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El padre de “El Ratoncito Pérez” era un jesuita

RATON PEREZ
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La historia poco conocida de un entrañable personaje de la infancia y cuyo cuento tiene como protagonista al sacerdote Luis Coloma Roldán

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Una de mis hijas acaba de cumplir seis años. Hace poco se le empezaron a caer sus primeros dientes (¡los de leche!) ¿Y qué sucede cuando esto acontece? Viene “El Ratoncito Pérez” (o simplemente “El Ratón Pérez” o “El Ratón de los dientes”, según el país de habla hispana en que se encuentre) y se los lleva.

Es que la historia de este famoso personaje ha atravesado a muchas generaciones, a pesar de que haya que lidiar también con otras tradiciones –como en países anglosajones o Alemania, por ejemplo- de la talla del “Hada de los Dientes”.

El modus operandi para que pueda actuar “El Ratoncito Pérez” es siempre el mismo: dejar el dientecito recién caído, ponerlo debajo de la almohada y esperar a que venga a cambiarlo por dulces (o también alguna monedita). A la mañana siguiente, si todo va bien, todo es alegría entre los más pequeños. Y aquel primer dientecito caído quedará para siempre en el recuerdo.

El origen del cuento

Pero detrás de la historia sobre el “El Ratoncito Pérez” hay otra menos conocida, pues a veces pasa desapercibida la persona a quien se le atribuye el origen del cuento. En España esto está vinculado a Luis Coloma Roldán, escritor y jesuita español nacido en Jerez de la Frontera en 1851.

 

LUIS COLOMA
Public domain

 

Según algunos trabajos biográficos (Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004)) como el publicado en este sito web Biografías y Vidas, Coloma cursó derecho en Sevilla y luego se trasladó a Madrid. Fue ahí donde empezó a frecuentar tertulias, verdaderas fuentes de inspiración para futuras obras literarias.

Pero en la vida de Coloma sucedió un hecho que lo marcaría para siempre. Mientas limpiaba un arma tuvo un incidente casi mortal y que le dejó una herida grave en el pecho, episodio que lo terminó impulsando a ingresar a la Compañía de Jesús y ordenarse sacerdote.

El padre Coloma no abandonó el periodismo, donde también supo incursionar, y menos su pasión por las letras. Y es por eso que lleva sobre sus hombros una buena producción literaria entre la que se destaca una sátira social de nombre Pequeñeces (1891).

No obstante, Coloma también se destacó en los cuentos infantiles, en especial en el que más interesa en este momento: nada más ni nada menos el que hace referencia a “El Ratoncito Pérez” (considerado el primer cuento que tiene como protagonista al ratoncito). Según el trabajo anteriormente citado, este cuento estuvo dedicado al futuro rey Alfonso XIII –por aquel entonces tenía ocho años- y fue publicado por primera vez en la revista Nuevas Lecturas junto a otros relatos. Recién en 1911 aparecería publicado como obra independiente.

El legado de Coloma y este ratón permaneció intacto con el transcurso del tiempo. En España, incluso está la Casa Museo Ratón Pérez, sitio para conocer mejor sobre esta tradición a través de un simpático recorrido.

Más imágenes aquí (hacer click en galería): 

 

Ratón para rato

La historia de «El Ratoncito Pérez» rompió fronteras. Se ha extendido por diversos lugares y se ha transformado en más cuentos, dibujos animados, películas y hasta temas musicales.

 

 

 

 

«Se me cayó un diente, me miré al espejo
me dio mucha risa parecía un viejo.
Pero en esta misma noche, mi diente yo lo puse
debajo de la almohada y verán lo que paso
¿qué pasó?¿qué pasó?

Que vino el ratón Pérez y se lo llevó
vino el ratón Pérez y se lo llevó…
y mucho dinero él me dejó,
porque el ratón Pérez le compra los dientes
a los niños buenos, buenos y obedientes.

Si se te cae un diente no te desesperes,
si eres un buen niño viene el ratón Pérez.
Levanta tu almohada tu diente se lleva
te el dinero y se vuelva a su cueva
¿Y entonces qué pasó?¿Qué pasó?

Que vino el ratón Pérez y se lo llevó
vino el ratón Pérez y se lo llevó…
(bis)»

 

He aquí «El Ratoncito Pérez», personaje que sin duda se seguirá quedando con todos los dientes y las sonrisas de grandes y pequeños. Eso sí, solo con una condición, que sean “buenos y obedientes”. ¡Pero ratón hay para rato! 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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