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Papa Francisco: Así es como Dios nos corrige

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Homilía hoy en Casa Santa Marta

El Señor guía a su pueblo, lo consuela, pero también lo corrige y le castiga con la ternura de un padre, de un pastor que “lleva los corderillos en el pecho y conduce con dulzura a las ovejas madres”.

Así, Papa Francisco, en la homilía de la Misa de la mañana en Casa Santa Marta, responde a las preguntas “¿Cómo consuela, cómo corrige el Señor?” suscitadas por la liturgia de hoy.

La Primera lectura, un pasaje del libro de la consolación de Israel del profeta Isaías, se abre, explica el Papa, con “un anuncio de esperanza”. “Consolad, consolad a mi pueblo”, refiere así el profeta las palabras de Dios, “hablad al corazón de Jerusalén y gritadle que su tribulación ha terminado, su culpa es perdonada”.

El Señor consuela a quien se deja consolar

“El Señor nos consuela siempre – comenta Francisco – con tal que nosotros nos dejemos consolar”. Dios, añade, “corrige con el consuelo, ¿pero cómo?”. Y lee otro pasaje de Isaías, el que habla del Señor Buen Pastor, que “con su brazo” reúne al rebaño, “lleva a los corderillos en el pecho” y con dulzura conduce “a las ovejas madres”.

El Papa hace repetir “en el corazón” este pasaje a quien le escuche, y comenta: “¡Este es un relato de ternura! ¿Cómo consuela, el Señor? Con ternura. ¿Cómo corrige el Señor? Con ternura. ¿Cómo castiga el Señor? Con ternura”.

“¿Te imaginas – insiste – en el pecho del Señor, después de haber pecado?”El Señor conduce, el Señor guía a su pueblo, el Señor corrige; y yo diría: el Señor castiga con ternura. La ternura de Dios, las caricias de Dios. No es una postura didáctica o diplomática la de Dios: le viene de dentro, es la alegría que Él tiene cuando un pecador se acerca. Y la alegría le hace tierno.

La alegría del Señor, ante el pecador, se hace ternura

El Papa Francisco recuerda “la parábola del Hijo Pródigo” y el papá que “vio desde lejos” al hijo: porque lo esperaba, “subía a la terraza para ver si el hijo volvía. Corazón de padre”. Y cuando llega, y empieza “ese discurso de arrepentimiento”, él le tapa la boca y hace fiesta.

“La cercanía tierna del Señor”, comenta el Papa. En el Evangelio vuelve el pastor, el que tiene cien ovejas y una se pierde. “¿No dejará las 99 en los montes e irá a buscar la que se ha perdido?” cita Francisco. Y “si logra encontrarla se alegrará por ella más que por las 99 que no se habían perdido”.

Esta es “la alegría del Señor ante el pecador”, “ante nosotros cuando nos dejamos perdonar, nos acercamos a Él para que nos perdone”. Una alegría que “se hace ternura, y esa ternura nos consuela”.

“Muchas veces – explica el Papa – nos lamentamos de las dificultades: el diablo quiere que caigamos en el espíritu de la tristeza”, “amargados de la vida” o “de los propios pecados”.

Y recuerda: “Conocí a una persona consagrada a Dios que llamaban ‘Lamentela’, porque no lograba hacer otra cosa que lamentarse”, era “el premio Nobel de las lamentaciones”.

Cuántas veces nos lamentamos, nos lamentamos y muchas veces pensamos que nuestros pecados, nuestros límites no pueden ser perdonados. Y ahí la voz del Señor viene y dice: “Yo te consuelo, estoy cerca de ti”, y nos toma con ternura. El Dios poderoso que ha creado los cielos y la tierra, el Dios-héroe, por decir así, nuestro hermano, que se dejó llevar a la cruz a morir por nosotros, es capaz de acariciarnos y decir: “No llores”.

“Con cuánta ternura – prosigue el Papa Francisco – el Señor acariciaría a la viuda de Naím cuando le dijo: ‘No llores’.” Quizás, ante el ataúd del hijo, la acarició antes de decirle “No llores”. Porque “aquello era un desastre”.

“Debemos creer en este consuelo del Señor”, porque después “está la gracia” del perdón. “Padre, tengo muchos pecados, muchos errores he cometido en la vida” – “Pues déjate consolar” – “¿Pero quién consuela?” – “El Señor” – “¿Y adónde voy?” – “A pedir perdón: ve, ve. Sé valiente. Abre la puerta. Y Él te acariciará”.

Él se acercará con la ternura de un padre, de un hermano: como un pastor hace pacer al rebaño y consu brazo lo reúne, lleva a los corderillos en el pecho y conduce con dulzura a las ovejas madres, así nos consuela el Señor.

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