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Elizabeth Ann Seton, la santa americana que amaba a los inmigrantes

ST ELIZABETH ANN SETON;

setonscene.org

Sandra Ferrer - publicado el 25/08/19

Nacida en los Estados Unidos de América, trabajó incansablemente en paliar la situación de los pobres y de muchos que llegaban al Nuevo Mundo en busca de una vida mejor

En el bajo Manhattan, entre imponentes rascacielos, se encuentra el pequeño y hermoso santuario de Elizabeth Ann Seton. Su rostro aparece también esculpido en una de las puertas de bronce de la catedral neoyorquina de san Patricio de Nueva York, en recuerdo de esta gran mujer que tuvo un papel clave en la expansión del catolicismo en América del Norte.

Elizabeth Ann Bayley nació el 28 de agosto de 1774 en la ciudad de Nueva York. Era la segunda hija del doctor Richard Bayley y su esposa Catalina Charlton.

Elizabeth creció en un ambiente de profunda religiosidad, pues sus padres pertenecían a la iglesia episcopaliana. Cuando tenía apenas tres años, su madre falleció al dar a luz a su tercer hijo, quien también falleció pocos días después.

El doctor Richard volvió a casarse con Charlotte Amelia Barclay, una mujer igualmente piadosa. Charlotte acogió a Elizabeth y su hermana María Magdalena como si fueran sus propias hijas y les enseñó a ser mujeres entregadas a los más necesitados.

De pequeñas, las dos niñas acompañaban a Charlotte en sus múltiples obras de caridad con los más necesitados de la ciudad. En Nueva York, en aquella época, toda ayuda era necesaria para paliar las malas condiciones de los muchos inmigrantes que llegaban desde Europa y corrían el peligro de terminar viviendo en situación de pobreza y necesidad.

Elizabeth y su hermana vivieron una época feliz junto a su nueva madre y sus cinco hermanastros. Por desgracia, años después, cuando su padre terminó separándose de su segunda esposa, Charlotte no quiso hacerse cargo de ellas y tuvieron que buscar un nuevo hogar en casa de unos familiares.

El 25 de enero de 1794, Elizabeth contrajo matrimonio con Guillermo Magee Seton, un próspero hombre de negocios con el que creó un cálido hogar en una bonita casa situada en Wall Street que terminó llenándose de hasta cinco hijos.

A pesar del mucho trabajo que suponía hacerse cargo de una extensa familia, Elizabeth no olvidó el ejemplo caritativo de su madrastra y encontró tiempo para ayudar a los más necesitados a partir de la sociedad conocida como las “Damas de la caridad”, organización solidaria que ayudó a crear.

De nuevo, la buena estrella volvió a desaparecer de su vida. La quiebra de los negocios de su marido primero y la muerte del mismo después, a causa de la tuberculosis, volvió a sumir a Elizabeth en la más profunda tristeza y a situarla en una complicada situación.

A los veintinueve años, Elizabeth era una mujer viuda con cinco hijos a su cargo de entre ocho y un año de edad. Uno de los socios de su marido y su esposa se apiadaron de ella y la acogieron en su hogar, un hogar católico al que pronto se sintió atraída por sus principios religiosos.

El 14 de marzo de 1805, Miércoles de Ceniza, Elizabeth se convirtió al catolicismo de la mano de John Carroll, el primer obispo católico de los Estados Unidos.

Tras su conversión, que supuso para ella experimentar mucha “paz y seguridad”, en palabras de Pablo VI, buena parte de sus amigos y conocidos, que no aceptaron que abandonara la iglesia episcopaliana, le dieron la espalda.

Además de rechazar su amistad, le negaron toda ayuda y solidaridad. Poco después de enviudar, Elizabeth había abierto una pequeña escuela que tuvo que cerrar cuando los padres de sus alumnos decidieron sacarlos como muestra de rechazo a su nueva fe.

A pesar de los problemas, Elizabeth estaba convencida del paso que había dado y continuó luchando para seguir adelante con la ayuda de su nueva comunidad católica.

Tras un tiempo de búsqueda, en el verano de 1808 se instaló en Baltimore, por aquel entonces la única diócesis católica del país, donde abrió una nueva escuela para niñas católicas.

Elizabeth era feliz con su nuevo proyecto de vida que culminó poco tiempo después con la fundación en Emmitsburg, Maryland, de la primera congregación católica femenina en los Estados Unidos, las Hermanas de la Caridad de San José.

Elizabeth, que se inspiró en la labor en Francia de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, sentó las bases del futuro sistema educativo católico en el joven país norteamericano.

Su carisma fue energía suficiente para acercar a muchas mujeres a su causa piadosa y caritativa extendiendo la Iglesia católica con sus parroquias, escuelas y centros asistenciales por todo el territorio norteamericano.

Elizabeth se ganó pronto el cariño de su nueva familia católica, convirtiéndose en el alma de un nuevo y duradero proyecto.

Desde entonces y hasta su muerte a los cuarenta y seis años, Elizabeth Ann Seton dedicó su vida a la formación femenina en la fe católica y a la ayuda de los más necesitados.

Su congregación fue creciendo cada vez más, con mujeres que se unieron a su causa y ayudaron a fundar orfanatos, hospitales y escuelas, acogiendo a pobres y a los muchos inmigrantes que llegaban a los Estados Unidos en busca de una vida mejor.

Elizabeth siguió así el ejemplo de su propio padre quien, como responsable de sanidad del Puerto de Nueva York, trabajó sin descanso durante un tiempo atendiendo a los recién llegados. Una amplia labor educativa y asistencial que continúa viva en la actualidad.

En lo personal, Elizabeth soportó con profunda entereza la muerte prematura de dos de sus hijas. El 4 de enero de 1821 fallecía a causa de la tuberculosis.

Décadas después, en 1907, se iniciaba el proceso de canonización que culminó el 14 de septiembre de 1975 convirtiéndose en la primera santa católica nacida en los Estados Unidos.

El papa Pablo VI dijo de ella en su proceso de canonización que su “dinamismo y autenticidad en su vida es un ejemplo para nuestros días y para las generaciones futuras”.

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