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Un libro en papel nos ayuda a profundizar

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Coger un libro impreso en papel te permitirá leer sin las distracciones propias del uso de la nuevas tecnologías.

Leer sin distraerse

Este título no sugiere que un libro digital no nos permita profundizar. Se puede profundizar con un libro digital, pero creo que es más difícil concentrarse. Un libro digital es menos manejable, menos práctico, y sobre todo es más distractivo. Distrae más: te ofrece muchas opciones la mar de espectaculares, pero no dejan de ser, a menudo, trabas para una lectura continuada en la que cuando cogemos carrerilla y llevamos una hora entera se pone en marcha una atención, que, si estamos descansados, funciona a pleno rendimiento.

Entonces se produce una armonía lector-libro en la que todo fluye y si además permanecemos en un ambiente de silencio la comprensión lectora ofrece todas sus posibilidades.

Si estamos ante un libro-literatura se incrementará el disfrute, si ante un ensayo ganaremos en mayor intelección de los contenidos. ¿Pero la literatura también exige manejar contenidos, datos, personajes, historias y matices? Es verdad: no hay tanta distancia entre el libro de ficción (si este es de lectura exigente) y el libro de no-ficción.

Leer en libro digital

Se me dirá que un libro leído en Kindle es diferente que un libro leído en una tableta. Es más tranquilo y orientado a la lectura. Pues vaya usted a este link y comprobará que hay 21 trucos y consejos para el Amazon Kindle. Tanto en un ordenador fijo, como en un portátil, como en una tableta (iPad, Chromebook es una opción entre el portátil y la tableta) la lectura digital tiene interrupciones.

Y la verdad es que dan ganas de echarles un ojo, algunas muy útiles, pero no estamos siempre ante una lectura concentrada. Si nos vamos a un móvil ya es un problema de andar pegados a una relativamente pequeña pantalla. Esta pequeña letra no nos permite leer textos largos dado que si hablamos de lectura intensa un smartphone acaba cansando.

El libro en papel va en railes

¿Es bueno que sea así? Pues si de lo que se trata es de hacer una lectura profunda, focalizada, llamada a no perder ningún aspecto importante ni secundario, los raíles nos ayudan a ir a una velocidad constante sin salirnos del eje de la lectura. No hay paradas ni notificaciones ni experimentos con esa “función tan práctica” que ofrece lo digital.

Roberto Casati, en su libro denominado Elogio del papel (2015), señala algo muy obvio pero muy grande: el lector en papel delega “la organización de la información en la sucesión de sus páginas”.

El libro te lleva en un viaje en tren (preferiblemente lento) en el que la calma, el ritmo, el despliegue de las ideas y los acontecimientos se mecen plácidamente en la cabeza del lector. No hay que organizarse para sacarle todo el “rendimiento digital” a la lectura. El libro te lleva.

Además, el libro se deja tocar y mirar

Este asunto no es indiferente. El libro se maneja con unas manos y unos dedos que resiguen las tapas, el lomo, y una vista que paladea el paso de las hojas y que hasta permiten, en el libro de no-ficción, subrayar con un lápiz las ideas centrales. ¡Ah!, me dirá el lector digital, ¡esa función también la tiene el libro digital! Sí es verdad. Pero qué sencillo y táctil y fácil es hacerlo con un lápiz que incluso puede tener una goma en su extremo opuesto.

Y además los libros huelen a nuevo o a viejo, incluso a humedad. ¡Y el papel tiene una textura y un roce y un color blanco roto tan atractivos! Y la tipografía habla por sí misma. Y si podemos contar con una cinta como punto de libro el placer ya roza sutilidades muy delicadas. Las yemas de los dedos lo agradecen y la vista también se delecta en cada línea.

El libro de papel solo permite hacer una sola cosa: leer

El libro digital permite hacer varias cosas al mismo tiempo sobre todo si andamos con un portátil o un ordenador fijo. Y según el trabajo que realicemos puede ser muy útil. Por ejemplo, ante un informe técnico. Buscar términos, quizá traducir alguna palabra que ofrece dudas, andar en busca de imágenes explicativas que no están en el texto. Es la multitarea. Este camino puede ser útil pero también muy distractor. Sin embargo, el libro de papel solo permite hacer una cosa: leer. ¡Eso es poco, se quejarán muchos! Eso es mucho propongo yo. Hacer una sola cosa muy bien hecha de un modo muy focalizado es un tesoro.

En la era de la aceleración lograr una tarea tan costosa, en un ambiente sereno y silencioso, es algo parecido a una paz y un sosiego plagado de mensajes. Entonces el libro habla de verdad y con libertad. Y quizá el rito de lectura se ralentiza tanto que se oye la voz del autor más allá del texto escrito. Y entonces cabe suspender el aliento y mascullar interiormente esa metáfora tan brillante que nos estremece.

Y si hablamos de orar con un texto sagrado, con la obra de un místico, quizá ante el Señor expuesto en la custodia, entonces el tiempo se detiene y adquiere tonos de eternidad.

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