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América Latina y el reto sectario

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Sectas en hispanoamérica

Macky Arenas - publicado el 28/04/19

¿Terrorismo espiritual o hábil alianza con el poder?

El fenómeno de las sectas en el mundo ha incrementado su dimensión en los últimos años. En la década de los años 60 el problema todavía no era preocupante en América Latina. De hecho en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Medellín), que tuvo lugar en 1968, las preocupaciones principales se orientaron a reflexionar sobre las desigualdades que llevan a la pobreza y la miseria. Como consecuencia vino una fuerte opción por los pobres.

El tema de las sectas sólo se hizo presente en el documento base que indicaba que era necesario conocerlas; que ellas presentan acciones proselitistas que afectan a todos los cristianos; y que no se interesan por los problemas sociales, ni hacen compromisos. Hasta allí.

Pero en Latinoamérica, continente de profundas raíces católicas, se encendieron todas las alarmas cuando, para la década de los noventa, la cifra de crecimiento era espeluznante: cada hora un promedio de 400 católicos latinoamericanos pasaban a las «sectas» protestantes, lo cual suponía unos tres millones y medio por año.

2019

Reportes aseguran que en países como Guatemala, Honduras o el Salvador, el encanto por las sectas crece; y en otros como Colombia,  Perú, Ecuador, México o Brasil su crecimiento parece imparable. En Brasil se ha confirmado a la perfección la alianza de las sectas con el poder establecido tras la elección del ultraderechista Jair Messias Bolsonaro como presidente del país.

La Iglesia católica tuvo prácticamente el monopolio de la religión  en el continente hasta la década de los ochenta. Al catolicismo sólo enfrentaba al anticlericalismo y al ateísmo. Hoy en día, los evangélicos constituyen casi el 20% de la población en América latina, y en algunos países centroamericanos, están cerca de ser la mayoría.

El tsunami evangélico

Redune (blog de la red de prevención sectaria iberoamericana), publicó en enero de este año, un reportaje de los periodistas Alberto Martínez López y Juantxo Domínguez, donde analizan el crecimiento de las iglesias evangélicas en América Latina y lo titularon: “Iglesias Evangélicas en América Latina, base religiosa del ascenso de las derechas y del fascismo”. País por país, desglosan la expansión, la cual, por cierto, muestra el favorecimiento de derechas y también de izquierdas, pues desde Hugo Chávez , pasando por Michelle Bachelet y López Obrador, hasta el hoy presidente Bolsonaro para cuya victoria los evangélicos fueron factor clave, han estado muy cerca o favorecido abiertamente y hasta militado en filas evangélicas.

La ministro de Mujer y Familia en Brasil es hoy una pastora evangélica y hace pocos días Víctor Farinelli -en el medio chileno El Desconcierto- refirió que  el magnate brasileño Edir Macedo, fundador y líder de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD, también conocida como “Pare de Sufrir”) le ha sido concedido el pasaporte diplomático otorgado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil.

Los grupos evangélicos son un nuevo y potente actor en la vida pública latinoamericana y se han propagado en cada país logrando una gran influencia. Su poder crece día a día como contraataque a los movimientos feministas, a las minorías sexuales y a la identidad de género, con un discurso conservador, autoritario y retrógrado. Lo han llamado el “tsunami evangélico que recorre toda América Latina” el cual, lejos de amainar, gana cada día más adeptos a su causa y, a medida que se van celebrando elecciones generales, consigue un mayor número de diputados en los parlamentos. Estas sedes son las que busca este credo para moralizar la política, proteger la familia y los valores cristianos.

El terreno fecundo

Chiapas se ha convertido en uno de los estados mexicanos con un mayor número de sectas (se calcula que hay más de 282 asociaciones religiosas). El atraso y la ignorancia  es terreno fecundo para que manipulen al pueblo. “Uno de los casos más indignantes –se lee en una crónica en  TerceraInformación-  tal vez sea el de las misiones Shaddai, secta destructiva que explotaba a sus feligreses con trabajos forzados, les impedía la comunicación con el exterior y a los menores asistir a la escuela. Se ejercían brutales coacciones y castigos a aquellos que se  negaban a cumplir con las tareas encomendadas por sus líderes espirituales”. Y ni hablar de las denuncias que han desnudado las estafas del pastor guatemalteco « Cash » Luna fundador de la « Casa de Dios ». Se ha llegado a catalogar esta realidad como “terrorismo espiritual”.

