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¿Nace de nuevo un mundo bipolar de dos bloques entre Estados Unidos-Europa y China-Rusia?

COLD WAR
shutterstock | Bakhtiar Zein
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La guerra comercial y la lucha por la hegemonía tecnológica separa cada vez más el mundo en dos bloques

La guerra comercial y tecnológica entre China y Estados Unidos, así como las sanciones de Estados Unidos y sus aliados contra Rusia tras la invasión de Crimea, está llevando al mundo a un nuevo escenario bipolar, a la existencia de dos bloques contrapuestos, que luchan para el control de la futura era digital, o más conocida como era de la tecnología 5G y el dominio tecnológico del mundo. Son China y Rusia, por una parte, y Estados Unidos y Europa, por otra.

La evidencia se ha hecho muy clara en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF), que se celebra todos los años, que viene a ser el Foro de Davos en territorio ruso. El Foro -al que participaron 19.000 delegados de 145 países y sirve a Rusia para atraer inversiones hacia su país– ha sido precedido por una “cumbre” entre el presidente ruso, Vladimir Putin, y el presidente de China, Xi Jinping, en Moscú, donde se han firmado unos 30 acuerdos por un valor de unos 20.000 millones de dólares. Pero el acuerdo más importante, cuyo montante no se ha hecho público, ha sido la firma de un gran acuerdo por la que Huawei será el desarrollador tecnológico de 5G a la gran operadora rusa.

Putin y Xi Jinping han puesto más en claro, por si no lo estaba, que quieren hacer un frente común ante los Estados Unidos, por su guerra tecnológica y arancelaria. Han hecho visualizar “urbi et orbi” su estrecha relación, colaboración y alianza, en lo tecnológico, militar y geoestratégico, frente a los Estados Unidos y sus aliados.

Al Foro de San Petersburgo solo la delegación china tenía 1.000 representantes. China proporciona a Rusia tecnología de la que está necesitada y Rusia abastece a China de petróleo y gas, al tiempo que China ayudará a Rusia en las prospecciones en las inmensas tierras de Siberia.

China y Rusia no han gozado de una amistad tradicional, sino más bien lo contario, ni incluso cuando ambos regímenes compartían la misma ideología: el marxismo-leninismo. Ambas potencias han vivido entre recelos, desconfianzas y hasta enemistades por desconfianzas mutuas y las disputas de los territorios del oriente asiático. Ni Rusia ni China pueden olvidar las guerras del pasado, ni el hecho de compartir la frontera más extensa del mundo. Pero también tanto Estados Unidos como Europa han desconfiado de Rusia y no supieron aprovechar las posibilidades que les ofrecía la caída del comunismo en Europa y en la misma Unión Soviética.

Y así Europa y los Estados Unidos han colocado a Rusia –con una economía poco desarrollada (poca industria, aunque mucha materia prima, con su gigante Gazprom) y con sanciones de los países occidentales ha puesto a Rusia– en los brazos de Pekín. ¿Será irreversible? Mientras esté Donald Trump al frente de Estados Unidos toda la impresión es que la bipolarización entre Washington y el tándem Pekín-Moscú se va a mantener. Rusia teme que los acuerdos de Gazprom con Repsol y Shell sean boicoteados por los Estados Unidos.

En el Foro Económico de San Petersburgo preocupó esta bipolarización al Secretario General de las Naciones Unidas allí presente, António Guterres, quien abogó por la colaboración tecnológica y digital. “La innovación tecnológica –dijo–tiene el potencial de impulsar los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, pero también levanta temores, como los vaivenes que sufrirá el mercado laboral a causa de la inteligencia artificial”. António Guterres cree que se necesita una “inversión masiva” en educación para embridar el potencial de los avances de la digitalización.

En las intervenciones de Vladimir Putin y Xi Jinping en el plenario del Foro se notaron importantes diferencias diplomáticas a la hora de referirse a los Estados Unidos. Putin dijo que “empujar a Huawei fuera del mercado global es un escandaloso egoísmo comercial”. Acusó a los Estados Unidos de querer “difundir su autoridad sobre todo el mundo” y calificó al líder chino de “querido amigo Xi”.

Por su parte, Xi Jinping utilizó una diplomacia de guantes de seda, con relación a Donald Trump, a quien calificó de “mi amigo” y añadió: “no creo que él quiera llegar a una ruptura. La ruptura total no está en nuestros intereses, ni siquiera en los de los Estados Unidos”. Muy distintas son las formas que emplea el presidente norteamericano. Xi reafirmó su sintonía y alianza con Rusia en las cuestiones principales de geopolítica, cooperación militar y, naturalmente, el comercio global, y dijo: “El proyecto chino de la nueva Ruta de la Seda y el de la unión euroasiática guiada por Moscú son complementarias y hemos decidido desarrollarlas en paralelo”.

No faltaron alusiones, especialmente por parte de Xi Jinping, hacia un desarrollo sostenible respectando el medio ambiente y la tierra que nos cobija. Con estas alusiones –no son las primeras—Xi Jimping quiere corregir algunos excesos de la nueva Ruta de la Seda como el trazado ferroviario en el sudeste asiático.

El 23 Foro Económico de San Petersburgo aprobó 650 acuerdos por un valor de 47.600 millones de dólares.

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