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¿Sabías que es más rentable invertir en valores con enfoque cristiano?

WADY JEZUSA
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¿Sólo el egoísmo genera eficiencia? ¿Para conseguir rentabilidad debemos ser por fuerza egoístas?

El teorema que enuncia la eficiencia de los mercados competitivos se apoya sobre el postulado del hombre que se comporta estrictamente de forma egoísta. Esto ha implicado considerar que la rentabilidad financiera de activos y fondos de inversión debe estar reñida con todo lo que se contraponga al carácter egoísta del ser humano.

De una descripción matemática, el pensamiento económico y social ha extraído una antropología de cómo tiene que ser el ser humano y en consecuencia ha determinado que no sólo el egoísmo genera eficiencia, sino que además debemos por fuerza ser egoístas.

Pero ¿es esto cierto? Altum Faithful Investing publica un informe elaborado por Borja Borragán que analiza la rentabilidad de las 500 empresas de mayor tamaño de Estados Unidos que integran el índice bursátil Standard & Poors’ 500 (S&P 500) segmentando en virtud de su comportamiento ético. El objetivo consiste en mostrar si incluir criterios del magisterio católico en la selección de inversiones resta rentabilidad como se esperaría de acuerdo con el paradigma del Homo Economicus o bien aportaría incluso una rentabilidad adicional.

El estudio clasifica las empresas considerándolas cumplidoras si su actividad, objetivo y prácticas concretas cumplen con los cuatro pilares siguientes de la Doctrina Social de la Iglesia: La promoción de la vida, la promoción de la dignidad humana, la promoción de la familia y el cuidado y protección de la creación; e incumplidoras si no siguen al menos uno de estos pilares. Esto les permite considerar un 52.4% como entidades cumplidoras y un 47.6% de incumplidoras. Entre las incumplidoras se puede comprobar que aquel pilar que más incumplen es el de la promoción de la familia; un 88% de las incumplidoras.

Una vez se dispone de esta clasificación el estudio propone una cartera de inversión con las empresas que cumplen y otra con las que no cumplen. De esa manera puede comparar la rentabilidad a 3, 5 y 10 años de ambas carteras. El resultado, contrariamente a lo que cabría esperar del paradigma del hombre económico egoísta, es que la cartera de empresas que cumplen con el Magisterio de la Iglesia ofrece una mayor rentabilidad anualizada con respecto a las incumplidoras:  un 3,18% superior para tres años, un 0,94% superior para cinco años y de 0,19% superior para inversiones a diez años. para superior a la cartera de empresas incumplidoras.

Es decir, pretender prácticas egoístas no solo no mejora la rentabilidad, sino que encima la empeora. En cambio, seguir prácticas acordes con la Doctrina Social de la Iglesia da lugar a una mayor rentabilidad.

Este resultado, sujeto a que se tienen en cuenta multitud de variables de la Doctrina Social de la Iglesia, va más allá incluso de la actualidad de la Inversión Socialmente Responsable en la que se tiene en cuenta la preservación del medio ambiente, la reducción de emisiones tóxicas y velar por preservar la dignidad de los trabajadores. El punto central al que apunta es que se puede invertir con integridad y obtener una adecuada rentabilidad. Este hallazgo además es robusto controlando por el tamaño de las empresas y ajustando la rentabilidad al riesgo mediante la ratio de Sharpe de acuerdo lo desarrollado en el estudio tal y como señala el informe. 

Este estudio pone de manifiesto que más allá de las simplificaciones sobre comportamiento económico de las personas, la realidad del ser humano es siempre más compleja, elevada y rica. La concepción del egoísmo humano como postulado clásico del comportamiento económico básico para alcanzar eficiencia no sólo resulta ser una falacia, sino que además es absolutamente limitativa para las aspiraciones de los seres humanos. El egoísmo cotiza a la baja mientras que los valores cristianos cotizan al alza y cada vez con mayor rentabilidad.

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