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Papa Francisco: Los Mártires de Japón inspiraron al joven jesuita Bergoglio

Pope - Nishizaka Hill
©VaticanMedia
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#ViajeApostólicoJapón, el Pontífice ha presidido un homenaje a los mártires en Nagasaki, una historia única de sacrificio y de fe

“Este santuario evoca las imágenes y los nombres de los cristianos que fueron martirizados hace muchos años, comenzando con Pablo Miki y sus compañeros, el 5 de febrero de 1597, y la multitud de otros mártires que consagraron este campo con su sufrimiento y su muerte”, expresó el papa Francisco durante su visita al altar-monumento de los 26 Mártires de Japón, ubicado en la colina Nishizaka, de la ciudad de Nagasaki, este domingo 24 de noviembre de 2019.

“Vengo hasta este monumento dedicado a los mártires para encontrarme con estos santos hombres y mujeres, y quiero hacerlo con la pequeñez de aquel joven jesuita que venía de “los confines de la tierra”, y encontró una profunda fuente de inspiración y renovación en la historia de los primeros mártires japoneses”, dijo el papa Francisco que eligió ser jesuita porque quería ser misionero en Japón. 

El Papa fue acogido por el Director del Museo, por un sacerdote y un hermano de la comunidad de los Jesuitas, p. Renzo de Luca, quien fue enviado en misión a Japón por el mismo Jorge Mario Bergoglio en los años 80. 

De hecho, ayer, el Papa confesó a los obispos nipones que padre Pedro Arrupe, entonces Prepósito general de la Compañía de Jesús, le negó ir a Japón como misionero por la oblación que tuvo en un pulmón, así – dijo en broma-  que se ‘vengó’ enviando después a 8 jesuitas a ser misioneros en ese país asiático. 

La sangre de los mártires

El Monumento que visitó hoy el Papa Francisco se inauguró en junio de 1962 para conmemorar el centenario de la canonización de los 26 mártires crucificados en este lugar el 5 de febrero de 1597. 

Lugar dijo que “anuncia la Pascua, pues proclama que la última palabra —a pesar de todas las pruebas contrarias— no pertenece a la muerte sino a la vida. No estamos llamados a la muerte sino a una Vida en plenitud; ellos lo anunciaron”. 

El Papa dijo que “la sangre de los mártires se convierte en semilla de la vida nueva que Jesucristo”. Ellos eran una mezcla de nativos cristianos japoneses y sacerdotes europeos (20 japoneses, 4 españoles, 1 mexicano y 1 indio.

Su testimonio nos confirma en la fe y ayuda a renovar nuestra entrega y compromiso, para vivir el discipulado misionero que sabe trabajar por una cultura, capaz de proteger y defender siempre toda vida, a través de ese “martirio” del servicio cotidiano y silencioso de todos, especialmente hacia los más necesitados”, afirmó el Papa.

Estos cristianos fuero fueron arrestados en Kioto y Osaka por orden de Toyotomi Hideyoshi, el gobernante nacional, por practicar su fe. 

Amor inolvidable de los mártires y su entrega

El Papa exhortó a no olvidar “el amor de su entrega”.  “Que no sea una gloriosa reliquia de gestas pasadas, bien guardada y honrada en un museo, sino memoria y fuego vivo del alma de todo apostolado en esta tierra, capaz de renovar y encender siempre el celo evangelizador”. 

Los 26 mártires fueron obligados a marchar 800 km durante un mes sobre la nieve hasta Nagasaki para que su ejecución sirviera como escarmiento a esa gran población cristiana. De hecho, en esta ciudad la evangelización del país tuvo un gran impulso. 

Que la Iglesia en el Japón de nuestro tiempo, con todas sus dificultades y promesas, se sienta llamada a escuchar cada día el mensaje proclamado por san Pablo Miki desde su cruz, y compartir con todos los hombres y mujeres la alegría y la belleza del Evangelio, Camino, Verdad y Vida”, expresó el Papa. 

Pisar imágenes de Cristo y la Virgen para demostrar no ser cristianos

Francisco tenía en mente la historia de estos hombres que por no renegar a Jesús, en esa colina, fueron atados a 26 cruces y lanceados para morir en público afín de que nadie más abrazara la fe cristiana. Esas muertes marcaron dos siglos de persecuciones anticristianas en Japón.

