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Galerazamba, el impactante “mar rojo” de Colombia

GALERAZAMBA
Foto Vicente Silva
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Un maravilloso fenómeno natural -solo se disfruta durante pocas semanas del año- es el nuevo atractivo a pocos kilómetros de Cartagena, en el Caribe colombiano. (Imágenes)

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

La mitología regional dice que las aguas rojizas del mar fueron escogidas como el lugar para los encuentros amorosos del cacique Zamba con su compañera Galera, los abuelos de la India Catalina, la mujer raptada por conquistadores españoles y convertida en traductora de Pedro de Heredia, el fundador de Cartagena.

El lugar donde quedan las aguas rojizas —llamado Galerazamba para recordar a los enamorados parientes de la nativa que se convirtió en ícono de Cartagena— estuvo fuera del radar turístico de los colombianos durante mucho tiempo, pero por estos días ha cobrado un auge inusitado, como si no hubiera existido antes. Esta renacer se debe a la decisión gubernamental de reactivar la explotación de la sal marina, un mineral que desde tiempos precolombinos era tan importante para la economía de los indígenas que algunas tribus lo utilizaban para hacer sus trueques.

La sal que genera este mar se obtiene por la evaporación natural del agua marina depositada en piscinas comunicadas entre sí y alimentadas por gravedad. Su recolección es nocturna debido a que en la noche disminuye la temperatura de las aguas y aunque se hace manualmente la tarea no es nada fácil ya que las piedras salinas tienen puntas y filos tan cortantes como el filo de una navaja.

Ver imágenes aquí (hacer click en galería): 

El poblado fue famoso por la producción, en promedio, de 16.000 toneladas anuales de sal marina que se vendía para el consumo interno, pero también a importantes multinacionales extranjeras que pagaban en dólares. Sin embargo, con la llegada de la apertura económica neoliberal que vivió el país a comienzos de los años 90 del siglo XX, las exportaciones disminuyeron y las salinas que en su extracción tenían un alto componente artesanal y generaban más de 300 empleos permanentes, perdieron importancia. El próspero pueblo de antes, poco a poco se transformó en una comarca cargada de recuerdos y amarguras.

Pasaron varios años para que Galerazamba vislumbrara su antiguo esplendor no solo como el pueblo de la sal explotada durante más de un siglo por el Estado colombiano y sus concesionarios, sino como exótico destino turístico. Fueron los gobiernos nacional y regional los encargados de poner en marcha hace pocos meses una estrategia en la que los pobladores serán los protagonistas porque ellos se encargarán de la explotación de las salinas y de percibir gran parte de sus utilidades.

Además, serán los responsables de mostrar a los visitantes ese maravilloso mar rojizo que estaba perdido, apenas a 46 kilómetros por carretera desde Cartagena, y de los cuales hay muy pocos en el mundo. Este mar rosado —como prefieren llamarlo los colombianos— es un espectáculo natural inigualable que tiene su mayor intensidad entre febrero y abril y reaparece con menor intensidad en agosto y septiembre.

Según Marta Barrios, una habitante del lugar, “las salinas son maravillosas en esas épocas del año porque adquieren un rojo intenso, una señal inequívoca de que la sal está a punto de explotar”.

Para expertos consultados por Aleteia este inusual fenómeno de coloración no tiene explicación diferente a la presencia de la artemia o artemisa salina, un alga que solo vive en aguas salubres que se aíslan del océano, como estanques o lagos de sal, en donde se desarrollan en difíciles condiciones ambientales como las altas temperaturas y la salinidad.

GALERAZAMBA
Cortesía Instituto de Cultura y Turismo de Bolívar.

Una vida nueva

Los tres pozos marinos que fueron cerrados durante más de dos años por la Gobernación de Bolívar para proteger el ecosistema y permitir la propagación de las algas están abiertos al público. Desde que se anunció la reapertura, una inesperada ola mediática y de turistas nacionales y foráneos se apoderó de las salinas y alteró la tranquilidad de Galerazamba. Todos hablan del “mar rojo de los colombianos”, incluso el popular cantautor Carlos Vives grabó en el lugar un clip musical denominado Indira.

Los económicos planes turísticos incluyen el viaje de 40 minutos desde Cartagena a Santa Catalina —el municipio que es cabecera de Galerazamba—, una  precavida inmersión en el cálido mar y un recorrido por calles que parecen haber recuperado el colorido de los años idos. Allí se encuentran vestigios de caserones tipo americano construidos a mediados del siglo XX, un museo que evoca el pasado indígena y cuenta el proceso de cristalización, uso y comercialización de la sal, un monumento a la India Catalina, la Casa de Huéspedes Ilustres —en la que estuvo preso el expresidente de facto Gustavo Rojas Pinilla— un pequeño faro y un Cristo de sal.

Los orgullosos herederos de la India Catalina sostienen que el regreso de la explotación salina y el redescubrimiento de su rosado mar son bendiciones que llegaron para quedarse. Por eso dicen que nada malo les puede suceder, ni siquiera que el mar se seque para siempre.

 

 

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