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David Filio: Por María regresé a Cristo

DAVID FILIO
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Es la voz de Olaf en Frozen, canta, compone, tiene una habilidad para hacer poemas en canción, es un trovador enamorado de la María Virgen María y enamorado de su esposa.

David Filio nos comparte a Aleteia, su historia desde niño y como ha logrado vencer con la oración y los sacramentos, la ira, la tristeza, la depresión. Para David la oración lo alcanza todo, lo vence todo.

David, gracias por concedernos esta entrevista para Aleteia-España. ¿Puedes decirnos tu nombre completo, de dónde eres y a qué te dedicas?

Yo nací en Ciudad de México el 7 de diciembre de 1962. Afortunadamente crecí en una familia donde la música y el arte estaban muy presentes. Mi mamá, Filia Leonor Herrera Álvarez, tocaba el piano, y mi padre, Salvador Gómez Castellanos, era un comediante muy simpático. Yo me llamo David Gómez Herrera. Nos dicen “los Filios” porque mi mamá se llamaba Filia; entonces, desde que éramos muy pequeños y nos llevaban al catecismo o a la escuela siempre nos decían: “Ahí vienen los Filios”.

Más adelante, cuando ya éramos más que adolescentes, mi hermano Alejandro fue el primero en meterse formalmente en la música, y adoptó el nombre de Alejandro Filio en homenaje a mi madre. Y desde entonces todos los hermanos nos empezamos a poner así: Gabriel Filio, Mariana Filio, etc.

¿Cómo fue tu niñez? ¿Qué otros valores te transmitieron tus padres?

Como mi padre era un hombre que no tenía un trabajo constante, hasta que era contratado por alguna empresa, entonces vivíamos al día; y con ello nos inculcaron la esperanza.

Mi madre fue una mujer muy religiosa, y a todos nos inculcó la oración y el estar cerca de Dios. Mi padre también, aunque era un poquito menos ocupado en esto; pero como mi madre estaba siempre con nosotros en casa, esa figura antigua del ama de casa y que prácticamente ya no existe, entonces verdaderamente estaba todo el día atendiendo a sus hijos, siendo la primera en levantarse al amanecer, y la última en acostarse.

Y ella estaba muy ocupada en educarnos en la fe, en los valores, en la ética, en el respeto a todos, en la solidaridad. Y en una familia donde hay tantos hermanos tienes que aprender a compartir, a perdonar, a aceptar disculpas, a colaborar; tienes que adaptarte a todo lo que está sucediendo, y si tienes que prestar tu camita para que duerma un primo que llegó de visita, pues lo haces; y si nos tenemos que organizar para comer de cinco en cinco porque no cabemos en la mesa, pues se hace.

Así que crecí en una infancia muy compartida.

¿Cuántos miembros había en tu hogar? ¿Tienes recuerdos bonitos?

Éramos diez hermanos, más mi papá y mi mamá. Yo soy el cuarto de los diez hermanos; cada año nacía uno nuevo. Y la verdad es que era muy divertido; ahora veo familias donde hay un solo hijo, o si acaso dos.

En mi actual familia, mi esposa sólo quiso tener tres hijos, y la verdad es que a mí se me hace muy poquito, ¡esto está vacío!

Era tan divertido estar en casa, donde cada hermano tenía su propia personalidad y su estilo. Y a veces te tocaba cuidar a alguno de tus hermanos menores pues, así como alguien te cuidó, tú también tienes que cuidar a alguien.

David, ¿aún viven todos tus hermanos?

Sí, los diez estamos vivos; mi madre falleció en 2001 y mi padre en 2004. Sólo uno de mis hermanos no tiene hijos, pero tiene un montón de sobrinos y con eso es suficiente. Y estamos bien.

Sin hablar del dinero o de lo material, ¿qué fue lo que te heredó tu papá y lo que te heredó tu mamá?

