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¿Cómo será el próximo curso escolar de mis hijos?

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¿Qué pasará con la escuela si hay un rebrote? ¿Se está planificando? ¿Será obligatorio ir al colegio?

Venimos de un curso en el que tuvimos que interrumpir las clases presenciales de los niños e improvisar. Ahora que parece bastante probable que haya un rebrote de contagios de Covid-19, ¿qué se está haciendo para planificar el próximo? ¿Simplemente pasará como el final de curso pasado? ¿Podemos aprender algo de esta experiencia para abordar mejor el futuro? 

Si mis hijos van al colegio, ¿estarán seguros? ¿Qué pesa más en esta decisión: el riesgo al coronavirus o los beneficios psicológicos, sociales, educativos e intelectuales de la escolarización? ¿Qué protección tendrá que llevar en clase, en el patio, en el comedor…? ¿Mascarilla, pantalla, guantes…?

Estas son algunas de las preguntas que se están haciendo ahora muchos de los padres y madres con los que hemos contactado.

María espera que la escolarización no sea obligatoria y se permita a los padres decidir sobre una cuestión sanitaria de tanta importancia. De hecho ella se plantea que sus dos hijos pequeños no vayan a escuela: «Uno tiene 2 años, y le resultará imposible llevar mascarilla y mantener distancias, y el otro, en segundo de Educación Primaria, tiene diabetes y temo complicaciones de salud si se contagiara; es más vulnerable que el resto de los niños». 

Para Alicia, no se trata solo de la salud de tus hijos, «sino de la sensibilidad, experiencia, circunstancias y sentido de responsabilidad social que tenga cada familia».

Para muchas familias estos meses han sido tan complicados para conciliar la vida profesional con el cuidado de sus niños que se plantean cambios de vivienda y en la organización del hogar para sobrellevar la pandemia. La familia de Alicia está precisamente ahora de mudanza. Dejan la ciudad para instalarse hasta finales de año en el campo. «Allí pasaremos el verano y, si volvemos a estar confinados, tendremos mejor calidad de vida».  

Por su parte, Pedro piensa en aumentar las horas de su empleada del hogar e incluso contratarla como interna. Tendrían que habilitar una habitación para que pueda quedarse en casa pero «puede ser solución necesaria para disponer de más tiempo para poder trabajar con más calma y ayudar a los niños con sus tareas escolares».

Sofía considera crucial «tener mayor planificación escolar. Si los padres tenemos que supervisar la escolarización, sería útil que recibiéramos de la escuela no solo los deberes, sino una previsión de los contenidos que deben aprender en un periodo de tiempo. Creo que sería útil planificar más los contactos virtuales de los niños con sus amigos al igual que algunas actividades extraescolares que puedan ser retomadas con todas las medidas de seguridad recomendadas. Estoy pensando en el tenis, por ejemplo, que es un deporte que no es de contacto, o en clases particulares para reforzar alguna materia».

Rocío piensa que «los niños necesitan socializarse, pero creo que la gravedad de la situación requiere un gran esfuerzo por parte de todos. Hay que hacerlo con mucho cuidado, teniendo en cuenta grado de madurez de cada niño y la situación del entorno».

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Un posible escenario 

La incertidumbre provocada por la pandemia es tal que no podemos afirmar cómo será el próximo curso. De hecho, en cada país e incluso región se están adoptando medidas distintas. Así, en muchos países europeos los niños ya están en el colegio. En Francia, por ejemplo, se ha impuesto como obligatoria la vuelta a las aulas en este final de curso. 

Mientras, en los países en los que todavía las escuelas permanecen cerradas, se plantean diferentes escenarios para su reapertura.

Uno de ellos es que el próximo curso escolar arranque en septiembre siendo cien por cien presencial para los alumnos de Educación Infantil y Primaria mientras que, para los estudiantes de Educación Secundaria,  la enseñanza sea semipresencial.

Las familias, muy cansadas ya tras duras semanas de confinamiento y meses de complicada organización para atender a sus hijos y realizar las tareas del hogar sin descuidar sus obligaciones profesionales.

Parece que son ellas las que necesitan con mayor urgencia volver a la normalidad que para ellos significa sobre todo que los niños vuelvan al colegio.

