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Pareja e infidelidad: Es necesario ir a las raíces de la decepción

oneinchpunch/Shutterstock
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Un sentimiento no es ni bueno ni malo – es. Se trata de comprender qué hacer con él... y de observar qué revela sobre la crisis de la pareja

Todos conocemos parejas que se separan porque una repentina pasión se ha apoderado de uno de los cónyuges, quizás incluso cuando se les consideraba ejemplo de solidez. Seres moralmente fuertes pueden verse arrastrados por una pasión inesperada y violenta como un viento tempestuoso. ¿Qué deberían hacer? ¿Dejarse arrastrar, a riesgo de hacer sufrir terriblemente a la pareja y a los niños? ¿Resistir, con el sentimiento de estar sacrificando la propia felicidad permaneciendo junto a una persona a la que ya no se ama, o se ama menos que a otra?

Para aclarar este difícil problema, quizás sea mejor intentar comprender mejor el funcionamiento de la pulsión amorosa. El primer amor del ser humano es el de su madre, y uno la ama con un amor de fusión e idealista, hasta el punto de que el primer “circuito impreso” del amor es este vínculo exclusivo, maravilloso, total.

Entonces, el ser humano es arrancado de ese circuito: tiene que compartir a su madre con sus hermanos y hermanas, y sobre todo con su padre, que cada noche se la quita – y en todo caso, antes o después descubre que su madre no es perfecta. ¿Decepción? Ciertamente, pero muy útil, porque está en la raíz del amor de mañana: “Un día – piensa el niño – yo también tendré a alguien solo para mí, que será maravilloso como mamá”.

La necesidad de amor, un “misil inteligente”

Dicho en otras palabras, en su corazón se ha creado una fortísima necesidad de amar y de ser amado, una necesidad que es esperanza de amor. Por hacer una comparación, se ha formado en él como  un misil que contiene una prodigiosa fuerza de amar, un misil inteligente que elige su objetivo. Bastará que hacia los 16-18 años, un buen día encuentra a alguien hacia quien ese misil se orientará en seguida, con la esperanza de vivir con esa persona el amor exclusivo y gratificante que conoció en la infancia.

Probablemente, este amor tan exigente es a menudo defraudado… como lo fue la primera vez. El misil entonces cambia de dirección, elige otro objetivo del que se espera la felicidad perfecta… y confiere a la persona objeto de la nueva elección todas las cualidades (que no necesariamente le pertenecen).

El amor, vivido así, es un transfert, y es bueno tomar conciencia de ello, aunque sea solo para preguntarse si esta nueva pasión es verdaderamente razonable, o si no forma más bien parte de un sueño loco, de una expectativa desmesurada: el sueño de lograr la felicidad perfecta con un/a pareja de tal perfección que impediría toda duda.

Ante cada nueva pasión es bueno preguntarse si no se está entrando en el reino de los sueños. ¿No es que se ha transferido apasionadamente a un tercero el amor que hasta ese momento se había invertido en el cónyuge y que se ha visto defraudado? Pero entonces ¿sería posible hacer un “contra-transfert” hacia el cónyuge? Hay que reconocer que el corazón, teniendo “sus razones que la razón desconoce”, no domina fácilmente esta nueva pasión: al “misil” le cuesta volver hacia el cónyuge por la sencillísima razón de que no puede idealizarlo en un sueño – conoce sus límites, no puede fantasear con ellos.

Un sentimiento es moralmente neutro

Y sin embargo, esta vuelta hacia el cónyuge no es imposible, si se dan algunas condiciones. Cuando la pasión brota en un corazón, no sirve de nada dramatizar demasiado rápido, ni culpabilizarse por tener un sentimiento que la moral parece condenar. Un sentimiento no es ni bueno ni malo – es. Se trata de comprender qué hacer con él. 

En la medida en que no se cultiva y que no se lleva a los actos, no existe ninguna culpa. Es incluso sano admitir uno mismo el sentimiento con un cierto sentido del humor. Si no se toma en serio, se atenuará rápidamente, pero al contrario, puede convertirse en obsesivo si se le da demasiada importancia. Todo ser humano puede sentir un día u otro una atracción hacia una persona extraña, no es el fin del mundo: Nos reímos de nosotros mismos y pasamos página.

Lo que importa es reaccionar lo antes posible, ya que el más pequeño gesto hacia el otro desencadena un proceso que sería cada vez más difícil de controlar. Esta reacción enérgica (¡la fuga es quizás la forma más elevada del valor!) se verá facilitada si se tiene en cuenta lo que implica un vínculo que nace y sus consecuencias. Desconfiando de la tentación (¿adolescente?) de pensar que uno es capaz de flirtear sin estar jugando con fuego.

Si la pasión es particularmente poderosa, porque quizás se ha pasado al nivel de los hechos, hay que saber si se quiere – o no – intentar salir del impasse. Algunos – por desgracia – no intentan siquiera superar sus pasiones. En ese caso, al menos habría que tener la delicadeza de no culpabilizar al cónyuge, reconociendo que la causa de la ruptura está en la propia debilidad.

Si se quiere intentar dominar esta pulsión, es necesario dejar de creer que se puede curar de un amor imposible cuando en realidad se espera – más o menos conscientemente – que pueda realizarse. A menudo son las “medias tintas” (llamadas telefónicas, encuentros breves) las responsables de las rupturas, y retrasan también la cicatrización de la herida amorosa.

La pareja puede volver a empezar más fuerte que antes

¿El amor al cónyuge puede volver? Ciertamente, si la ruptura con la tercera persona es total, pero sólo después de meses de curación, poniendo en primer plano la voluntad de amar. La ternura y la admiración volverán más tarde. Está claro que es útil, para la pareja, pedir ayuda a una persona competente… y en la oración por la gracia del Señor. Dejarse ayudar, sobre todo, para intentar averiguar qué es lo que puede explicar la decepción en la base de la atracción por la otra persona en uno de los cónyuges. Una pareja que supera este problema puede volver más unida y más fuerte.

(Respuesta de Denis Sonet, especialista en la vida de pareja, a una consulta de un lector del blog francés “Edifa”. La traducción es de Aleteia)

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