Mi padre nos heredó un talento especial. Era comediante e imitador de voces, y empezó a trabajar desde muy chavito; tenía una voz especial, y él fue el primer imitador de Latinoamérica, de habla hispana, “no el mejor pero sí el primero”, nos decía. Y era muy curioso y divertido despertar con un papá que hacía vocecitas para que ya nos levantáramos; te despertaba con la voz de Tin Tan, de Clavillazo, de Capulina, de Chabelo, de Agustín Lara o hablando igualito que Cantinflas con un: “Oiga usted, chato, ya es hora de despertar; no vaya usted a llegar tarde a la escuela”.

Así que desde chavitos nos educamos en entender que la voz era un modo y un medio para comunicarnos; no solamente para decirnos cosas sino para conectar con el mundo, para transmitir emociones, alegrías, tristezas y mensajes en particular.

Y pues así crecimos, explotando nuestra voz al máximo; todos en la familia, los diez hermanos, tenemos algo de escribir, de cantar, de hacer locución.

Mi madre, concertista de piano, todo el tiempo oía música, sobre todo a Chopin, que era su máximo. Todos los días oíamos los discos de mi mamá, y nos contaba anécdotas muy bellas de cuando tocaba y daba sus conciertos, y de cuando ensayaba o estaba practicando sus lecciones.

Nos tocó tener una mamá muy cercana a Dios, que nos llevaba al catecismo, nos enseñaba a rezar; todos los días, al despertar, empezábamos con una oración, y en la noche nos dormíamos después de orar.

El crecer en un ambiente así te da una seguridad y una claridad de que estás en un lugar donde debes estar, donde te sientes bien, donde hay mucho amor. Y lo menos que tú puedes hacer es aportar algo similar.

En ese sentido puedo decir que fuimos “entrenados” para dar lo que podemos dar.

¿Alguna vez viste a tu madre frustrada por dejar su carrera y su aspiración profesional a cambio de atender a diez hijos y a un esposo? ¿La viste triste porque no se lleva el éxito profesional con la maternidad, en los términos en los que ahora vivimos?

Mi mamá era una mujer que se adaptaba muy bien; muy paciente, muy silenciosa, muy prudente. Quizá nunca nos exteriorizó si estaba o no frustrada, pero lo que sí nos exteriorizaba es que estaba muy feliz con nosotros, sus hijos.

Amaba también muchísimo a mi padre, lo amó profundamente siempre. Alguna vez me tocó verla un poco triste, porque mi papá viajaba mucho, se iba mucho de giras; tengo el recuerdo de que alguna vez, en el cuarto donde dormíamos todos los niñitos –que en ese entonces éramos como 6, porque tengo la imagen de una cuna y cinco camitas–, estábamos jugando y de pronto hicimos una travesura (o una diablura, como decía mi mamá), al riel de la puerta corrediza que daba a un jardincito, le echamos arena, y entonces ya no cerraba, se trabó. Ya se acercaba la noche, y mi mamá se puso muy triste y angustiada porque no pudo cerrarla; y ahí estábamos todos los niñitos, como enanos de Blanca Nieves, empujando también.

Mi papá no estaba, y recuerdo que mi mamá se fue a su cuarto y trató de llamar a mi abuelo, pero no lo encontraba; y hasta la vi llorando, muy angustiada por la seguridad de sus hijos. Finalmente pudo hablar con mi abuelo y le decía: “¡Es que va a hacer frío, y mis hijitos se tienen que bañar y acostar, y se van a enfermar porque la puerta está abierta!”. Y en eso el mayor de mis hermanos corrió por aceite y lo extendió con ayuda de un palito por todo el carril, y entonces empujamos y sí logramos cerrar todos los niños la puerta, y fuimos corriendo a darle la noticia a mi mamá. Fue la única vez que recuerdo haberla visto llorando angustiada.

En general ella siempre estaba muy segura en Dios, segura de que Él nunca nos dejaba; y era “padrísimo” porque ella nos contaba historias, cuentos. Después ya supe que lo que nos contaba era el Evangelio, pero a manera de cuentos. Nos enseñó a entender que Jesús es hermoso, generoso, bueno, amable, siempre dispuesto a ayudar. Cuando acabábamos de desayunar o comer nos decía mi mamá: “Todos, chiquitos, recojan su platito, vayan y lávenlo, ¿qué haría Jesús?”.

