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¿Necesitas un cambio interior? Tienes 25 días

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Si tu corazón no siente, no vibra, no ama, el Adviento te invita a esperara de nuevo

Tiene el tiempo de Adviento algo mágico. Como si de repente el tiempo cobrara un sentido especial. 25 días de camino. 25 días de espera. De preparar el alma.

Me detengo un rato a pensar. A meditar sobre mi vida. A soñar imposibles. A construir mundos mejores. El tiempo se detiene entre el frío y el calor de un invierno que no acaba de comenzar.

Esperando un milagro en una noche de Nochebuena. Cuando se calmen los vientos contrarios. Y la luz de las estrellas lo ilumine todo de golpe.

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Me visto mi traje de Adviento. Entre velas y coronas que preparan la llegada de un niño. Entre planes y prisas. Cenas y regalos. Perdiéndome quizás lo esencial de este tiempo sagrado. Despistado, perdido.

Necesito ser encontrado en el Adviento. Mientras busco, mientras corro, mientras recorro la distancia infinita que separa el mundo que me invade de lo más profundo de mi corazón.

Sorprendido al ver mi pobreza. Confundido con tantas luces que iluminan los caminos, los bosques, las vidas de los hombres. Perdido y encontrado. Es lo que anhela el alma en este Adviento.

Esperanzas

¿Qué es lo que estoy esperando? ¿Sueño con un milagro, con un cambio radical en mi vida? ¿Sueño con un encuentro que me cambie para siempre? ¿Sueño con que arda mi corazón de amor?

Esperanzas que flotan en el aire. A punto de hacerse realidad. O a punto de caer y convertirse en polvo. Cuando dejo de soñar, de esperar, de confiar.

Cuando se turban mis pasos y siento que estoy perdiendo el sentido de todo lo que hago. El corazón no siente, no vibra, no ama. El Adviento me invita a esperar de nuevo. A tomar mi vida en serio. A saber que el final feliz de Dios me está aguardando. Tolkien comenta:

«El Evangelio no ha desterrado las leyendas; las ha santificado, en particular el ‘final feliz’. El cristiano ha de seguir trabajando, en cuerpo y alma, ha de seguir sufriendo, esperando y muriendo. Pero ahora puede comprender que todas sus inclinaciones y facultades tienen una finalidad, que pueden ser redimidas«.

La esperanza se ilumina en mi camino. Cuando muchos me dicen que no hay tiempo, que no hay esperanza, ni una victoria posible. Yo sigo esperando, yo sí creo. Sé hacia dónde voy.

El Adviento es un camino. Imagen de mi vida de peregrino. Recorro etapas con un final marcado. Una meta, un sueño, una torre que se dibuja en el cielo desde un monte que me llena de gozo.

POMYSŁY NA ADWENT
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Espero que la vida sea más bella, más llena de luz y esperanza. En medio de mis dolores. La enfermedad siempre duele. Y las heridas del alma. Leía el otro día:

«En la enfermedad podemos vivir en una sintonía casi perfecta con Dios. Si el hombre se rebela contra la enfermedad, va cayendo poco a poco en una desesperación estéril, en un camino sin salida, en un rechazo agresivo y angustioso. No es lo mismo la rebelión que la resistencia, que implica un proceso interior silencioso».

En mi dolor, en mi cruz, se abre un camino lleno de esperanza. Es el camino que comienza en el Adviento. Entre compromisos y días de fiesta que me hablan del cielo. Que me hacen pensar que la paz es posible en medio de mil guerras.

Y la salud cuando la enfermedad parece complicarlo todo. Y la esperanza cuando pienso que todo está perdido. Y la alegría en medio de tristezas estériles que enturbian no sé bien cómo mi ánimo y me hacen pensar que no valgo nada, que son otros los que valen.

Y es mentira. Yo valgo mucho. ¿Acaso no viene Dios a caminar a mi lado en la piel de un niño? Viene a mí porque me ama y sale a mi encuentro en medio de mi vida. Sin hacer yo nada especial para que algo cambie.

Sólo espero tranquilo, con el alma en vela. Pensando en mi vida que desfila ante mis ojos. Contemplando en presente el mundo ante el que me detengo admirado, agradecido.

Mirando con todo mi ser la vida que tengo ante mis ojos. Poniendo el corazón en todo lo que hago. Sintiendo el dolor y la alegría. La esperanza y la tristeza. La nostalgia y el deseo. Acogiendo la vida que se me confía. Sin miedo. Con esa paz de Adviento que llega a mi alma para quedarse dentro.

Ya no le tengo miedo a que pase el tiempo. Se abren las compuertas de mi corazón enfermo. No dejo de esperar lo que aún no poseo. No dejo de soñar con lo que Dios ha sembrado en mi alma.

Recupero la voz para cantar al alba agradecido por esa vida que Dios ha puesto entre mis dedos. No tengo nada que temer porque los sueños se hacen realidad en estas noches de Adviento.

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