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¿Por qué doblan las campanas en América Latina?

ECUADOR

MARCOS PIN MENDEZ | AFP

Elecciones en América Latina

Macky Arenas - publicado el 04/03/21 - actualizado el 04/03/21

Lo que hace miserable la vida de la gente, no forma parte del Plan de Dios. Análisis del sufrimiento en América Latina

En América Latina hay elecciones a cada rato. Presidenciales, regionales, locales. A pesar de ello, los problemas se agudizan y, de vez en cuando, se presenta la posibilidad de hacer cambios en las constituciones con la esperanza de conjurar crisis puntuales y calmar ánimos. Este año es electoral para varios países y esa perspectiva siempre genera temores tanto como esperanzas. Hay quienes cifran en esos procesos la solución a muchos problemas y una silente mayoría que se mantiene expectante. La participación merma por la pérdida de fe en políticos y política.

Pero un “Pepe Grillo” susurra en las conciencias no dar la espalda a los grandes temas. Aquellos que tienen que ver con la dignidad humana y los valores fundamentales de nuestra civilización. Un grillo que, por ratos, no se escurre por entre los intersticios de la prudencia sino que suena campanas de alerta que estremecen el debate público: la Iglesia Católica.

Asunto de la Iglesia

Como latinoamericanos, a veces nos preguntamos qué sería de este diálogo de sordos en que se ha convertido la política en nuestros países de no ser por la palabra oportuna y valiente de nuestros obispos, de los laicos que se saben parte del Cuerpo de Cristo y que no rehuyen sus responsabilidades. Recordamos aquella frase papal: “la política es la forma más excelsa de ejercer la Caridad”; y también de los movimientos eclesiales comprometidos que tienen claro lo mismo que el obispo de Bayona quien, al toparse con pretensiones laicistas que consagrarían el principio de que hay que obedecer al César antes que a Dios quedando toda religión subordinada al estado, advirtió que la ley de Dios está por encima de la ley de la República.

Ese toque de trompeta que la Iglesia emite de tanto en tanto a lo largo y ancho de nuestra geografía social y política hace el efecto de una notificación de celular inteligente. Es como un trino que obliga a un alto para coger foco. Así ha ocurrido en varios países por cuya realidad nos pasearemos, vista la inminencia de votaciones que podrían cambiar rumbos o replantear políticas ante lo cual la Iglesia no ha escurrido el bulto de su responsabilidad pastoral. Como dijo Juan Pablo II durante uno de sus viajes a México: “Allí donde se encuentre amenazada la dignidad humana, eso es un asunto de la Iglesia”.

¿Por qué suenan las campanas?

Hubo tiempos en que los obispos eran extranjeros. En nuestro continente, básicamente españoles por razones obvias. Hoy, con contadas excepciones, son criollos, nacidos y crecidos en cada patria, dolientes con deberes y derechos de la dinámica nacional. Debaten, votan y opinan como cualquier ciudadano, con dos particularidades: pensando en todo el país, no en grupos o facciones; y con base en su misión de guías espirituales custodios de una doctrina que enseña el bien común como el fin último de la política.

Las campanas han marcado la vida de las comunidades rurales y urbanas a lo largo de la historia. Su sonido siempre ha estado ligado a la Iglesia. En los monasterios y ciudades han marcado el paso del tiempo desde el amanecer hasta el anochecer. Hay diferentes toques, para el ángelus, llamando a misa, avisando de muertes, alertando sobre temporales y anunciando emergencias. Hoy, la voz de los obispos es la campanada que llama a la atención de los pueblos, que centra a las sociedades en los temas ineludibles. Son temas que frecuentemente se diluyen corriendo el riesgo de enredar a los países en debates superfluos que dejan de lado las disyuntivas cruciales sobre las cuales cabalga el futuro de la dignidad ciudadana.

Toma posición y combate

Hay lugares donde la Iglesia, a través de sus distintas instituciones y organizaciones, no elude desmarcarse de ciertas situaciones. Ha tomado posición y, aún, se ha involucrado con firmeza en el combate contra todo aquello que haga miserable la vida de la gente. Simplemente porque eso no es el Plan de Dios.