Así que crecí de esa forma. Todavía ahora he encontrado muchas respuestas a mi vida con esa hermosa frase de mi madre: “¿Qué haría Jesús?”. Finalmente, mi madre nos heredó mucha certeza, mucha claridad en el sentido de alimentar todos los días la fe; porque desde que te bautizan recibes el don de la fe, pero si no lo alimentas se va apagando o se queda ahí nomás como una medallita que te cuelgas pero que no te aporta mayor cosa. Y eso es algo que mi madre nos decía todos los días: “Hay que alimentar la llamita de la fe; se les está apagando la llamita de la fe, niños; vayan a Misa a aprender”.

Y hasta el día de hoy continúo siguiendo sus consejos hermosos y sabios. Eso me da mucha tranquilidad, incluso con lo que estamos viviendo ahora. A veces nos juntamos los hermanos por “Zoom”, y si alguno está más angustiado que los otros, decimos: “No se angustien, estamos en manos de Dios. ¿Qué haría Jesús en esta situación? Estaría tranquilo”.

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¿Cuáles consideras que son los talentos que Dios te dio?

Encontrarme por primera vez con una guitarra fue maravilloso; a los nueve años me encontré con una, y me sorprendí muchísimo; tocarla era una posibilidad maravillosa. También poder utilizar la voz, poder escribir una canción para transmitir una idea en 3 o 4 minutos. Creo que ésos son los talentos que Dios me ha dado y, por tanto, que me ha encomendado.

Yo estuve por muchos años sirviéndome de ellos para sobrevivir; hice carrera, pero hasta hace poco tiempo, entendí que esos talentos son para darle un servicio a los demás, para generar un bien.

Quiero pensar que, con lo que he trabajado durante toda mi vida, quizá he podido generar un beneficio a mucha gente, con una canción que hable de la paz, del amor a la pareja, del amor a los amigos, del amor a tu oficio o a tu patria, incluso del amor a la libertad, o al sol o al mar. Quiero pensar que ese amor proyectado hacia todas esas bondades que vivimos puede empujar a la solidaridad y a buscar el bien de los más desprotegidos.

De alguna manera ésa ha sido mi carrera dentro de “Mexicanto”, junto con el chico con quien he trabajado más de 34 años, y entiendo que no le hemos hecho daño a muchos; el peor “daño” que quizá hemos generado es llevar a que algunos se enamoren; así nos lo han dicho: “Por esta canción de ustedes, nos enamoramos y nos casamos”; pero es responsabilidad de cada quien.

Hace poquito más de un año entendí que los dones que Dios sembró en mí deben ser para engrandecer su Reino, y para generar un bien en los demás. Yo creo que Jesús estará muy contento con todo esto, porque estamos finalmente, cubriendo una responsabilidad como seres humanos, que hemos sido “sembrados” en un lugar y un tiempo específicos.

Yo tenía 17 años cuando empecé mi actividad en la música, así que tengo un poquito más de 30 años de estar con la guitarra tratando de sembrar algo en los demás.

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Compártenos algo de tu carrera con la guitarra, como compositor, y como locutor porque sabemos que has hecho algunos doblajes de voz. Cuéntanos un poco de esos éxitos que has tenido, que de alguna forma son ofrendas hacia Dios porque Él es el que te dio los talentos.

Yo aprendí a tocar la guitarra entre los 9 y 10 años; formalmente me comprometí a hacer carrera con la guitarra a los 17 años. Mi primer trabajo formal fue ser guitarrista de un señor que se llamó don Chava Flores, un cronista maravilloso; me encantaba su forma de componer canciones con comedia y con crónica, hablando lo mismo de una tienda que de una pulquería o un velorio, o de una calle en su pueblo.

