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Cantalamessa: En la escuela de la «hermana muerte»

CZASZKA NA BIURKU

Kamil Szumotalski/ALETEIA

Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 04/12/20

Curiosamente, una conocida marca española ha puesto en marcha una campaña de Navidad con el mismo mensaje que el predicador del Papa

Mirar la vida desde el punto de vista de la muerte, otorga una ayuda extraordinaria para vivir bien«, dijo el cardenal Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia. Un memento mori que no solo ha resonado en el Aula Pablo VI, sino también en las redes sociales de España.

Cantalamessa desarrolló la primera predicación de Adviento en el contexto de la pandemia que vive el mundo. Lo hizo ante el Papa Francisco, los cardenales y monseñores de la Curia Romana que lucieron mascarillas para evitar contagios de Covid en el aula Pablo VI del Vaticano.

¿Estás angustiado por problemas y dificultades? Adelántate, colócate en el punto correcto: mira estas cosas desde el lecho de muerte. ¿Cómo te gustaría haber actuado? ¿Qué importancia darías a estas cosas? ¡Hazlo así y te salvarás! ¿Tienes una discrepancia con alguien? Mira la cosa desde el lecho de muerte. ¿Qué te gustaría haber hecho entonces: haber ganado o haberte humillado? ¿Haber prevalecido o haber perdonado?

Precisamente, la campaña de una conocida marca española subraya este hilo sutil remarcado hoy por Cantalamessa, pero desde la libertad artística de una publicidad: «Preferís vivir como si la muerte no existiera… Si algo hemos aprendido en este 2020 es que cualquier día, por insignificante, extraño o difícil que parezca… merece ser vivido”.

Entretanto, la predicación del cardenal Cantalamessa llevaba como titulo: “Enséñanos a contar nuestros días y llegaremos a la sabiduría del corazón”.

«Pensar en la muerte nos impide “apegarnos a las cosas (…) El hombre, dice un salmo, «cuando muere no se lleva nada consigo, ni desciende con él su gloria» (Sal 49,18) (…) La hermana muerte es una muy buena hermana mayor y una buena pedagoga. Nos enseña muchas cosas; basta que sepamos escucharla con docilidad».




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«Todos somos mortales y no tenemos una morada estable aquí abajo»; «la vida del creyente no termina con la muerte, porque nos espera la vida eterna».

«No estamos solos a merced de las olas en el pequeño barco de nuestro planeta», porque Cristo acompaña a cada persona.

Recuerda que morirás

El fraile capuchino subrayó que la muerte es parte de la vida misma: «Memento mori: recuerda que morirás».

Asimismo, explicó que en clave kerigmática, el fallecimiento es una clave para proclamar que Cristo ha vencido a la muerte. Y también en clave sapiencial, de la muerte se pueden «sacar lecciones de ella para vivir bien. Es la perspectiva en la que nos situamos en esta meditación”.

La reflexión sobre la muerte, afirma Cantalamessa la encontramos en los libros sapienciales del Antiguo Testamento, como también en el Nuevo Testamento:

«Mirad porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13), la conclusión de la parábola del hombre rico que planeaba construir graneros más grandes para su cosecha: «Insensato, esta misma noche se te pedirá la vida. Y lo que has preparado, ¿de quién será?» (Lc 12,20), y también: «¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde el alma?» (cf. Mt 16,26).

El Predicador de la Casa Pontificia recordó a San Agustín que niega la filosofía que considera que al final todo se reduce a nada, y por lo tanto nada tiene sentido: «no el nihilismo, sino fe en la vida eterna”.

En este mundo de avances tecnológicos y conquistas, evidenció Cantalamessa: “La presente calamidad ha venido a recordarnos lo poco que depende del hombre «proyectar» y decidir su propio futuro”.

En este sentido, insistió: “No hay mejor lugar para colocarse para ver el mundo, a uno mismo y todos los acontecimientos, en su verdad que el de la muerte. Entonces todo se pone en su justo lugar”.

Hermana muerte, maestra de vida

Cantalamessa explicó que la muerte nos enseña la importancia de reconciliarnos con nosotros mismo, con los hermanos y la realidad:

“El pensamiento de la muerte es casi la única arma que nos queda para sacudir del letargo a una sociedad opulenta, a la que le ha sucedido lo que le ocurrió al pueblo elegido liberado de Egipto: «Comió y se sació, —sí, engordó, se cebó, engulló— y rechazó al Dios que lo había hecho» (Dt 32,15)”.

El fraile sostuvo que Jesús «libera del miedo a la muerte a quien lo tiene, no al que no lo tiene e ignora alegremente que debe morir. Vino a enseñar el miedo a la muerte eterna a aquellos que sólo conocían el miedo a la muerte temporal”.

“La «muerte segunda», la llama el Apocalipsis (Ap 20,6). Es la única que realmente merece el nombre de muerte, porque no es un tránsito, una Pascua, sino una terrible terminal de trayecto”.

La eucaristía para prepararse a la muerte

El Predicador recordó que en la eucaristía Jesús nos hizo partícipes de su muerte para unirnos a él. Por ende: “Participar en la Eucaristía es la forma más verdadera, más justa y más eficaz de «prepararnos» a la muerte. En ella celebramos también nuestra muerte y la ofrecemos, día a día, al Padre (…) En ella «hacemos testamento»: decidimos a quién dejar la vida, por quién morir”.

Al final, predicó: «Con todo esto, no le hemos quitado el aguijón al pensamiento de la muerte, su capacidad de angustiarnos y que Jesús también quiso experimentar en Getsemaní. Sin embargo, estamos al menos más preparados para acoger el mensaje consolador que nos llega de la fe y que la liturgia proclama en el prefacio de la Misa de difuntos:

«Porque la vida de tus fieles, Señor, no termina, se transforma, y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo. Hablaremos de esta mansión eterna en los cielos, si Dios quiere, en la próxima meditación”.
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