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Las exuberantes y salvajes selvas latinoamericanas

AMAZONIA
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El Amazona, es la selva de mayor extensión de la Tierra, asentada en 9 países Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Surinam, Venezuela y Guyana Francesa

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Las llamamos “selvas tropicales” porque se ubican en el entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio, líneas trazadas en de manera horizontal a la tierra, paralelas al Ecuador. Estas líneas indican la distancia entre un punto y el norte o el sur del planeta. Al mismo tiempo nos marcan los diferentes climas.

Brasil, Perú, o Colombia, son los países que cuentan con las extensiones de selva tropical más grandes del mundo. Son reconocidas como “los pulmones del planeta”, ecosistemas que destacan por la diversidad de la fauna que albergan en su interior, y el verde de su flora. Son parajes asombrosos, paisajes llenos de belleza, de armonía, lugares donde volver a conectar con la naturaleza. Cada país de la región ofrece un mundo lleno de posibilidades en el que se disfruta del encanto de lo puramente natural.

De hecho, Centroamérica y México poseen igualmente zonas selváticas. La región centroamericana cuenta con una potente vegetación que alberga todo su territorio, donde se encuentra el segundo arrecife de coral más largo del planeta y el 8% de la biodiversidad mundial.

 

© sara y tzunky

 

El Congo –ofrece el segundo territorio selvático más extenso del mundo después del Amazonas- e Indonesia son también selvas tropicales. Pero es la selva amazónica la que ocupa una extensión casi equivalente a la mitad del territorio de Sur América. Es una zona de altas temperaturas, rondando los 40 grados, a lo largo de todo el año, debido a la densidad de plantas y las constantes lluvias. Por ello su suelo es siempre tan húmedo.

La selva del Amazonas es el hogar de preciadas especies, como por ejemplo el jaguar, el puma, las tortugas, caimanes, boas, guacamayos, el tucán. Dentro de ella encontramos grandes espacios protegidos como el Parque Nacional “du Pico da Neblina” localizado en su mayor parte en Brasil, donde se encuentra el pico más alto; actualmente el parque se encuentra en la lista indicativa de la UNESCO, a esperas de una cualificación para su inclusión en la lista de Patrimonio Mundial.

 

Amazon forest
By Gustavo Frazao | Shutterstock

 

La cuenca del Amazonas es alimentada por una vasta red de ríos serpenteantes recorre 4.100 millas (6.598 km) de sus bosques, densos y con gran diversidad, tanto de fauna como de vegetación. La selva amazónica alberga cerca de 12.000 especies de árboles, y muchas más que aún no han sido descubiertas, según estudio publicado por Steege en la revista Scientific Reports. El bosque, espeso y húmedo, se alza, como siempre, orgulloso y vital. El Samaúma, el mayor árbol de la Amazonia, puede alcanzar los 50 metros de altura.

Hay hasta 30 tipos de semillas, entre ellas las del famoso y estimulante guaraná -ya tan popular que se ingiere en sofisticadas píldoras en todo el mundo-; las castañas de Pará, con un peso de hasta dos kilos, o la semilla voladora del Samaúma. Cerca de 40 variedades de frutos como el caçarí, que tiene 30 veces más vitamina C que la naranja. También se encuentra el “Árbol de la Vida”, una palmera abundante en la cuenca del Amazonas, de la que se aprovecha absolutamente todo.

Las avispas gigantes, cazadoras de arañas aún mayores; mínimas ranas amarillas y rojas cuya piel expele un veneno tan potente que puede matar con sólo rozarlas, empleado por algunas tribus para envenenar sus flechas. Hay quienes se han topado con el hermoso espectáculo de un legendario delfín de color rosado, mamífero fluvial que forma parte de las leyendas locales, al igual que un “vampiro”, especie de murciélago que se alimenta de frutas.

 

Se estima que entre 8 y 10 millones de personas vivían en la Amazonía en la época anterior a la colonización española y portuguesa. Y hablaban al menos 400 lenguas diferentes. Muchos murieron en enfrentamientos con los colonizadores o por enfermedades traídas por los europeos para las que no tenían resistencia, como la viruela o el sífilis.

Esta selva es increíblemente hermosa y llena de misterios pero vive allí la fauna más salvaje y peligrosa. A orillas de este río, el más caudaloso del mundo, crece con el mismo nombre el mayor bosque tropical, el más exuberante, colorido y espectacular del mundo. Pero también el más peligroso. Adentrarse en el Amazonas tiene sus riesgos. En su interior viven animales imposibles tanto como fascinantes: jaguares, anacondas -serpientes que pueden llegar a medir 15 y 20 metros, cuyos organismos están habilitados para engullir inmensos caimanes de un solo trago-, anguilas eléctricas, ranas venenosas, caimanes, tarántulas, pirañas, y un largo etcétera. Hay que añadir los diferentes tipos de insectos, para los que el hombre se convierte en carne de cañón. La picadura de una hormiga isula, por ejemplo, es neurotóxica y capaz de producir taquicardias.

Fauna salvaje: 

 

Hay otro tipo de peligros a los que está expuesta la selva. Peligros ambientales, entre ellos, la sequía, la contaminación. La zona, considerada el cobijo del continente suramericano, alberga comunidades indígenas las cuales también se han visto afectadas por las amenazas ambientales, tal es el caso de la contaminación de las aguas por los botes de petróleo, derrames de crudo consecuencia de realizar explotaciones de hidrocarburo en el territorio. Estudios han revelado que los indígenas que viven en la selva amazónica padecen afecciones de salud producto de la contaminación de las aguas.

Otra de las consecuencias ambientales que sufren las etnias son el impedimento a la caza y la pesca debido a los cambios químicos que poseen las aguas, esto también provoca la hambruna de estas comunidades.

Entre las amenazas contra el pulmón natural del continente suramericano figura la tala de los árboles, lo cual se han denunciado desde 2006 por la organización Greenpeace Internacional. Hay quienes buscan oro y explotan la madera, actividades que suman a la contaminación de las aguas. Es obligado mencionar la deforestación, que no solo afecta a los árboles, sino también la pesca que se desarrolla en la región, debido a que interrumpe el ciclo de los procesos naturales, entre ellos la regularización del clima, establecimiento y regulación de los suelos.

El 11 de noviembre de 2011 la selva Amazónica fue declarada como una de las siete maravillas naturales del mundo. Ella ofrece un gran laboratorio natural de donde ha salido una incalculable cantidad de soluciones de salud para la humanidad. Todo lo que se haga será poco para preservar el beneficio que aporta, no sólo a América, sino a todo el planeta. El Sínodo Amazónico que se aproxima genera mucha expectativa y alimenta esperanzas en relación a lo que pueda impulsar para proteger la región.

La Amazonía y su gente:

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