Me lo presentó mi papá cuando estaba haciendo una gira, y nos quedamos los dos solos en el camerino y me preguntó qué hacía yo; le dije que estaba terminando la preparatoria, que iba a ingresar a la universidad y que tocaba la guitarra; él tenía una en su camerino y me preguntó si me sabía alguna de sus canciones, así que le toqué una, me dio tres de sus discos de acetato, me dijo en qué tono estaba cada una de las canciones y me pidió que me las aprendiera para que tocara con él; así fue que a los 17 años empecé a trabajar con Chava Flores. Al mismo tiempo yo era trovador en “El Sapo Cancionero”, y cantaba en un bar y en un restaurante; también cantaba en Casas de la Cultura. Con Chava Flores trabajé 2 años.

Más adelante hice dueto con una buena amiga, Gaby Cejudo; el dueto se llamaba “Flor y Canto”. Cantábamos por todo el Estado de México en una gira.

Siguiendo en “El Sapo Cancionero”, conocí a Sergio Félix, mi compadre, quien luego me invitó a formar con él un dueto, al que le pusimos “Mexicanto”, y con el que dimos nuestro primer concierto a finales de 1985, en Culiacán, Sinaloa.

Desde entonces he cantado al lado de mi compadre Sergio; sólo en el año 2000 hicimos un pequeño receso, porque si uno se enfermaba de laringitis, el otro tampoco podía trabajar; pero teníamos que mantener a nuestras familias, así que pensamos que cada uno debería desarrollar otra actividad paralela, independiente del dueto, para poder sobrevivir si es que el otro faltaba. Entonces Sergio puso su estudio de grabación, mientras que yo me dediqué a hacer algo muy curioso: me acerqué a mi amigo Brozo y me dediqué 4 años a hacer lo que se llamaba “editorial musical”. Después el periodista Amador Narcia me abrió la puerta en la radio para la editorial musical, que se llamó “Edi-trovando”. Fue un trabajo muy intenso.

También a principios del año 2000 me integré al equipo de Disney Latino, para adaptar canciones del inglés al español; eso fue muy lindo, adaptando canciones de “El zorro y el sabueso”, “La bella y la bestia”, “Los muppets”, etc.

He adaptado muchísimas canciones, no recuerdo cuántas. Y, estando una vez en los estudios, necesitaron que yo hiciera una pruebita de voz, porque no había llegado un tercer personaje que había quedado de ir a hacer un casting; y entonces me dijeron: “Pues tú, que eres de los Filios, métete al estudio y haz la voz de Olaf, éste es Olaf; no vas a quedar, sólo lo necesitamos como parte del protocolo, porque tenemos que hacer tres castings; por favor, ayúdanos”. Entonces entré al estudio y dije fingiendo la voz: “Hola, soy Olaf y adoro los abrazos. ¡Me encanta el verano!”, y no sé por qué a los de Disney les gustó la voz rara que hice, y a partir de ese momento, hace 7 años, me metí en el asunto del doblaje; aunque ya había hecho el trabajo de cantar algunas cosas en la película “Los tres mosqueteros” de Disney, con Goofy, Donald y Mickey; y también me había tocado hacer la voz de una tortuguita francesa.

El hecho es que, como había que cantar mucho, me llamaron para participar en el doblaje de Olaf en “Frozen”, para lo cual tuve que tomar algunos cursos de doblaje con mi hermano Mario.

Y en abril del año pasado, al asistir a un retiro muy bello, sentí un llamado muy fuerte de parte de Dios. Nunca he dejado de atender mi religión, pero yo antes era como un católico light. Ahora trato de colaborar acercando la gente a Dios, que es lo más bello que podemos hacer, el mejor regalo que le podemos dar.

David, ¿qué te enseñó Olaf, qué te enseñó Brozo, que te enseñó Chava Flores?

