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El Papa: Comunicadores y educadores ayudan en el aislamiento

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Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 01/04/20

En su homilía, Francisco recuerda que el discípulo de Jesús es un hombre libre, un hombre de tradición y novedad, porque se deja guiar por el Espíritu Santo y no por ideologías

En la misa de Casa Santa Marta, vía streaming live, desde el Vaticano, el papa Francisco hoy pidió a Dios por los trabajadores de la comunicación y a los educadores para que ayuden a la gente a soportar este período de aislamiento.

«Hoy me gustaría que rezáramos por todos aquellos que trabajan en los medios de comunicación, que trabajan para comunicar, hoy, para que la gente no se encuentre tan aislada; por la educación de los niños, por la educación, para ayudarles a soportar este tiempo de cierre”.

Al inicio de la celebración, este miércoles, 1 de abril de 2020, 5ª semana de Cuaresma, Francisco realizó una oración de liberación:

«Líbrame, Señor, de la ira de mis enemigos. Me elevas por encima de mis adversarios y me salvas del hombre violento» (Sal 17).

En la homilía, reflexionó sobre las lecturas del Evangelio del Día, el libro de Daniel (3,14-20. 91-92.95 – 3,52. 53. 54.55.56) y el Evangelio según San Juan (8,31-42) en el que Jesús asegura: la verdad les hará libres, crean como Abrahán.

«Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres”.

«Ser discípulo significa dejarse guiar por el Espíritu Santo: por eso el discípulo de Jesús es un hombre de tradición y novedad, un hombre libre, nunca sujeto a ideologías«, dijo el Papa.

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“En estos días, la Iglesia nos hace escuchar el capítulo octavo de Juan: hay una discusión tan fuerte entre Jesús y los Doctores de la Ley…

Y sobre todo, hay un intento de mostrar la propia identidad: Juan intenta acercarnos a esa lucha por aclarar la propia identidad, tanto la de Jesús como la de los médicos.

Jesús los pone en un rincón mostrándoles sus contradicciones. Y ellos, al final, no encuentran otra salida que el insulto: es una de las páginas más tristes, es una blasfemia. Insultan a la Virgen María.

Pero hablando de la identidad, Jesús dijo a los judíos que habían creído, les aconsejó: ‘Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos’.

Volvió a esa palabra tan querida por el Señor que la repitió muchas veces, y luego en la cena: ‘Quédate’. ‘Permanece en mí’. ‘Permanece en el Señor’.

Jesús no dice: «Estudia bien, aprende bien los argumentos»: lo da por sentado. Pero va a lo más importante, lo que es más peligroso para la vida, si no lo haces: quedarte.

«Permanece en mi palabra». Y aquellos que permanecen en la palabra de Jesús tienen su propia identidad cristiana.

¿Y qué es eso? «Ustedes son mis discípulos». La identidad cristiana no es una tarjeta que dice «Soy cristiano», una tarjeta de identidad: no. Es el discipulado. Tú, si permaneces en el Señor, en la Palabra del Señor, en la vida del Señor, serás un discípulo.

Si no te quedas, serás uno que simpatiza con la doctrina, que sigue a Jesús como un hombre que hace tanta caridad, es tan bueno, que tiene los valores correctos, pero el discipulado es la verdadera identidad del cristiano.

Y será el discipulado el que nos dará la libertad: el discípulo es un hombre libre porque permanece en el Señor. Y «permanecer en el Señor», ¿qué significa eso? Dejarse guiar por el Espíritu Santo.

El discípulo se deja guiar por el Espíritu, por eso el discípulo es siempre un hombre de la tradición y de la novedad, es un hombre libre.

Un hombre libre. Nunca sujeto a ideologías, a doctrinas dentro de la vida cristiana, doctrinas que puedan ser discutidas… permanece en el Señor, es el Espíritu que inspira.

Cuando le cantamos al Espíritu, le decimos que es un huésped del alma, que habita en nosotros. Pero esto sólo si permanecemos en el Señor.

Pido al Señor que nos haga conocer esta sabiduría para que permanezcamos en Él y nos haga conocer esa familiaridad con el Espíritu: el Espíritu Santo nos da libertad. Y esta es la unción.

El que permanece en el Señor es un discípulo, y el discípulo es un ungido, un ungido por el Espíritu, que ha recibido la unción del Espíritu y la lleva a cabo.

Este es el camino que Jesús nos muestra para la libertad y también para la vida. Y el discipulado es la unción que reciben los que permanecen en el Señor.

Que el Señor nos haga comprender esto que no es fácil: porque los doctores no lo entendieron, no se entiende sólo con la cabeza.

Se entiende con la cabeza y el corazón, esta sabiduría de la unción del Espíritu Santo que nos hace discípulos”, concluyó su homilía.

Comunión espiritual

Francisco terminó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitando a hacer la comunión espiritual. A continuación, la oración recitada por el Papa para ello:

“A tus pies, oh Jesús mío, me postro y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón que permanece en su nada en tu santa presencia. Te adoro en el Sacramento de tu amor, la Eucaristía. Deseo recibirte en la pobre morada que mi corazón te ofrece; esperando la felicidad de la comunión sacramental, quiero poseerte en espíritu. Ven a mí, oh Jesús mío, que yo vengo a Ti. Que tu amor inflame todo mi ser para la vida y la muerte. Creo en ti, espero en ti, te amo”.

Antes de salir de la capilla dedicada al Espíritu Santo, se cantó la antigua antífona mariana Ave Regina Caelorum («Ave Reina del Cielo”):

Salve, Reina de los cielos, y Señora de los ángeles; salve, raíz; salve, puerta que dio paso a nuestra luz. Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella; salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros«.
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