Cola de león

El termino secta aparece en el siglo XIV, de la raíz latina «sequor», que significa, «marcha detrás de»; «tomar como guía a». La palabra secta viene del latín secare; que significa sectar, cortar. También se ha dicho que la palabra viene de secedere que significa separarse. En ambos casos siempre está presente la idea de separación. En Europa la palabra secta se ha concebido derivada principalmente de sequi; seguir y se asocia a la idea de seguir a un maestro, a un líder. Según la definición que presenta Yves de Gibon en el Diccionario de las Religiones compilado por el Cardenal Paul Poupard, el término secta designa un grupo de oposición a la doctrina y a las estructuras de la Iglesia, e implica también, la mayoría de las veces, la idea de disidencia. En un sentido más amplio, se aplica a todo movimiento religioso minoritario.

En términos generales, se trata de un grupo de personas que comparten una ideología o una creencia. Parece ser común el hecho de  que estas pequeñas agrupaciones o sociedades de creyentes se han separado de una religión matriz, son grupos espirituales y se congregan alrededor de una persona especifica o de la interpretación de la Biblia de una persona (o grupo) especifico.

El fanatismo deslumbra

La secta atrae porque esgrime argumentos morales, ofrece dedicarse a una buena obra y su líder se presenta como alguien honrado y bien intencionado. De lo contrario, nadie se aventuraría a enrolarse. Usualmente la oferta no es engañosa y los líderes son decentes y poseen cierto nivel de enseñanza ética.  También es cierto que muchos casos se emplea la Biblia, aunque también se escriben otras «Escrituras». Cuando se emplea la Biblia siempre se tuercen sus enseñanzas alejándolas de la interpretación ortodoxa. Suelen ser  fanáticos y proselitistas.

No obstante, puntualiza Francisco Sampedro Nieto, “la forma de hablar de estos fenómenos no siempre es adecuada y exacta. Creemos que el problema ocurre por no haber claridad sobre lo que son las sectas y por mezclar sectas y sectarismo, sectas y fundamentalismo al que algunos autores llaman sectas fundamentalistas”.

Max Weber,  considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología, definió a la iglesia como una institución de salvación que privilegia la extensión de su influencia, mientras que las sectas son un grupo contractual que pone el acento sobre la intensidad de vida de sus miembros. Lo que Weber nos quiere decir, es que la iglesia, para poder extenderse, está dispuesta a adaptarse a los cambios sociales y, si es necesario, adquirir compromisos con el Estado, sin importar el gobierno de turno; en tanto que las sectas se colocan separadas respecto de la sociedad en su conjunto y tienden a rechazar todo lazo con ella e incluso rechazan hasta el diálogo.

Un amplio “menú” de opciones

Hay sectas de todo tipo y para todos los gustos y para todas las necesidades. Las hay religiosas de verdad, hay las que aseguran tener contacto con extraterrestes, las hay espiritistas y hasta algunas que cultivan la idea de la reencarnación. Hay sectas para-cristianas o pseudo-cristianas, esotéricas, orientales o sincretistas, o de grupos inspirados en la cultura New Age, humanistas o satánicos. Lo cierto es que todas ellas son guiadas por un líder carismático, que afirma ser la encarnación de una deidad, ángel o mensajero especial, inmune a toda crítica, quien se cree un ángel encarado o proclama haber recibido una revelación especial de Dios. La secta funciona con la idea de que la  filosofía  tiene algún sentido solamente si uno adopta el conjunto de las creencias y definiciones que la secta enseña. Prometen salvación y soluciones rápidas y fáciles a todo problema.

Los miembros son enganchados a través de una hábil gradualidad, al punto de que, sin percatarse, se van aislando hasta de sus familias. La dependencia, el control mental y los “lavados de cerebro” desalentando el pensamiento crítico constituyen la forma más eficaz de control por parte del líder.

Sus más extremas experiencias han llegado a inducir a grupo completos al suicidio, como ocurrió hace décadas en Guyana. Actualmente, hay grupos sectarios en América Latina que conquistan  jóvenes con el propósito de insertarlas (los) en la cadena de la trata de personas y la esclavitud sexual.  El combate a las sectas se ha hecho indispensable toda vez que el asunto ha escalado a niveles delictivos cuando se trata de grupos que, bajo engaño, involucran personas a las que explotan y abusan.

