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Su empleada añoraba a su pequeño: «Tráelo y que viva acá»

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Una historia de amor gigantesco entre hermanos

La conexión entre hermanos puede ser muy fuerte. No importa si pasan semanas, meses o años desde la última conversación profunda. Cuando los hermanos se encuentran, es como si nunca se hubiesen alejado. Y es que entre hermanos hay un vínculo especial de por vida.

Colaboradores y conspiradores, protectores, compañeros de juego e incluso consejeros. La experiencia de crecer junto a otro hace que exista algo único en la forma en que los hermanos se entienden y, con el paso del tiempo, los beneficios solo se multiplican.

La experiencia muestra que esta fraternidad no solo se aplica a los hermanos de sangre, sino también a los que son del corazón como refleja la historia del famoso conductor de la televisión argentina Mariano Lúdica con sus cuatro hijos Bernarda, Valentina, Salvador y Osvaldo.

Mariano y Romina tenían tres hijos cuando decidieron recibir a Osvaldo. En ese momento la familia contaba con la ayuda de una empleada doméstica que se había convertido en una abuela para ellos y que sufría mucho por tener a su hijo lejos en el Paraguay.

Al enterarse de que el joven de 9 años vivía en otro país y en el medio de la nada, Mariano no dudó en hacerse cargo de él poniendo a disposición todo lo que estaba a su alcance para que el joven pudiera mudarse con ellos y recibir una crianza digna.

En el programa Podemos Hablar contó cómo le dijo a su empleada que lo traiga a vivir con ellos: «recién habíamos tenido a Salvador. Mirta estaba muy contenta en mi casa, pero a veces lloraba por Osvaldo. Le dije tráelo y que viva acá. Yo lo crío”.

Osvaldo rápidamente se incorporó a la familia como el hijo mayor de la casa, pero lo más sorprendente para el conductor fue ser testigo de la relación que se fue creando entre sus tres hijos y el joven. Una relación que él describe como la de “verdaderos hermanos” y que al día de hoy los hace inseparables.

«Las mayores inmediatamente lo adoptaron como hermano y Salvador le decía a sus maestras que tenía un hermano en casa. Fue todo un proceso de educación de las hermanas, de su hermano y de nosotros por supuesto; pero el amor de hermanos fue tan gigantesco, tan enorme, tan novedoso para mí. Fue un amor sin reproche ni reclamos”.

“Osvaldo se dejó amar porque fue un cuidado intensivo: enseñarle a escribir, a adaptarse a una capital de otro país, a enfrentar el bullying en el colegio por hablar diferente y tener la experiencia de todo un mundo nuevo”.

Mariano dice que haberlo adoptado fue lo mejor que pudo haber hecho: “desde que vino Osvaldo a casa solo pasan cosas buenas y cada vez tenemos más”.

De hecho, dentro de los beneficios que aporta el vínculo, las investigaciones muestran que a medida que las personas envejecen su moral parece ser mayor si sus hermanos también viven.

Curiosamente en esos estudios los beneficios no dependían de la frecuencia con la que los hermanos se trataban. Lo que más importaba era su existencia y disponibilidad. Saber que al final del día hay alguien que nos acompaña y con quién podemos contar.

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