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Un sacerdote en medio del conflicto armado en Colombia

Don Orlando Sánchez Celis estudia Comunicación Social Institucional en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma. Su primera responsabilidad como párroco fue en una región de Colombia donde nació una de las guerrillas más antiguas del mundo.
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Sentires y pensares desde la vocación sacerdotal, en medio del conflicto armado en Colombia:

Para el colombiano Orlando Sánchez, la primera responsabilidad como párroco fue en una región en donde nació una de las guerrillas más antiguas del mundo. “Recuerdo un mes de octubre del año 2010, cuando en la zona se dieron mas de 12 muertes por causa violenta, solo una natural, civiles, militares y guerrilleros entre ellos recuerdo dos jóvenes menores de edad pertenecientes a dichas guerrillas. Alguna vez me encontraba lejos, fuera del pueblo, que era muy distante de la sede diocesana, una madre llorando, llamaba a mi teléfono móvil a las 3:30 am. de la madrugada diciéndome: “Padre asesinaron a mi hijo”.

Ella en algún momento me había hablado de él, estaba en las filas de las guerrillas y hacía un año largo no sabía de él, hasta ese día cuando recibió la trágica noticia del asesinato de su hijo en medio de un enfrentamiento con militares. Aquel joven estaba empezando a vivir con tan solo 21 años de edad.

Otra experiencia fue contraria, porque no fue la madre que me llamó para darme la noticia de la muerte de su hijo, sino fui yo quien comuniqué la trágica noticia, que aún pienso, no sé de dónde saqué fuerzas para hablar y abrazarla en esos momentos difíciles y escuchar de ella: “Padre qué he hecho yo en la vida, para tener que ir a recoger a mis dos hijos como unos perros”, pues ocho meses antes, otro de sus hijos había sido asesinado también por la guerrilla.”

Como sacerdote se tiene que ser fuerte ante estas situaciones, solo Dios nos da la fuerza y el coraje, pero hay momentos que nuestra humanidad es débil y se experimenta el desánimo y la soledad.

Mis lágrimas rodaron por mis mejillas 

“Recuerdo en una Santa Misa dominical a las 6:00 am no aguanté más y mis lágrimas rodaron por mis mejillas durante la homilía hablando sobre el valor de la vida. Días atrás en un domingo cuando iba a celebrar unas exequias, la guerrilla hostigó al pueblo y asesinaron a un soldado. Una hora más tarde todo trascurría normal como si nada hubiese pasado, el comercio restauró sus actividades, música, todo seguía igual.

Al siguiente día hubo otro asesinato de una persona delante de su esposa e hijas y de la comunidad, todo fue silencio, cerraron los negocios, y las actividades se congelaron. En mi homilía, le decía a la gente: ‘es que acaso ese otro soldado ¿no era persona, no tenía una familia, no tiene una madre que lo espera?, hemos perdido el valor del sentido de la vida, no los culpo, porque llevamos una guerra de mas de 50 años y nos acostumbramos a ver muertos y eso ya no nos sorprende’… tuve que hacer una pausa, porque no podía continuar hablando.”

Nunca tuve miedo 

“Nunca tuve miedo, traté de ser prudente en muchas situaciones, recorrí siempre toda mi parroquia, hasta lugares donde el único acceso era ir a caballo, como lo fue Marquetalia, lugar donde nació la guerrilla de las FARC EP, y se realizó la muy conocida operación Marquetalia del año 1964 con un bombardeo a la zona, liderado por el gobierno de entonces, con el objetivo de sacar las guerrillas de la región.

La primera vez que visité aquel lugar histórico, conocido como el santuario de las FARC, me encontré con una escena donde la fuerza del amor y la ternura me envolvieron: al llegar a la escuela me esperaba el profesor, unos tres padres de familia, tres estudiantes, uno con una bandera de Colombia y el otro con la bandera del Vaticano, solo eran cinco estudiantes en total, los otros dos no habían ido ese día a la escuela porque eran de familias que no profesaban la fe cristiana católica, era una zona abandonada, pero con una riqueza humana impresionante.”

El apoyo de mi obispo 

“Aunque no tuve miedo, lo que sí sentí es que nunca estuve preparado suficientemente para ser esperanza en medio del conflicto, que no podía hacer mucho. Eso, en ocasiones, era lo que incrementaba mis sufrimientos, pero que no los compartía abiertamente con nadie porque vivía a siete horas de la sede diocesana. Aveces me sentía aislado y en algunos momentos solo, aunque siempre sentí el apoyo de mi obispo, que recuerdo en otra de tantas experiencias le llamé por teléfono y le puse a escuchar el sonar de las balas en un hecho que se dio antes de la Santa Misa. Fueron 5 años de vida y servicio en esta comunidad con gozos y tristezas ante tantas vivencias, dolores y lágrimas en el tejer humano y espiritual que hoy claman justicia, esperanza, reconciliación, paz y desarrollo social.”

Pandillas y precariedad social  

“La segunda parroquia a la que fui encargado por mi obispo era más urbana y central, pero no lejos de una problemática social manifestada en hechos como consumo y tráfico de drogas, hurtos, pobreza, desempleo, delincuencia, formación de pandillas, entre otros y en el que los niños, adolescentes y jóvenes eran sus protagonistas.

Estas realidades me llevan precisamente a dimensionar y abrazar el sentido de la misión de la Iglesia que es grande y sólo desde una experiencia profunda y formativa en el Señor, nos dará la posibilidad de tener herramientas que contribuyan a afrontar los retos de nuestras comunidades, ser esperanza, especialmente a aquellas familias que como consecuencia del conflicto aún guardan en sus corazones dolor, resentimientos y aún en muchos crece la indiferencia a nuestro Creador.

Actualmente curso el primer año de Comunicación Social en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, gracias a una beca de CARF. Estoy viviendo esta experiencia que es una bendición para mi, no sólo por estar en esta ciudad como centro de la cristiandad, por la riqueza histórica y cultural, por la calidad de la educación, sino también porque me enseña desde esta dimensión pluricultural – religiosa, a mirar mi país con un mirada más crítica, mi diócesis de manera diferente, y a reconocer desde la comunicación, que estamos llamados con nuevas estrategias, con un lenguaje de amor, reconciliación y esperanza, a trasmitir a Cristo a quienes han sido víctimas del conflicto a través de todas las formas de comunicación.”

Para leer el testimonio completo en CARF Fundación haga clic acá: https://carfundacion.org/un-sacerdote-en-medio-del-conflicto-armado-en-colombia/


Centro Académico Romano Fundación CARF, nació en 1989, y ayuda fundamentalmente a la formación integral de sacerdotes y seminaristas de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (PUSC), de las Facultades de Estudios Eclesiásticos de la Universidad de Navarra (UNAV) y de los Colegios Eclesiásticos Internacionales Sedes Sapientiae y Bidasoa. 

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