Chava Flores me enseñó a ser profesional. Una vez yo quedé mal con él, porque a los 17 años tenía novia y estaba muy enamorado; ella me invitó a hacer un viaje con su familia de Oaxaca y me fui. Entonces Chava Flores con justa razón se molestó muchísimo conmigo y me hizo ver que él ya me había dado unas fechas y que yo no cumplí; me hizo ver que era un compromiso formal, un trabajo, y que un profesional atiende las cosas con las que se compromete. Con él aprendí eso: que hay que ser muy responsable y muy formal; y también aprendí a subirme a un escenario y entender lo que es estar ahí, frente a 2 mil o 4 mil personas que iban a ver a Chava Flores.

Con Brozo asumí una responsabilidad y un compromiso, porque al meterte a un medio como es la televisión no puedes decir “mañana no voy porque me siento un poquito cansado”, sino que hay que cumplir cabalmente, profesionalmente. Ahí tuve un entrenamiento fortísimo porque fueron cuatro años de estar escribiendo canciones todos los martes con el curso de las noticias que recién habían editado, así que era llegar a las 5 de la mañana, leer periódicos, subrayar noticias y atender las sugerencias de Víctor Trujillo (Brozo) para hacer la canción. De él aprendí muchas cosas: la formalidad, la seriedad, usar tu talento al máximo, no hacer las cosas a medias; y sobre todo, con él aprendí la constancia.

En cuanto a mi trabajo en Disney, no sólo tenía que ser compositor sino adaptar de un idioma a otro las canciones, tropicalizarlas sin alterar el lenguaje para los distintos sectores a los que llega: Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica; es que una palabra puede significar una cosa aquí en México, y otra muy distinta en Argentina u otro lugar. Además me ha tocado trabajar en esto, en una era en que los personajes de animación ya no sólo abren la boquita, sin que hacen inflexiones; es decir, si están cantando en inglés una palabra con “o”, se ve que su boca pronuncia la “o”; así que eso sube el grado de dificultad, porque hay que hacer que las canciones en español coincidan con las vocales y las letras labio dentales de la canción en inglés, además de respetar acentuaciones, rimas y métricas. En este trabajo los de Disney son tremendos, rudísimos, súper exigentes; adaptar una canción lleva hasta una semana, pero puede ser que los de Disney te digan: “La necesitamos mañana a las 4 de la tarde”. Así que lo que más me ha “sacado canas” es adaptar canciones de Disney.

Sin embargo llega Olaf, y fue como un remanso, una delicia de personaje. Yo me identifico con él, en muchas cosas, aunque no en todas, porque yo no amo el verano, adoro el invierno y los días nublados, mientras que ahora a él le encanta el sol; él es blanquísimo, yo soy moreno; pero tenemos nariz de zanahoria los dos, y me encantan los abrazos como a él. Lo disfruto mucho, es un personaje muy leve, muy simpático, muy ligero, que no se complica la vida, a todo le ve el lado positivo. Admiro mucho a este personaje y le he aprendido mucho.

¿Consideras que en Olaf convergen tu niñez, tu adolescencia, los recuerdos de tu mamá, de tu papá y de tus hermanos? ¿Es un personaje donde se funde lo que es David Filio?

Fíjate que yo sí lo he proyectado así; finalmente Olaf es un niño, creo que tiene cinco o seis años, es chiquito; y no tiene problemas con la felicidad. Y yo me siento afortunado porque de verdad tuve una infancia muy feliz, y aunque había algunos problemas, mi papá y mi mamá se encargaban de convertir aquello en algo muy simpático.

Tuve tan buena experiencia de familia que desde muy joven yo ya quería tener mi familia, mis hijitos. Me inventaba a mis hijos imaginarios y platicaba con ellos. Es muy chistoso porque cuando tenía alguna novia hacía yo una tercera voz, como si viniera con nosotros un niñito.
Y cuando me casé y tuve hijos, me divertí mucho, porque proyecté en ellos esa alegría y esa felicidad con la que yo crecí.

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¿Cuántos hijos tienes?

Tengo tres: dos hijas y un hijo.

¿Y haces lo mismo que tu papá y tu mamá hacían, para transmitirles la fe?

