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Mundial de Atletismo: Shelly Ann Fraser, de la pobreza a la gloria

SHELLY FRASER
Roger Sedres - Shutterstock
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Su madre le decía: “Tienes un talento y tienes que usarlo”. Y ella reconoce: “Mi vida está llena de bendiciones”

El retiro de Usain Bolt no supuso el retiro de la bandera jamaicana de lo más alto del podio del atletismo. Una de las responsables es Shelly Ann Fraser-Pryce, reina absoluta de los 100 metros llanos, que acaba de conquistar su cuarto título mundial en la sofocante pista de Doha, preseas que compiten en importancia con sus dos títulos olímpicos. Con un tiempo de 10,71, a una centésima de su mejor marca, Fraser-Pryce dominó la carrera y confirmó su vigencia diez años después de su primer título. Nadie ganó tantos títulos de 100 metros como ella.

Fraser-Pryce no es Bolt. Si el ego de Usain está por las nubes, el de Shelly reluce solo en el llano de la pista. Orgullosa de su patria y su familia, tuvo una dura infancia amenazada por la pobreza, y suele poner de manifiesto el enorme esfuerzo de su madre para que nada le falte a ella y sus hermanos. También sus advertencias de que se mantenga lejos de las pandillas. “Tienes un talento y tienes que usarlo”, le decía, y eso hizo.

Su dura infancia la llevaba a inventar historias para simular alguien que no era. Le dolía no poder vestir bien, su hogar. Estas huellas le marcaron para siempre.

Fraser armó su propia familia en 2011, tras contraer matrimonio con Jason Pryce. Y en 2017 nació Zyon, su primer niño, con quien celebró su título en Doha y por quien suspendió su participación en el Mundial de 2017. En el camino, además de mantenerse siempre en la elite deportiva, no dejó de estudiar. A sus estudios universitarios en desarrollo infantil y adolescente, sumó estudios de posgrado en Psicología aplicada.

Cristiana devota, hace saber a Dios su agradecimiento en cada título. “Mi vida está llena de bendiciones”, dijo tras dar a conocer su embarazo. Es una silenciosa partícipe de las obras de caridad de sus Iglesias en Penwood y Swallowfield, en Kingston. También es una activa colaboradora de UNICEF. Y lleva adelante su fundación Pocket Rocket Foundation, particularmente comprometida con la educación de los niños jamaiquinos con potencial deportivo a partir de becas y apoyos. Su compromiso, insiste, no es solo financiar, sino estar cerca y monitorear comportamiento, rendimiento académico, asistencia a clase.

Su conciencia personal y deportiva la llevó a los Juegos Panamericanos de Lima de este año. Pese a que las grandes estrellas deportivas suelen relegar su participación en el Torneo, concentrando esfuerzos en los Mundiales y otros eventos que redunden en mayores ingresos económicos, Shelly viajó hasta Perú y honró al atletismo panamericano con su participación en los 200 metros llanos, batiendo el récord panamericano vigente desde 1979. Que deportistas amateurs de todo el continente hayan podido compartir pista o vestuario con una de las grandes velocistas de todos los tiempos fue un inmenso estímulo para el deporte sudamericano por el que la posteridad agradecerá a Lima 2019.

No todas fueron alegrías y orgullos en su carrera. En 2010, fue suspendida por seis meses por encontrársele oxycodone, fármaco que habría ingerido como calmante. Pese a que no está probado que mejore el rendimiento u oculte otras drogas, Shelly no puso excusas, admitió su error y las consecuencias, ya que “uno debiera dar el ejemplo”, dijo.

A los 32 años, Fraser-Pryce sigue dominando las pistas de atletismo como hace diez años. La bandera jamaiquina sigue ondeando en las pistas tras el retiro de Usain Bolt. La niña que creció en la pobreza de Kingston siguió el consejo de su madre y usó su talento. Su compromiso, ahora, es inspirar a otros para que hagan lo propio.

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