunas estimaciones sugieren que los consumidores tratan las prendas de menor precio como casi desechables, y las descartan después de sólo siete u ocho usos.

Las economías emergentes han experimentado aumentos especialmente grandes en las ventas de indumentaria, ya que la clase media ha crecido. En cinco grandes países en desarrollo —Brasil, China, India, México y Rusia— las ventas de ropa crecieron ocho veces más rápido que en Canadá, Alemania, el Reino Unido y los Estados Unidos.

En este informe, McKinsey estima que “si el 80% de la población de las economías emergentes alcanza los mismos niveles de consumo que el mundo occidental para 2025, y si la industria de la confección no se vuelve más eficiente ambientalmente, entonces la huella ambiental de la industria de la confección será mucho mayor.”

Según publica Sustainable jungle, cada segundo, el equivalente a un camión de basura lleno de ropa se dirige a un vertedero o para ser quemado. Esto es suficiente para llenar 1,5 edificios como el Empire State todos los días.

slow fashion

Parte de esta responsabilidad recae en un inconsciente sentido de la moda y hábitos de compra impulsivos que, incluso, pueden convertirse en una adicción.

La locura consumista llevó a algunas marcas a quemar parte del inventario que quedaba por vender. Las cifras son demoledoras. La industria de la moda produjo 100 mil millones de prendas de vestir para 7 mil millones de personas en 2015.

Las virtudes cardinales nos ayudan a entender el slow fashion. “Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien.

Las virtudes morales se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes de los actos moralmente buenos. Disponen todas las potencias del ser humano para armonizarse con el amor divino.” (Catecismo de la Iglesia Católica 1804).

¿Qué conlleva este tipo de producción masiva?

  1. El tratamiento injusto de los empleados en países del tercer mundo o en vías de desarrollo, con condiciones de trabajo inseguras e insalubres y salarios injustos.
  2. La contaminación atmosférica por la producción de gases de efecto invernadero.
  3. La contaminación de mares y ríos por las microfibras de poliéster y los productos químicos que se emplean para su producción.

La concienciación y el poder de las personas provocó el surgimiento del slow fashion. Las empresas tomaron conciencia de que la producción conlleva una serie de valores y, los consumidores, comenzaron a reclamar una producción respetuosa. 

El 15% de la moda mundial se ha comprometido a mejorar sus métodos de producción. Estas marcas han comenzado a divulgar información sobre su producción, desde las condiciones laborales y los salarios, hasta sus políticas ambientales, el uso del poliéster y el reciclaje textil. 

Incluso han surgido apps para darle una segunda oportunidad a las prendas que no usamos. El uso de ropa de segunda mano ya no está estigmatizado.

Aunque el algodón es un textil que se utiliza en muchas prendas de vestir, también es el cultivo más intensivo del mundo en pesticidas y su producción degrada gravemente la calidad del suelo. 

Además, necesita mucha cantidad de agua para su cultivo: requiere alrededor de 20.000 litros de agua para una producción de un kilogramo, el equivalente a solo una camiseta y un par de jeans. Sin embargo, el consumo de agua para el algodón orgánico se reduce en un 71%.

Las telas sintéticas “alternativas”, como el poliéster, también causan estragos en nuestro planeta. Tanto el carbón como el petróleo son ingredientes clave en este tejido y su producción requiere enormes cantidades de energía. Y dado que las fibras de poliéster no son naturales, no se descomponen. Esto significa que los artículos hechos de poliéster permanecerán en nuestros vertederos durante cientos de años.

rubbish

¿Qué supone vivir el slow fashion desde el punto de vista del consumidor?

Puedes vestir de forma elegante alargando la vida útil de tu ropa favorita y completar el círculo de reciclar, reparar, arreglar o retocar.

