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El marcapasos, el invento de un colombiano que ha salvado millones de vidas

REYNOLDS
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Un anciano cura ecuatoriano a punto de morir por un bloqueo del corazón fue el primer beneficiado con el aparato ideado por un bogotano que sin ser médico es respetado por científicos de todo el mundo

Jorge Reynolds ha dedicado 61 años de su vida al corazón humano. En 1957, recién llegado a Bogotá, graduado como ingeniero electrónico del Trinity College, en Cambridge, Inglaterra, decidió que su vida era el corazón, no el suyo ni el de los enamorados, sino “el de los enfermos por arritmias y bloqueos que en muchos casos eran mortales”.

Al observar esos dramas humanos en lugares como la Clínica Shaio y en la Universidad Nacional, se propuso estudiar a fondo el corazón. Allí concluyó que “por ser un sistema eléctrico, el corazón ocasionaba problemas eléctricos que debían solucionarse con la electrónica y no por medios farmacéuticos”.

REYNOLDS
Pan American Health Organization PAHO-(CC BY-ND 2.0)

En poco tiempo diseñó un sistema para remplazar el pulso eléctrico que anulaba el funcionamiento normal del corazón. Luego experimentó con perros y al año siguiente, después de muchos ensayos, concluyó que sí era posible implantar un primer marcapasos a seres humanos fuera de su cuerpo.

Su primer paciente fue Gerardo Cabrera, un sacerdote católico ecuatoriano de 86 años que había tenido graves episodios cardíacos. Los cardiólogos de la Shaio le dijeron al cura, remitido desde Guayaquil, que la única alternativa era el marcapasos ideado por Reynolds, pero que el aparato, además de ser un experimento, era riesgoso implantárselo.

PACEMAKER
Pan American Health Organization PAHO-(CC BY-ND 2.0)

Reynolds no estuvo de acuerdo porque sabía de las limitaciones de su invento, sin embargo, el médico Alberto Bejarano, director de cirugía de la clínica y el mismo cura lo convencieron de hacer la intervención. El científico, en entrevista con Aleteia, recordó que en aquellos días de 1958 el padre Cabrera lo animó diciéndole: “Si muero en la cirugía o después de ella, lo eximo de enviarlo al infierno”. No fue necesaria la dispensa sacerdotal porque el paciente, que duró 18 años con el marcapasos en su pecho, murió en 1976, a la edad de 104 años. 

Seis décadas después de haber implantado el primer marcapasos cardíaco externo con electrodos internos en el mundo, este ingeniero electrónico que sin ser médico es conocido como el doctor Reynolds, recuerda que la cirugía fue compleja para la época porque además de abrir el tórax del enfermo, no se sabía cómo hacer el procedimiento ni dónde implantar los electrodos. Además, el marcapasos era un aparato enorme, con electrodos de platino forrados en silicona, decenas de cables y una pesada batería de automóvil que se debía movilizar en una carretilla. 

REYNOLDS
Pan American Health Organization PAHO-(CC BY-ND 2.0)

Después de esta operación empezaron a fabricarse en Colombia y otros países diversos tipos de marcapasos, pero el de Reynolds fue el pionero y con base en él se han fabricado cerca de 80 millones de aparatos que han salvado la vida de hombres y mujeres de todos los continentes. Este dispositivo generó tanto impacto en el mundo científico que la respetable revista estadounidense Pacing and Clinical Electrophisiology lo ubicó entre los inventos “más importantes en la historia de la humanidad”.

La ciencia antes que el dinero

Las críticas y la incredulidad cesaron cuando la comunidad científica y muchos pacientes colombianos se convencieron de la posibilidad real de superar las afecciones del corazón sin necesidad de tomar pastillas. El primer beneficiado fue su mejor medio de difusión porque además de haber ganado calidad de vida hasta el punto de haber vivido más de un siglo, aparecía en público plenamente rehabilitado. 

El éxito impulsó a la Clínica Shaio a respaldar las investigaciones de Reynolds y a especializarse en el área cardiovascular. Su prestigio es tan grande que científicos de diferentes países la visitan para conocer el avance de sus investigaciones y el desarrollo de nuevas tecnologías.

Allí mismo, Reynolds siguió depurando su marcapasos gigante hasta convertirlo en un aditamento cada vez más sofisticado y menos incómodo. A grandes rasgos, el científico asegura que ha fabricado unos 2.500 tipos con transistores y tecnología de punta. Muchos de sus aportes fueron replicados en otros países sin que a él le preocuparan sus derechos como inventor, la fama o el dinero. Ese desapego lo justifica al reiterar que “Las patentes encarecen un producto y en algunos casos preferí no hacerlo porque hay gente que necesita un marcapasos, pero no tiene cómo pagar algo que puede ser muy caro”.

PACEMAKER
Pan American Health Organization PAHO-(CC BY-ND 2.0)

Los reconocimientos, sin embargo, no le han faltado. Sin ser médico, es un invitado frecuente a los congresos mundiales de cardiología y ha dictado conferencias en las más reputadas universidades de América, Europa, África y Asia. Además, tiene 14 doctorados honoris causa en Medicina, ha publicado 53 libros sobre cardiología y sus numerosos artículos aparecen en importantes publicaciones científicas. 

Reyndolds sigue metido a fondo en la investigación científica. “Mi vida es investigar, encontrar cosas en cardiología y desarrollar nuevos sistemas porque la ciencia y la tecnología nos dan elementos para mejorar el funcionamiento cardíaco”, dice con energía, como si no le pesaran sus 84 años.

Todos los días —cuando no está viajando por el mundo— coordina el Departamento de Investigación en Electrónica de la Clínica Shaio, un equipo de jóvenes médicos, ingenieros y biólogos marinos de diferentes nacionalidades que trabajan en el perfeccionamiento de un marcapasos del tamaño de un grano de arroz. Se llamará nanomarcapasos ya que para su desarrollo se utiliza la nanotecnología, una disciplina que ayuda a reducir el tamaño de los circuitos electrónicos de dispositivos como los utilizados por las personas con afecciones cardíacas.

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Pan American Health Organization PAHO-(CC BY-ND 2.0)

Como si fuera poco, el padre del marcapasos extracorpóreo sigue investigando el corazón de las ballenas. Su curiosidad por este mamífero nació cuando encontró que su corazón, además de ser 4.500 veces más grande que el del hombre, es extraordinariamente parecido al de un ser humano. Según él, ese corazón gigante que pesa dos toneladas ha sido fundamental para avanzar en la construcción de tecnologías como el diminuto nanomarcapasos.

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corazón
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