Por ejemplo, cada año, de 1629 a 1857 la población de Nagasaki fue forzada a participar en un ritual que consistía en pisar imágenes de bronce de Cristo y la Virgen María para demostrar que no eran cristianos, de lo contrario eran asesinados. 

El Papa jesuita invitó a los fieles a pedir la compañía de los mártires para “cada día liberarnos de todo aquello que nos pesa e impide caminar con humildad, libertad, parresia y caridad”. 

Francisco evocó la memoria de esos ‘cristianos ocultos’ que fueron creativos en su fe: algunos de ellos rezaban imágenes de la Virgen bajo la vestidura de santos budistas como Kanon y Miroku. 

Los cristianos perseguidos en el siglo XXI

Así, recordó también a los cristianos perseguidos en tiempos menos remotos. “Hermanos: En este lugar también nos unimos a los cristianos que en diversas partes del mundo hoy sufren y viven el martirio a causa de la fe. Mártires del siglo XXI nos interpelan con su testimonio a que tomemos, valientemente, el camino de las bienaventuranzas”. 

“Recemos por ellos y con ellos, y levantemos la voz para que la libertad religiosa sea garantizada para todos y en todos los rincones del planeta”, añadió. 

Ante ese monumento hecho de piedra con ladrillos rojos y una imagen grabada en bronce a tamaño natural de los 26 mártires, otro papa, san Juan Pablo II, el 26 de febrero de 1981, homenajeó a estos hombres de fe. 

Juan Pablo II recordó las Bienaventuranzas

Por eso, Francisco aseguró que este santuario, “más que de muerte, nos habla del triunfo de la vida. San Juan Pablo II vio este lugar no sólo como el monte de los mártires, sino como un verdadero Monte de las Bienaventuranzas donde podemos tocar el testimonio de hombres invadidos por el Espíritu Santo, libres del egoísmo, de la comodidad y del orgullo”, afirmó. 

El cristianismo ya había llegado a Japón en 1549 con san Francisco Javier. San Pablo Miki, nacido en Kioto en 1556, fue uno de estos mártires que siguieron el espíritu misionero de los primeros jesuitas. Antes de morir crucificado, atravesado por lanzas, San Pablo Miki invita a sus compañeros a imitar a Cristo y perdonar a sus verdugos. 

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Al final, Francisco sostuvo: “Pidamos a Nuestra Señora, Reina de los Mártires, a san Pablo Miki y a todos sus compañeros que a lo largo de la historia anunciaron con sus vidas las maravillas del Señor, que intercedan por vuestra tierra y por la Iglesia toda, para que su entrega despierte y mantenga viva la alegría por la misión”.

Francisco encendió una vela que le fue dada en las manos por un descendiente de los cristianos perseguidos.  Luego fue el momento de la oración en silencio delante del Monumento de los Mártires. Incensó las reliquias, saludó a los presentes y rezó en Ángelus. 

Antes de trasladarse en auto a la sede de la arquidiócesis de Nagaseki, el papa Francisco recibió en regalo la imagen del beato Giulio Nakaura (1568-1633). Joven sacerdote jesuita también fue martirizado y beatificado el 23 de noviembre 2008 junto a otros 187 mártires japoneses. 

Misa del Papa

Sucesivamente, el Papa presidió la misa en el estadio de Béisbol de Nagasaki, hoy, solemnidad del Señor Jesús Cristo Rey. La celebración se realizó en latín.

El Papa también ha citado el ejemplo de los miles de mártires del país para invitar “profesar con valentía que el amor dado, entregado y celebrado por Cristo en la cruz, es capaz de vencer sobre todo tipo de odio, egoísmo, burla o evasión”.

Tras la santa misa, Francisco se trasladó a Nagasaki e Hiroshima para participar en dos conmemoraciones en honor de las víctimas de los bombardeos atómicos de 1945. Allí, pronunció discursos significativos para exhortar a la humanidad al desarme y a la firma de un tratado internacional definitivo para acabar con las armas nucleares y en poseso de 9 naciones actualmente. 

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