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El escritor que lucha contra la prostitución de niñas en Tailandia

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José Luis Olaizola creó la ONG Somos Uno y ya ha escolarizado a más de 2.000 niñas.

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En el que sería su primer viaje a Tailandia, el escritor José Luis Olaizola conoció a Ama, una niña que vivía en un prostíbulo y era explotada sexualmente. Un día, Ama había decidido prender fuego al burdel. La policía la había detenido y ella explicó los motivos de su acción: allí la humillaban, le pegaban y la sometían. No le habría importado morir en el incendio si con ella también hubiera muerto el amo del prostíbulo que le provocaba tanto dolor.

Olaizola tenía entonces más de 80 años, pero su espíritu -como ahora- era inquieto y no podía mirar hacia otro lado.

Conoció allí a Alfonso de Juan, un misionero jesuita de origen español que lleva años en Tailandia tratando de combatir la prostitución infantil desde una entidad que lleva por nombre Jess Foundation. Decidió que iba a ayudarle como pudiera.

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Niñas tailandesas que reciben ayuda de la oenegé para ir a la escuela.

A su vuelta a España, Olaizola siguió con la vida de escritor. Premio Planeta en 1983 por «La guerra del general Escobar»; novelista de éxito; autor de biografías históricas sobre personajes como Hernán Cortés, Juana la Loca o Elcano; premio Barco de Vapor del literatura infantil y juvenil por «Cucho»; articulista famoso por sus páginas de la revista femenina «Telva»… Trasladó la experiencia de Tailandia a «La niña del arrozal», una impactante novela que en 2012 le valió el premio Troa de ‘Libros con Valores’.

Le tocó dar una conferencia en Bilbao y aprovechó para hablar de lo que le había ocurrido en Tailandia.

Una carta desde Tailandia

Además, antes había sucedido algo singular. Un día recibió una carta de una profesora hispanista de Tailandia, Rasami Krisanamis, en la que le pedía permiso para publicar «Cucho» en tailandés.

«Me decía que no me podría pagar derechos de autor porque los beneficios de la edición los dedicaba a una escuela para niñas que así escapaban de las garras de las mafias sexuales». Olaizola accedió a que no le pagara nada y no se da ningún mérito: «Lo hice no por generosidad, la verdad, sino por pereza -confiesa- porque cobrar derechos de otros países cuesta. Si cuesta en Francia, imagínate en Tailandia. Así que le dije que adelante con la traducción».

Una caja de cartón con 3.000 euros

Olaizola contó todo en la conferencia de Bilbao: la escuela para las niñas, Rasami, el padre Alfonso de Juan, la trata de niñas en Asia… «Con solo 100 euros que me dieran ustedes, tendría para una beca de un año para una niña», les dijo.

«Al despedirnos, me entregaron una caja de cartón con 3.000 euros que se acababan de recoger entre el público«. Olaizola se quedó impresionado.

Y sigue, con sentido del humor: «Tomé conciencia de que en España seré un don nadie pero en Tailandia soy un mecenas«. Así que decidió aprovechar la página que «Telva» le brindaba mensualmente para pedir más ayuda contra la prostitución de niñas en Asia. La respuesta fue masiva.

Así comenzó la oenegé Somos Uno. Olaizola al frente, busca fondos para las escuelas que dirige el padre De Juan y en las que colabora activamente Rasami Krisanamis. Marisa, la esposa del escritor, era la vicepresidenta y sus hijos también colaboran activamente.

Más de 2.000 niñas en la escuela

«En menos de 10 años, llevamos más de 2.000 niñas apartadas de la prostitución y escolarizadas. Más de 800 ya han podido ir a la Universidad«.

Para él, que es un señor nonagenario, la oenegé es un potente motor: «Hacer que alguien que sería carne de prostíbulo pueda escapar de esa situación y vaya a la escuela y encuentre una vida mejor es ya cambiar el mundo poco a poco. Así lo veo yo».

«Por lo menos una»

«Esto se debe -explica- a lo que me dijo el padre De Juan una vez. Cuando yo le comenté que la escuela servía a un puñado de niñas pero las cifras de prostitución en Asia hablan de millones, él me respondió: ‘por lo menos una'».

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El padre Alfonso de Juan coordina la ayuda que llega desde Somos Uno.

Dos católicos y una budista trabajando juntos

A Olaizola le gusta recordar que «en este proyecto nos hemos juntado un misionero jesuita, una budista y un supernumerario del Opus Dei. Como dice Rasami, para hacer el bien no hace falta tener el mismo credo».

En esta aventura Olaizola pone los cinco sentidos, pese a algunas limitaciones físicas que no le impiden seguir teniendo encuentros con el público y escribir. «Hemos podido mandar ya 3 millones de euros», afirma muy contento. Y se maravilla de «la generosidad de muchas personas, esta mañana mismo hemos podido enviar 3.000 euros», cuenta.

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Niñas que ya no estarán expuestas a las mafias del tráfico sexual.

Marisa, su esposa y «consejera literaria», falleció de COVID-19

Olaizola ha experimentado una etapa difícil en estos últimos meses. Su esposa, Marisa, con quien llevaba casi 70 años de matrimonio, falleció a causa del coronavirus el pasado 22 de marzo. Sus 9 hijos y una cantidad ingente de familiares, amigos y lectores le arropan.

Aunque pueda parecer extraño, los lectores conocen mucho a Marisa porque Olaizola siempre ha hablado de ella en sus artículos, con mucho humor y mucho amor. Ahora la extraña cada día «y hablo mucho con ella, casi sin darme cuenta».

«Lo ha sido todo en mi vida»

«Una monja, Gema, me animó -dice Olaizola- a escribir sobre Marisa, ella que lo ha sido todo en mi vida«. Y así lo ha hecho. En dos meses ha concluido el manuscrito y está listo para publicarse en breve. De modo que su «consejera literaria», como la llama muchas veces en broma, será la protagonista de su próximo libro.

 

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