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El hermano de Juan Pablo II murió cuidando a enfermos de una pandemia

Edmund Wojtyła
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Edmund Wojtyla arriesgó su vida como médico durante una epidemia de escarlatina y murió después de tratar a un paciente

San Juan Pablo II experimentó una gran cantidad de sufrimiento durante su infancia. Primero perdió a su madre cuando tenía nueve años, y luego perdió a su único hermano, Edmund, unos años más tarde.

Edmund Wojtyła era médico, y su ejemplo de amor desinteresado tuvo un impacto duradero en su hermano menor. Edmund obtuvo su título de médico de la Universidad Jaguellónica en 1930.

En 1931 comenzó a trabajar como médico en el Hospital Estatal de Bielsko y fue un médico entregado. En esos momento hubo una epidemia de escarlatina, pero a pesar de los riesgos para su propia salud personal, Edmund continuó su práctica, poniéndose en peligro.

Según Alessandro Gisotti en Vatican News, Edmund es recordado como un buen samaritano: dio su vida tratando a una niña con escarlatina, una enfermedad para la que, en ese momento, no había vacuna. El joven médico sabía las posibles consecuencias, pero al igual que el buen samaritano, no contaba el costo para sí mismo, sino que solo se preocupaba por atender a los necesitados.

Como recordó el futuro Papa muchos años después, la muerte de Edmund fue un shock para él, no solo por las circunstancias dramáticas que lo rodearon, sino también porque Karol había madurado más desde la muerte de su madre.

El ejemplo del “martirio del deber” de su hermano quedó grabado para siempre en la memoria de Karol Wojtyla. Edmund murió a los 26 años, teniendo un profundo impacto en Juan Pablo II, mostrándole lo que significa sacrificar la vida de uno por el bien de los demás.

No debería sorprendernos que, a lo largo de todo su pontificado y ministerio sacerdotal, para Juan Pablo II fuese una prioridad visitar hospitales y ancianos. Por ejemplo, Juan Pablo II solía acudir al Hospital Gemelli de Roma durante su pontificado, tanto como visitante como paciente.

Incluso en broma llamó al hospital su tercera residencia papal, “Vaticano III”. Juan Pablo II mantuvo una gran admiración por los trabajadores de la salud durante el resto de su vida, y siempre los alentaba donde quiera que fuera.

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