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¿Por qué tanta violencia en Cataluña?

BARCELONA
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Barcelona sufre una oleada de violencia como protesta por la sentencia a los dirigentes catalanes que promulgaron su independencia

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El movimiento independentista catalán lleva manifestándose de manera pacífica desde el año 2012 reivindicando con manifestaciones multitudinarias la independencia de Cataluña y el ejercicio de la autodeterminación mediante un referéndum. La reivindicación siempre ha sido pacífica hasta ahora. ¿Por qué la violencia ahora?

La Iglesia en Cataluña ya se había pronunciado antes del brote de violencia: Son tiempos en que vislumbrar soluciones se hace difícil porque se produce un atrincheramiento en las propias posiciones, con frecuentes descalificaciones del otro”. Ya habían advertido de ello y habían pedido moderación y respeto: La persona es primero.

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La política y los movimientos sociales van por otros derroteros. Los dirigentes políticos catalanes que no acataron la legalidad vigente (ni la Constitución española, ni el Estatuto de Autonomía, ni el Reglamento del Parlamento catalán), que culminó con la celebración de un referéndum en octubre 2017, declarado ilegal por la Corte Constitucional, llevó al enjuiciamiento y a la cárcel a algunos principales dirigentes de entonces, mientras otros prefirieron ir al extranjero, entre ellos el expresidente, Carles Puigdemont.

En estos dos años todo el movimiento independentista se ha volcado de modo contundente en dos reivindicaciones: la independencia y la liberación de los presos. Mientras tanto, en diciembre de 2017 se celebraron elecciones en Cataluña que dieron de nuevo una estrecha mayoría a los partidos independentistas. Fue elegido presidente el hombre designado por Puigdemont, Quim Torra, un activista y radical independentista, sin ninguna experiencia de gobierno. Durante años había trabajado en el mundo de los seguros (hasta 2007), luego fue editor y llegó a ser presidente de Omnium Cultural. 

El poder de los CDR

Se potenciaron los CDR (Comités de defensa de la República), que venían a ser el brazo ejecutor y más radical de operaciones menos amables, como cortes de carreteras, de vías férreas, y algún acto de sabotaje. Eran apoyados por Torra. Se preparó durante los dos años que los políticos estaban en la cárcel toda una tupida serie de protestas en favor de su liberación. Se celebró el juicio y se habían preparado diversos actos de protesta: pedían la absolución, pero como esta era a todas luces inesperada, las protestas tenían que ser muy sonadas. Y estaban desde hace tiempo preparadas.

Días antes de la sentencia, la policía española había detenido a un grupo de miembros de los CDR por un presunto delito de tenencia ilícita de armas y de fabricar explosivos para cometer atentados y actos de sabotaje.

Las autoridades catalanas –independentistas todas– no paraban de calificar el juicio de “farsa”, de “antidemocrático” y afirmaban que “lo volveremos a hacer”. Insuflaban tensión en el ambiente, lo que prendía más entre los grupos más radicalizados como los CDR, apoyados siempre por el presidente Torra.

Deriva radical

El partido de Puigdemont y Torra había decidido ir a una deriva radical y rompió la unidad independentista con el otro partido, Esquerra Republicana, cuyo líder, Oriol Junqueras, se encontraba en la cárcel. Los primeros querían un enfrentamiento permanente con el Estado español y los otros querían, quieren, no acelerar los tiempos, e ir a la independencia después de engrosar la masa popular. Los independentistas nunca tuvieron la mayoría en las urnas y no superaban el 48 por 100 de los votos de los catalanes, aunque por la ley electoral de distribución de escaños obtenían una mayoría parlamentaria.

En lo que sí están de acuerdo ambas formaciones independentistas es en llevar a cabo una ofensiva general hacia el exterior, tanto ante los gobiernos, pero sobre todo ante los medios internacionales, para buscar las simpatías hacia la causa independentista, y la antipatía hacia el gobierno y sistema político español, logrando importantes éxitos, ante la pasividad inicial del gobierno de Madrid.

Llega la sentencia el 14 de octubre y todo el caldo de cultivo que había preparado en los dos años anteriores se fue a la calle, para manifestar su gran descontento con la sentencia dictada por el Tribunal Supremo. El que más años de cárcel tiene es Oriol Junqueras (exconseller de Economía), con 13 años. Otros ocho fueron condenados a penas de entre 9 y 12 años y tres a multas dinerarias, sin cárcel.

Los más radicales de entre los independentistas –la gran mayoría de los independentistas son gente pacífica—fueron a la acción directa. Cuando la Policía catalana (no se lo esperaban) coordinada con la Policía Nacional y la Guardia Civil españolas quiso poner orden, tanto en la ocupación del aeropuerto como en los desórdenes en las calles de Barcelona y en las principales capitales catalanas hubo lo que se ha visto en las imágenes: hogueras, gran material urbano quemado, coches, motocicletas, piedras, cócteles molotov, etc.

Estos incidentes, que culminaron con una huelga general el viernes, han durado toda la semana, acompañados con columnas de personas que han confluido a Barcelona desde las capitales catalanas para celebrar una gran manifestación en esta capital. Estas manifestaciones al principio son muy pacíficas y festivas, pero acaban con graves incidentes causados por los grupos mencionados de los CDR. Entre los violentos, la policía ha detectado la presencia de grupos radicales procedentes de otros países de Europa.

También se celebró un pleno en el parlamento catalán el jueves 17, en el que el presidente Torra anunció la celebración de otro referéndum (sería el tercero) para el año 2021. Lo dijo sin haber consultado antes con sus socios de gobierno, ni siquiera con su gobierno, por lo que levantó fuertes críticas entre los suyos, tanto entre los dirigentes de Esquerra Republicana, como entre los dirigentes de su propio partido. El presidente se quedó solo en el parlamento. La oposición en pleno pidió su dimisión por ser más problema que solución del caso catalán. Por la noche continuaron los disturbios.

Y mientras tanto, el gobierno español sigue en funciones. Hay elecciones generales el 10 de noviembre, al no ponerse de acuerdo los partidos para formar gobierno tras las elecciones de abril de este año.

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