Para muestra, Cáritas ha reclamado en Myanmar el retorno a la democracia y a la paz y se suma a la resistencia pacífica. El Cardenal Bo, Arzobispo de Yangon, llamó a sus feligreses no ceder a la desesperación. En su homilía pronunciada al inicio del camino hacia la Pascua, se inspiró en el difícil momento que vive el país para alentar la esperanza. Myanmar, escribe, «no puede estar siempre en el camino del sufrimiento, comencemos nuestros cuarenta días con esperanza y oración por la reconciliación de nuestra nación». Y en Filipinas, la Iglesia Católica no ha dudado en fustigar las ejecuciones extrajudiciales de Duterte. Por solo mencionar dos casos.

El reto Latinoamericano

Colombia ha visto la lucha de los obispos por la paz. En Perú alertan sobre la eutanasia como un “camino equivocado” y en Costa Rica exhortan al gobierno para poner al centro de su gestión el bien común y erradicar la plaga del desempleo, principal causante de la pobreza.

En la Amazonía, la Repam aboga por las comunidades indígenas y denuncia la depredación del ambiente exhortando a los gobiernos a defender la naturaleza. La COICA, REPAM y FOSPA se han unido para llevar a cabo un evento titulado: “El Grito de la Selva – Voces de la Amazonía”, desarrollado el 26 y 27 de febrero pasado, sin olvidar que el episcopado paraguayo acaba de anunciar que publicará una Carta Pastoral dedicada a la revisión de acuerdo binacional que regula las operaciones de la represa hidroeléctrica entre Brasil y Paraguay, conocido como el Tratado de Itaipú.

Ecuador, Perú y Chile son los focos de atención por sus elecciones presidenciales. Aunque en otros países se cumplirán elecciones de menor tenor no son menos importantes como indicadores de rumbos. Estas representan coyunturas en las que la Iglesia deja escuchar su palabra orientadora. Los escenarios son complicados y a veces inciertos.

Estas tres naciones deben definir sus destinos próximamente

En *Ecuador* se trata de una elección de segunda vuelta. La primera se celebró el año pasado. Compiten una alianza de partidos de izquierda con otra de movimientos indígenas. El dato importante a señalar allí es que juega fuerte el factor indígena, siempre con una presencia importante en esos países pero con la particularidad de que cobra fuerza la idea del Estado Plurinacional, derivado de la Constitución de Bolivia, en la cual se le da a los indígenas una presencia más importante y significativa, si no en el plano político, sí en términos sociales, la cual logran legalizar mediante una Constitución. Antes, si no lo tenían negado, al menos sí reducido.

Quien gane, lo hará en un escenario muy complicado ya que, si bien en el mundo entero el tema del coronavirus ha sido grave, mucho más en el caso de estos países, pues los efectos, todavía, siguen siendo devastadores. No obstante, aún triunfando el representante de la izquierda, no se avizoran mayores cambios pues Ecuador vive una situación económica que obliga a una estrategia de coincidencias internas y acuerdos con entes financieros internacionales, además de abordar el sistema de dolarización que requiere de ciertas flexibilizaciones, puntos en los que están claros todos los candidatos.

El llamado de la Iglesia católica a los contendientes a la presidencia de Ecuador y a las fuerzas políticas es a contribuir al diálogo y a la concertación, no a revanchismos, recomendando reconocer la derrota «con serenidad y valentía» cuando se conozcan oficialmente los resultados de la segunda vuelta electoral convocada para el próximo 11 de abril.

Perú llegó a competir en cifras de contagios y muertes con los países más afectados del mundo. Otra nación donde el elemento indígena pisa fuerte. Los avances tecnológicos como las redes sociales les han abierto un campo antes vedado, visibilizando sus reivindicaciones e impulsando sus proyectos y anhelos comunes.