Claro que sí. Me casé con una veracruzana muy linda, Laura, y ella es una mujer de mucha fe, muy religiosa, muy cuidadosa de los valores, de la ética, del respeto a los demás; y una mujer muy trabajadora, muy comprometida en lo que hace; por ejemplo, como ama de casa; pero ella también trabajó con Brozo, y trabajó en la cultura. Desde que nos casamos ella ha sido la representante de “Mexicanto”. Es extremadamente cuidadosa, responsable y amable, muy sensata y equilibrada. Y muy transparente y muy directa.
Ella me ha dado una segunda educación; porque mis padres se ocuparon de educarme, pero mi esposa me vino a refinar en muchos sentidos.

¿Tú crees en el matrimonio para toda la vida, y en la fidelidad en el matrimonio?

Pues es que no hay otra fórmula. Aunque no sea fácil. La vida marital no es fácil, porque en toda la vida del ser humano siempre hay riesgos, y el diablo puede meter el pie para hacernos caer en su trampa; y él se regocija cuando ve que un matrimonio fracasa; celebra con bombo y platillo cuando ve que se pelean los esposos, cuando ve que una familia se está desmembrando.

Yo afortunadamente vi en mi familia que, aunque mis padres a veces tenían discusiones, no se podían ir a dormir sin antes darse un beso y abrazarse y pedirse disculpas. Ver eso es clave. Y así es como Laura y yo buscamos darles a nuestros hijos seguridad, pues si unos padres están bien, los hijos están bien.

Ya de adulto yo sufrí por muchos años ataques de ira muy locos, muy fuertes; me dañaba mucho, y a la gente cercana, a mis amigos, a mis hijos, a mi esposa. Y, cuando terminaba un ataque, yo estaba seguro de que el demonio me había agarrado y había hecho conmigo lo que quería, porque le pegaba a mis hijos, escupía a mis amigos y hacía cosas horrendas a los demás, y al final el diablo se iba muerto de la risa mientras yo me quedaba hecho pedazos, me quedaba 15 o 20 días deprimido, dolido, y además había sembrado mucho dolor.

Una vez me pasó algo bien loco; iba saliendo de la casa, y hay enseguida una caseta de policía; algo pasó y me puse súper rudo y violento. A los tres días me llamó la coordinadora de la seguridad de ese lugar y el administrador, y me sentaron en una oficinita y me mostraron el video, y como no tenía audio me preguntaron qué fue lo que pasó; la cámara me había enfocado desde arriba, y yo pensé: “¡Así me ve Dios! ¡Y así me han visto mis hijos, y mis amigos, y mi esposa, desfigurado, violento y pidiendo que se me respete!”.

Te ves en esa versión y dices: no quiero ser ése nunca más en mi vida. Fueron las gotas que derramaron el vaso. Y esas personas me presentaron el video como trampa, para que me sintiera una porquería y no tuviera manera de defenderme. Sin embargo, ellos tienen la experiencia de que si le ponen un video de ese tipo a un vecino, el vecino se pone más violento, se para y se va; pero lo que pasó fue que me entró tanta tristeza y dolor que me puse a llorar; les dije: “¡Discúlpenme, perdón, lo que hice estuvo mal! Esto me ha dañado muchísimo y me ha enfrentado a una versión de mí que no quiero volver a ver, así que les agradezco lo que hicieron”.

Se sacaron mucho de onda, y después ella me buscó y me pidió perdón, diciendo: “Perdón, David, nosotros lo hicimos como trampa para que te sintieras mal”, y yo le volví a agradecer que me hubieran mostrado la peor versión de mí. Me sirvió muchísimo.

Yo, a causa de mi ira, había acudido a un doctor, a un terapeuta, y tomaba medicinas. Pero hace un poquito más de un año entendí lo que es estar cerca de Dios, y se acabaron las terapias y las medicinas; la solución fue orar todos los días, la gente que hace oración todos los días de verdad puede tener una vida muy diferente. Estar permanentemente, todos los días en contacto con Dios, te da mucha paz, calma y serenidad. Yo lo he comprobado.

Si estamos agarrados por un lado de la mano de Dios y por el otro lado de la mano de María, el diablo no se te acerca.