Algunas pautas para vivir el slow fashion son:

  • Adoptar una mentalidad no consumista. 
  • Tener en cuenta que obtienes lo que pagas. Si pagas barato no esperes calidad.
  • Cambiar hábitos de compra que sean beneficiosos para la Creación. 
  • Comprar prendas con materiales sostenibles de alta calidad como el lino orgánico o el algodón-eco.
  • Disfrutar de prendas son más atemporales.
  • Comprar en el comercio local. A menudo, las prendas se venden en tiendas más pequeñas en lugar de en grandes cadenas. Son prendas de origen local, que reducen el consumo de combustibles fósiles y emisión de gases de efecto invernadero al eliminar prácticamente el transporte. 
  • Compartir e intercambiar la ropa con amigos.
  • Visitar mercados o tiendas de segunda mano para encontrar una prenda de vestir que te guste. 
  • Leer las etiquetas. En ellas encontrarás el material que se emplea y dónde se produce.
  • Atrévete a ser vintage. Adapta las prendas a las nuevas tendencias.
  • Repara la ropa en lugar de sustituirla.
  • Apoya a las empresas slow fashion.

¿Cómo es una empresa de slow fashion

Estas son algunas ideas que implementan varias marcas reconocidas:

  • Producción en lotes pequeños y pocos estilos para cada colección.
  • Crear pocos estilos específicos por colección, que se lanzan dos o un máximo de tres veces al año, o una colección permanente sin temporada.
  • Fabricación por encargo para reducir la producción innecesaria.
  • Utilización de tejidos de desecho post consumo y rastrea toda su cadena de suministro.
  • Empleo de materiales renovables, orgánicos y reciclados y certificarlos.
  • Envío de manuales de cuidado (digitales) con cada compra para ayudar al cliente a mantener la ropa como el primer día durante mucho tiempo.
  • Promover la moda lenta y el «poder de la circularidad».
  • Recuperación de las telas del final de rollo de las fábricas de ropa y crear ropa elegante y cotidiana. Hacer moda lenta a partir de las sobras de la moda rápida.
  • Diseño de modelos para siempre, no para modas estacionales.
  • Creación de ropa sostenible comprometida con las operaciones orgánicas de comercio justo, el empaquetado y la producción sin plástico.
  • A través de un sistema de pre-orden, estimar cuántas piezas se van a vender de un producto: por lo tanto, producir lo que se vende.
  • Creación de trajes de baño y ropa deportiva con tejidos desechados post consumo y rastreo toda la cadena de suministro. 
  • Creación de alianzas con proveedores que compartan los valores.
  • Reducción del consumo de telas a la mínima expresión.
  • Promoción del trabajo justo. Que las personas que elaboran las prendas sean apreciadas por sus habilidades, reciban un salario justo y disfruten de condiciones de trabajo dignas, seguras y justas.
  • Utilización de soluciones de embalaje que reduzcan la huella medioambiental mediante el uso de materiales sostenibles, reutilizables o reciclables siempre que sea posible.
  • Ser transparente para que el consumidor pueda juzgar por sí mismo las bondades del proceso slow fashion.
  • Reducción del consumo de agua durante la producción aplicando nuevas tecnologías.
  • Garantizar el pago de un salario digno en la cadena de suministro.

Podemos formar parte del movimiento creciente de personas que miran más allá del «atractivo» de la alta rotación barata de la moda rápida. Deberíamos mantener la conciencia de lo que realmente representa una marca y centrarnos en la calidad, no en la cantidad, simplificando nuestros guardarropas. En este caso, menos es más.

Qué pasa en tu cerebro si eres adicto a las compras

Si necesitas ir de compras para sentirte bien es porque actúa la dopamina. Es un neurotransmisor de ‘placer’ y nos impulsa a buscar nuevas experiencias que puedan ser beneficiosas para nosotros. 

Activa una parte del cerebro de «recompensa». Las respuestas físicas de las neuronas dopaminérgicas se observan cuando se presenta una recompensa inesperada. Y se reducen cuando algo esperado no se produce.

Las exploraciones de resonancias magnéticas funcionales muestran que cuanto más quieres algo, mayores son estas señales.

Pero la euforia del comprador no dura. Lo queremos una y otra vez. Y aquí es donde las cosas se complican. No solo disfrutamos comprando ropa cuando la necesitamos, también hacemos compras para aliviar el dolor, para animarnos cuando nos sentimos deprimidos o para aislarnos cuando anticipamos malas noticias.

Recuerda que la mayoría de las veces, no es que has encontrado los zapatos perfectos. Es solo dopamina.

«La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar “para seguir la pasión de su corazón”».

(Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1809)
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