No ha habido paz

Empero, en ese país el cuadro es más difícil pues han destituido en un mes a tres presidentes, situación inédita que cubre de opacidad el panorama político. Hay varios candidatos en medio de un clima de tensión social que se ha desarrollado en un marco de zonas muy delimitadas entre la cordillera y las ciudades que acentúan las diferencias sociales. El conflicto social es serio y se complica con el político. No ha habido paz.

Por sólo recordar un evento reciente que han recogido los medios de comunicación, en diciembre pasado el Perú experimentó la protesta de los trabajadores del sector agrícola, una revuelta que provocó violentos enfrentamientos y varias víctimas. Partiendo de la Región de Ica, un área de alrededor de 117.000 hectáreas que representa el 65% de las exportaciones de productos agrícolas nacionales se caracteriza por una severa explotación, inseguridad y falta de derechos. La protesta llevó al propio Monseñor Cabrejos a lanzar un llamado al Congreso para que revise cuidadosamente el marco normativo que regula el sector agrícola, «a fin de desarrollar una legislación que permita la generación de empleo con condiciones laborales dignas y salarios que garanticen una sociedad más justa y solidaria».

La pregunta del Papa: “Qué pasa en Perú?”

Una aguda crisis que vivió el Perú se produjo a nivel institucional en noviembre de 2020 cuando, en una decisión histórica, el Congreso votó por mayoría la destitución del Jefe de Estado, Martín Vizcarra. La elección se debió tanto a las acusaciones de corrupción hechas contra el presidente como a las divisiones internas del Parlamento. La corrupción es un problema tan grave en Perú que los últimos tres presidentes han salido por esa razón.

El Papa Francisco, en su viaje a ese país en 2018 pronunció frases lapidarias sobre el tema. Sin ir muy lejos, alertó que “la corrupción lo infecta todo”. La calificó de “virus social” y, a pesar de que se manifestó impactado por la magnitud del flagelo en Perú, el pontífice reconoció que “el problema de la crisis política es no solo del Perú sino de toda Latinoamérica (…).«La política está enferma, está muy enferma. Y hay excepciones. Pero, en general, está más enferma que sana», sentenció.

Decadencia política

«Hoy -reconoció- podemos hablar de que gran parte de Latinoamérica sufre en su política una gran decadencia debido en parte a la corrupción”. Y aún fue puntual mencionando a una empresa en concreto: “El Caso Odebrecht es simplemente una anécdota chiquita”. Remató dejando una pregunta en el aire: “¿Qué pasa en Perú que cada vez que sale un presidente lo meten preso? Humala está preso, Toledo está preso (se halla prófugo), Fujimori estuvo preso hasta ahora y Alan García está que entró y no entró; y presos con rabia, ¿no? El sistema llama la atención”.

Allí el escenario electoral podría otorgar una opción a un outsider, una figura nueva procedente de los sectores económicos, la cual aparece favorecida en las encuestas. Los partidos tradicionales no existen y la pugna es entre organizaciones nuevas y figuras poco conocidas, aunque de nuevo lo intenta la hija de Fujimori y el ex presidente Ollanta Humala. La violencia en las regiones y el coronavirus completan la complejidad de este cuadro que está por dilucidarse, dificultando los pronósticos.

Una “moda” recorre el continente

Una perspectiva no descartable es que Perú, en su agenda electoral, incluya un artículo, más allá de elegir a los presidentes, que también ordene convocar a una Constituyente.

Pero donde sí se aproxima una consulta, no presidencial sino enfocada a la realización de una Constituyente, es en Chile. Hubo un plebiscito previo y la mayoría – o todos- los partidos propusieron la selección, mediante un mecanismo mixto que incluía una mitad de constituyentistas pertenecientes al parlamento actual y la otra mitad electa. También se planteó la posibilidad de que ocurriera una elección directa opción que, contra todos los pronósticos, terminó imponiéndose. No fue apoyada por los partidos importantes y está muy influida, no por organizaciones conocidas sino por los movimientos sociales que generaron la crisis del 2019, aquellas protestas de calle que tanta violencia provocaron, generando una grave tensión que la sociedad chilena no esperaba ni le era familiar en la forma como se manifestó.