¿Dónde conociste a tu esposa y cuánto duraron de novios?

A Laura la conocí en Monterrey, Nuevo León; ella estudiaba allá, y yo fui a dar un concierto. Al término del concierto se acercó para contratarnos, a fin de que diéramos otro concierto en Monterrey en una universidad; y aunque después no se pudo concretar esa negociación, le hablé por teléfono y le pedí perdón por ello, y le propuse que cuando volviéramos a ir a Monterrey platicáramos, y estuvo de acuerdo.

Y así fue, y nos fuimos a tomar un café y a platicar, y llegó un momento en que hablábamos más de nuestras vidas que de cualquier otra cosa; nos acabamos entendiendo, y luego los dos nos vimos en Ciudad de México y nos hicimos novios, ella me invitaba a comer y a las reuniones familiares.

¿Se enamoraron a primera vista?

Pues sí, ocurrió un enamoramiento muy rápido, muy pronto. Tuvimos un noviazgo muy corto, pues a los 10 meses nos casamos. Ella tenía 23 años y yo tenía 30. Y la verdad es que hicimos bien, pues hemos sido muy felices; no me arrepiento de haber tomado esa decisión.

Ah, entonces por eso Brozo decía “Señora Laurita”, y los televidentes no entendíamos, pero era porque ya se había casado contigo, ¿verdad?

Así es.

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¿Qué significa para ti la Virgen María? ¿Nos puedes hablar de eso?

Para mí realmente la imagen femenina –como la de mi madre, mis abuelas, mis novias, y finalmente mi esposa– es algo muy importante. Es un eje importantísimo en la educación; un ser humano sin una mamá, sin una abuela, sin una novia o sin una esposa es un hombre que se pierde; estoy convencido de ello.

Desde hacía mucho tiempo yo atendía mi religión, iba al catecismo, asistía al coro de mi iglesia, luego fui al grupo de carisma de mi parroquia, y fui amigo de un sacerdote que me invitaba a cantar las Misas y viajaba mucho con él. Pero con mi vida artística me perdí un rato. Fue al casarme que volví a atender mi vida católica, e iba a Cursillos y a unos retiros que se llaman Emaús, y siempre es muy emocionante encontrarte con Dios; pero nunca acababa de entender bien mi compromiso cristiano.

Pero fui a un retiro de Maranatha, realizado por la Fundación Acompaña, la cual fue creada por mi cuñado y su esposa después de perder a un hijo en un accidente, e hicieron esta fundación muy bella para acompañar a padres que pierden a hijos. Yo empecé a colaborar con ellos, y en un momento organizaron un retiro para abril de 2019 y me invitaron a participar en él y a que llevara mi guitarra.

Pero yo ahí no era David Filio, sino sólo un tipo que llegó con su guitarra. Fue en una capilla muy linda, y estaba expuesto el Santísimo, y estaban hablando de las Bienaventuranzas, y entonces voltea hacia mí la señora que estaba dirigiendo el retiro y me dice: “¿Podría cantarnos algo?”.

Pues, claro, si ven a alguien con una guitarra en un retiro, suponen que tú sabes canciones motivacionales, religiosas, alabanzas; pero yo no me sabía ninguna, absolutamente nada. Sabía cantar la Misa cuando tenía 14 o 15 años, y hubiera podido tocar el Padrenuestro o el Aleluya; pero para una dinámica de reflexión no me sabía absolutamente nada, ni alabanzas. Y entonces yo no pude hacer otra cosa que ponerme en manos de Dios, y a ver qué salía; así que me puse a improvisar.

Donde sí sufrí un golpe fortísimo fue después de una de las actividades, cuando uno de los que guiaban el retiro me dijo: “Ahora sí te vamos a pedir que cantes algo a María, por favor; el canto que tú quieras. Y si es tuyo, mejor”. Vi una imagen muy bella de María que había ahí, y Ella me miraba como diciéndome: “¿Tienes algo para mí? ¿Has compuesto algo para mí?”. Era increíble que a mis 56 años de vida yo no hubiera compuesto nada para María, ni una canción, ni un versito, ¡nada!

