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El sacerdote contemporáneo por el que se recuerda a los barrenderos

MAURICIO KLEBER SILVA
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El padre Mauricio Silva fue secuestrado el 14 de junio de 1977 por fuerzas identificadas como policiales

El 14 de junio se celebró en la Argentina el Día del Barrendero, jornada en la que desde 2003 se honra a quienes diariamente limpian los espacios públicos. En el origen de la efeméride, la vida y desaparición de un sacerdote, el padre Kléber Mauricio Silva Iribarnegaray, nacido en Uruguay.

Mauricio Silva nació en una familia muy humilde de Montevideo en 1925. Llegó a la Argentina para sus estudios en la familia salesiana, en la que fue ordenado sacerdote en 1951. Fue parte de la misión salesiana en la Patagonia, aunque regresó a su país a finales de la década del 50 para acompañar a su madre, en grave estado, y se incardinó en Montevideo.

Ya en la década del 70, se acercó a la familia espiritual de Charles de Foucauld y se unió a los Hermanos del Evangelio, fraternidad basada en tres pilares: oración, vida fraterna, y compartir la vida de los pobres. Para ello, regresó a la Argentina a unírseles en Fortín Olmos, Chaco. Vivió en Rosario, y al tiempo, como parte del compartir con los pobres, el padre Mauricio comenzó a trabajar con ellos como barrendero en Buenos Aires. Y a comprometerse en mejores condiciones de trabajo para ellos.

“Aquí no valen las investiduras o nombramientos de obispos para presentarte a los feligreses de una parroquia… Ni los proyectos de obras y construcciones para entrar en un barrio, aquí la relación y por tanto la presentación es por la única puerta que Dios le puso a la vida: la amistad… Lo cierto es que un buen día en Buenos Aires, con toda mi carga de esperanzas, me sorprendí mirando en el barrio de La Boca a un barrendero… un hombre pequeño y sucio limpiando una calle. Fue cosa de segundos… allí estaba mi lugar… y los “muchos hombres que tengo en la ciudad para ti”, como encontré luego en San Pablo. El cuadro me lo decía todo. Como uno de ellos, para ellos, buscando con ellos, para anunciarles a ellos”, reflexionaba el padre Silva.

“No fue un militante político, fue un trabajador, un barrendero comprometido con su realidad. Participó de una serie de planteos sindicales muy concretos que buscaban mejorar la calidad del trabajo de los barrenderos”, asegura Alicia Vázquez, autora del libro sobre su vida “Gritar el Evangelio con la vida”.

No obstante, el padre Silva fue secuestrado el 14 de junio de 1977 por fuerzas identificadas como policiales. Le venían advirtiendo que podría ocurrir, pero él desestimaba las advertencias pues sus únicas armas, decía, eran la escoba y la pala. Nunca se supo fehacientemente que ocurrió después, aunque se realizaron múltiples denuncias en todo el mundo para que se revele su paradero (actualmente, en Uruguay,  se encuentra en la lista de los desaparecidos durante la dictadura e incluso su nombre suena durante la Marcha del Silencio en homenaje a estas personas cada 20 de mayo) .

 

“Toda nuestra vida, por muda que sea, la vida de Nazaret, la vida del desierto, tanto como la vida pública, deben ser una predicación del Evangelio por el ejemplo: toda nuestra existencia, todo nuestro ser, debe gritar el Evangelio, sobre los tejados, toda nuestra persona debe respirar Jesús, todos nuestros actos, toda nuestra vida”, decía el beato Foucauld, quien será próximamente canonizado tras la aprobación de un milagro atribuido a su intercesión a finales de mayo.

Por el padre Mauricio Silva, sacerdote comprometido con vivir ese ideal de gritar el Evangelio con la propia vida, hasta el punto de darla como lo hizo el beato Foucauld, los barrenderos argentinos tienen su día y ejemplo a seguir.

 

 

 

 

 

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