Santo Domingo, 1992

Desde el punto de vista estrictamente religioso, el caso ocupa buena parte de las preocupaciones de la Iglesia Católica, que hace esfuerzos por preservar y recuperar a las ovejas descarriadas. Es bien sabido que el continente es una cantera de católicos que sirve de “territorio de conquista” para estos grupos sectarios. Tan es así, que combatir y frenar el avance de las sectas fue uno de los objetivos fundamentales  de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, una cumbre que tuvo lugar en Santo Domingo en 1992.

En texto final sugirió la necesidad de establecer un nuevo orden moral basado en la cultura cristiana para América Latina. Bajo el papado de Juan Pablo II, el documento criticó a los laicos que viven incoherentemente su fe y les instó a actuar como motores del cambio, de la «nueva evangelización». Por ello, y después de la opción preferencial por los pobres, la línea prioritaria por los laicos fue la más votada por las comisiones constituidas en la Conferencia de Santo Domingo. Están llamados «a ser el alma en todos los ambientes de la vida social» y «a comprometerse según su vocación y capacidad en la ‘nueva evangelización’ en cuestiones políticas, económicas, científicas o aquellas relacionadas con los medios de comunicación».

La sectarización del cristianismo

El siglo XX  ha visto un fraccionamiento y fragmentación del cristianismo impresionante y sin precedentes. D. Barret señala que de 1900 «denominaciones cristianas» en el año 1900 se ha pasado a 22.189 en el año 1985 (3.799 en América Latina). Se ha producido un resurgimiento y reafirmación de las religiones indígenas tradicionales, o de origen africano, que son a menudo sincretistas.

Asistimos en la actualidad a una verdadera «sectarización» del cristianismo, que alcanza un promedio de 270 nuevas «confesiones» por año. La forma o modelo de «iglesia» establecida parece estar atravesando una crisis profunda.

Según Franz Damen –“monitor” del panorama de las religiones en el mundo y en América Latina- en  el curso del siglo XX se produjeron cambios considerables. El crecimiento y fragmentación del cristianismo se dan en primer lugar en el Tercer Mundo, tanto por la intensa actividad misionera que desempeñan cientos de denominaciones occidentales, como por la proliferación masiva de nuevas «denominaciones indígenas no blancas». En el Tercer Mundo, las sectas religiosas se desarrollan en un ambiente periférico y de marginalidad económica y social –puntuliza-. Las «denominaciones indígenas no blancas» son comunidades o movimientos cristianos negros o indígenas, que se independizaron de las Iglesias a raíz de conflictos y disconformidades con el modo en que el liderazgo misionero occidental trataba el problema de la indigenización o inculturación de la fe cristiana. En ese sentido son una expresión de la voluntad de los pueblos del Tercer Mundo de afirmar y expresar la fe cristiana que han recibido mediante sus propios medios humanos y culturales.

Todo arranca en la familia

Hay un perfil de sectario captable debido a causas que comienzan el familia, se hacen sociales e interpelan y demandan respuestas apostólicas al reto de las sectas. Las carencias familiares y sociales hacen vulnerable a la persona puesto que el individuo necesita ‘saberse querido‘. Es una necesidad psicológica y también teologal. Cuando no está satisfecha, la persona se retrae en medio de una gran inseguridad. El compañerismo, el entorno familiar, el cariño y la incondicionalidad, eso representan las sectas para todos o casi todos sus adeptos, al menos en sus inicios. A ello se suma el afán de novedad y la fascinación por lo novedoso. Allí subyace la búsqueda religiosa pues el hombre tiene ‘necesidad’ de lo religioso, de Dios, que le es connatural. También favorece al fenómeno el secularismo o el laicismo, que es el clima dominante, ambiente que por reacción provoca la huida hacia el ‘aire libre’, lo que, para algunos, representa la secta.

Pero, sobre todo, subyacen las deficiencias en las respuestas pastorales de las iglesias tradicionales: los documentos del Magisterio de la Iglesia Católica invitan a ver en las sectas retos o incitaciones que deben lanzarnos a nuestra verdadera ‘conversión‘ individual y a la renovación pastoral a fin de evitar la caída en la masificación, en la rutina, en la burocratización, en el apagamiento del dinamismo apostólico, en la obsesión por lo material, en la opción preferencial centrada más en los pobres de recursos económicos que en los pecadores.

Después de todo, Jesucristo, en quien creemos y a quien seguimos, se encarnó y murió en la cruz para que tengamos vida (sobrenatural) y la tengamos en abundancia.

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