Y a mi cabeza no se le venía nada, ni siquiera “Desde el Cielo una hermosa mañana…”. No pude improvisar, no pude acordarme de nada, así que no canté nada. Me sentí muy mal. “¿No te sabes ningún canto a María? Bueno, hermano, gracias. Ahora todos vamos a cantar”. Y entonces las señoras sacaron la situación a flote cantando un canto a María, y yo me sentí súper mal. ¿Cómo era posible que yo jamás hubiera atendido a María, cuando Ella, desde que nací, nunca había dejado de tenderme su mano?

Y entonces ese día me prometí que no me iba a dormir hasta que escribiera una canción digna a María. Y hasta que no la hice y se la canté a Laura como a los 2 o 3 de la mañana no me sentí tranquilo. Y al día siguiente canté la canción en el retiro.

Fue así como yo entendí que debía bajarme ya de mi soberbia, de mi ego; que yo no podía estarme evaluando como el súper David Filio. Y eso lo hizo María, con su paciencia, decirme que me bajara de mi pedestal y me pusiera como Ella al pie de la Cruz, entregándome al servicio de Cristo. ¡Y que nunca pretendiera ponerme arriba de la cruz sino abajito, abajito de los pies de los demás, postrado ante Dios!
Cuando regresé de ese retiro, decidí que en adelante mi prioridad sería cantarle a Dios, alabarlo y bendecirlo, y agradecer a María. Usar mis dones no para engrandecer el nombre de David Filio sino para engrandecer a Dios.

¿Has pensado que en tu regreso a Jesús por María también tuvo que ver tu esposa, que tal vez había orado por ti?

Definitivamente. Ella, y mi suegra y mi mamá siempre estuvieron intercediendo por mí. Todas las imágenes femeninas en mi vida siempre han sido una imagen de María.

Es extraño pero, aunque a mí me encantaba pensar en Jesucristo, yo ni volteaba a ver María. No me sentía identificado con los cantos marianos ni con la Virgen de Guadalupe. Después caí en la cuenta: “Señor, Tú nos diste a tu Madre para que nos cuidara; y a mí además me pusiste una mamá, una abuela y una esposa impecables”.
Vivo infinitamente agradecido por ello.

Por último, ¿qué proyectos vienen para David Filio? En lo secular y en lo religioso.

Viene mucha actividad con la gente de “Cielo Abierto”, con quien venimos trabajando desde casa; Pedro y Cristal son un amor, son gente linda, gente buena que me ha abierto una posibilidad maravillosa de hacer muchas cosas desde mi estudio, desde mi casa; y lo seguiré haciendo.

Con mi compadre Sergio, con quien hago “Mexicanto”, de pronto tenemos actividades, conciertos para seguir manteniendo a nuestras familias.

Y estoy preparando un segundo disco de trova católica, pues ya tengo el primero.

¿Y tu música, la música de David Filio, dónde la pueden escuchar?

Mi música está en Spotify y todas las plataformas musicales. Hay un disco que hice el año pasado y que se llama “Me salvas”, donde vienen canciones como “María, así eres tú”, y “Expuesto en el altar”; son nueve temas que escogí cuidadosamente, muy lindos.
Ahorita ya tengo muchos temas que he compuesto, así que estoy preparando mi segundo disco de trova católica, que se va a llamar “Desde que el día comenzó”, que es el título de una de las canciones que voy a incluir.

¿Entonces has cerrado las puertas al trabajo secular, por ejemplo para Disney?

No, ahí estamos; sigo trabajando. Me estaban hablando para que doblara a otro personaje, que hace Josh Gad, y que es el actor que le da la voz a Olaf en Estados Unidos; y me estaban buscando para que yo doblara otro personaje suyo; pero la verdad es que el doblaje no es lo mío, me pongo un poquito nervioso, así que decidí dejar el trabajo a otros.
Pero el doblaje que sí seguiré haciendo, y que me encanta, es el de Olaf.

 

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