Por su parte, los alumnos de Secundaria al ser más autónomos y responsables, no necesitan tanta supervisión de los padres por lo que, si para minimizar el riesgo de contagio es preciso combinar la educación on line con la presencial, esta situación sería probablemente más fácil de gestionar tanto para el colegio como para sus familias.

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Esta sería una de las medidas que están contemplando las autoridades para poder así disminuir el número de alumnos en el aula prevenir la propagación del coronavirus. Además, en los colegios pueden tomar otras medidas como:

  • crear nuevos grupos con un máximo de 20 alumnos en el aula
  • habilitar nuevos espacios para distanciar a los estudiantes al menos 1,5 metro
  • contratar nuevos profesores
  • controlar que todos, alumnos, padres, profesores y el resto del personal del centro cumplan todos el protocolo sanitario (temperatura inferior de 37,5; mascarilla para los mayores de 10 años y lavado de manos).
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El desafío es ingente tanto a nivel organizativo como económico y de prevención socio-sanitaria. Por eso, hemos de estar preparados y atender las recomendaciones de los expertos, como las ofrecidas hace unos días por parte de la Asociación Española de Pediatría (AEP), que en una propuesta basada en su conocimiento y experiencia sugería estas iniciativas para atender a los niños menores de 6 años en condiciones de seguridad durante la pandemia:

  • Plantear ampliar el tiempo de baja maternal o paternal hasta los 12 meses, como existe ya en otros países de nuestro entorno, y evitar así la escolarización forzada de los hijos por motivos laborales de los padres.
  • Detectar contagios en tiempo real; tener camas de UVI disponibles; aplicar los protocolos actualmente vigentes…
  • Flexibilizar los horarios de entrada y de salida de forma que se permita una mejor distancia física entre alumnos y se eviten aglomeraciones en la puerta de la escuela.
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  • Como la medición de la temperatura antes de entrar en la escuela puede resultar discriminatoria y atentar contra la confidencialidad; propone un acuerdo firmado por los padres de que vigilarán al niño y no irá a la escuela si tiene más de 37,5ºC, fiebre, tos, diarrea u otras manifestaciones que sugieran enfermedad o que han estado en contacto con algún familiar enfermo o personas posiblemente infectadas y que serán atendidos por el pediatra quien valorará el aislamiento.
  • Debería habilitarse una zona de “aislamiento” por si la aparición de la fiebre ocurre una vez los niños o los profesores ya están en la escuela.
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  • Extremar las medidas de higiene (lavado de manos, higiene de objetos usados, etc.) asegurando el lavado de manos cada 2 horas, antes y después de comer o visitar el baño.
  • Uso individual de materiales; si se comparte que sea de fácil limpieza y esta se haga de forma frecuente y al terminar la jornada. Cuando se vayan a compartir materiales lavar las manos antes y después.
  •  No traer ni llevar cosas a casa, a no ser que sea imprescindible.
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  • Maximizar el tiempo en el exterior/al aire libre. La transmisión del virus es claramente más frecuente en ambientes interiores o cerrados, y relativamente infrecuente en el exterior, Se recomienda explorar la posibilidad de trasladar una parte o la totalidad de actividades docentes al exterior.
  • Las visitas de padres, familiares y otras personas a las instalaciones de los centros deben restringirse en lo posible.
  • Para la entrada y salida de la escuela, en las aulas, y sobre todo para las pausas de recreo y de comidaspuede ser razonable plantear grupos fijos de compañeros, de un número reducido de niños, “burbujas socializantes”, con un mismo profesor, minimizando el contacto entre los diferentes grupos. Estos grupos facilitarían también el aislamiento posterior y trazabilidad de la infección en caso de aparición de algún caso. La burbuja debe ser lo suficientemente pequeña para tener unas normas de comportamiento y para que se diferencie de la clase (aula) normal.
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  •  En cuanto a la comida; los grupos podrían cada uno comer en su clase. Los comedores, si se utilizan, deberían ser muy rigurosos en cuanto a la higiene, no compartir utensilios y distancia. En los centros en los que sea jornada continua se podríarecomendar que, en la medida de lo posible, coman en sus domicilios, al igual que en guarderías.

 

Aquí puedes leer toda la propuesta formulada por la AEP

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