Igualmente, entra a jugar el componente mapuche que no necesariamente tiene que ver con conflictos urbanos sino que por razones históricas se han reactivado con fuerza en su lucha. De manera que esa Constituyente estaría conformada, en buena medida, por factores que no pertenecen al establecimiento político lo cual, de suyo, enfrentaría a sectores tradicionales con otros muy radicalizados en un contexto de problemas sociales que no han hecho sino agravarse.

Declaraciones de los obispos

Tan es así, que los obispos de Chile, recientemente constataron las situaciones de violencia en la sociedad “que se expresan en la terrible pérdida de vidas humanas, agresiones a personas, casas, reparticiones públicas, medios de transporte e incluso lugares de culto de distintas confesiones religiosas, así como el incremento en la migración de personas que provienen de naciones con enormes crisis”.

Los expertos han recomendado que las Constituyentes, que buscan introducir modificaciones importantes en las cartas magnas de los países, deben realizarse fuera de las crisis, no en medio de ellas. Hay que tener presente que son contratos fundamentales que regulan la vida social y política por lo cual deben sopesarse en un ambiente de entendimiento y convergencias, a salvo de las polarizaciones y pasiones que dominan los ánimos en pleno conflicto. Muchas veces se recurre a los cambios constitucionales sin que previamente se hayan construido los consensos que los harían pertinentes y duraderos.


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Socialismo del siglo XXI

En el caso de Venezuela, por ejemplo, se llamó a una Constituyente en 1999 con la advertencia de que sería para “refundar la república” para, al cabo de dos décadas, encontrar un país enfrentado ante la pretensión de imponer un Estado Comunal derivado de un proyecto ideológico que se conoce como *socialismo del siglo XXI* al que el episcopado venezolano ha calificado como “moralmente inaceptable”.

El sacerdote jesuita Alfredo Infante, del Centro Arquidiocesano Monseñor Arias Blanco, escribió:

“En este tiempo de cuaresma se nos hace un llamado a revisar nuestras relaciones fundamentales y volver a la fuente de la vida, Dios. Es un llamado personal y colectivo a resetear nuestro modo de proceder de manera que podamos transitar de las tinieblas de nuestro extravío a la luz de una existencia más acorde con nuestra dignidad humana. Venezuela está sumergida en una emergencia humanitaria sistémica que está destruyendo la vida de millones de venezolanos, especialmente a los más vulnerables”.

El reconocido analista político venezolano, Manuel Felipe Sierra, editor del portal EnelTapete, reconoció: “Eso de las constituyentes es una moda. En el caso del presidente Piñera en Chile, el asunto fue permeando hasta que se vio obligado a convocarla”.


SCHOOL

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El moderno Leviatán

El Leviatán se erigió para que los hombres, que se mantenían en situación precaria y en permanente lucha unos con otros antes de que se instituyera la sociedad, encontraran una manera más digna de convivir. Hoy, el Leviatán, que no recibe su fuerza de los dioses sino de los ciudadanos, es esa institución política poderosa, el Estado, el cual debe garantizar la seguridad, el bienestar y la paz de esos ciudadanos.

La importante escritora chilena Lucía Santa Cruz se preguntaba hace pocos días: “¿Qué pasa con nuestro Leviatán, que no ha sido capaz de poner fin a la violencia en La Araucanía? (…) La paz cívica necesita una cultura democrática compartida que rechace la violencia ”.


VIOLENCE

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Con elecciones o sin ellas

La Iglesia sigue sonando sus aldabonazos tocando puntos álgidos y fundando en la esperanza sus emisiones públicas, con elecciones o sin ellas.

En Brasil han llamado a vacunarse como «única salida» a la emergencia sanitaria. El presidente del episcopado boliviano advirtió que mientras se siga imponiendo leyes a razón de una mayoría parlamentaria, no habrá cambios democráticos en Bolivia. Ante el paro del sector médico llamó «dialogar y unificar criterios por el bien y la salud de los bolivianos».

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