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Fronteras calientes en América Latina

JOHN PAUL II
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La invalorable mediación del Papa Juan Pablo II logró el acuerdo más significativo en la región y evitó una guerra

En la actualidad, el continente latinoamericano está surcado por conflictos territoriales, en curso o latentes, cuya raíz se remonta al pasado colonial. Después de lograda la Independencia, las nuevas repúblicas no conformaron estados nacionales tal y como hoy los conocemos justamente por la carencia de una sólida base nacional. Todo esto fue consecuencia de la división efectuada por los colonizadores en la subregión, a su vez herencia de caprichosas fronteras virreinales.

Fue un artificial trazado de límites entre los cuales quedaron atrapados pueblos indígenas marginales en medio de la problemática de los nuevos países. Es el origen de los actuales conflictos de poblaciones autóctonas como los araucanos en Chile, los mayas en Yucatán o las distintas comunidades originarias que hoy perviven en la Amazonía o los Llanos en la parte sur del continente y Centroamérica.

Junto con ello, el movimiento de independencia encubrió multitud de conflictos sociales, de orden étnico, político, regional y familiar, pues todos luchaban por el enemigo en común. Sin embargo, al finalizar el conflicto, las tentaciones que habían permanecido ocultas estallaron. Las minorías criollas lograron consolidar su poder social y político, mediante su desempeño como oficiales del ejercito. No sucedió lo mismo con los negros y indígenas, cuya suerte no cambió con la independencia, pues los primeros siguieron siendo esclavos durante casi todo el siglo XIX y los segundos se vieron incorporados a las haciendas como mano de obra no asalariada.

Por otra parte, los territorios que integraban los virreinatos hispanoamericanos no pudieron mantenerse unidos debido principalmente a las dificultades heredadas de la Colonia como los disputas por el poder entre las élites locales y regionales, la falta de una identidad cultural definida sobre la cual se pudieran establecer bases políticas y económicas fuertes, la ausencia de mercados internos, que propiciaran el intercambio comercial entre las nuevas naciones, y las barreras geográficas como la falta de vías de comunicación condujeron a la fragmentación territorial e impidieron la forma de una sola y gran nación tal como la soñó Bolívar.

Los límites entre las antiguas capitanías generales, que básicamente dieron origen a las naciones americanas explican casos como el Beagle, el de Perú-Ecuador, el de Venezuela-Guyana y el de la isla colombiana de San Andrés, que Nicaragua reclama para sí.

No obstante, el litigio -en el pasado reciente- entre Nicaragua y Honduras tuvo distinto origen: aquí no hubo reclamaciones de territorio, sino el enfrentamiento entre dos sistemas políticos opuestos y la acusación nicaragüense de que el Ejército hondureño protegía las incursiones armadas de los contrarrevolucionarios somocistas. Finalmente, Venezuela y Colombia continúan disputándose las aguas del golfo de Venezuela, que encierran una gran riqueza petrolera.

La conflictividad social de América Latina, que tiene sus ejemplos extremos en la guerra civil de El Salvador en los 80 y en la permanente actividad guerrillera de Guatemala durante décadas y aún sin fin en Colombia, se sumaron media docena de enconados litigios fronterizos que igualmente suponen amenazas para la paz casi siempre frágil de este continente.

Décadas atrás, el Gobierno sandinista planteó una reclamación sobre la isla de San Andrés y dos islotes adyacentes, basándose en su mayor cercanía a la costa nicaragüense que a la de Colombia. En lo que se refiere a Colombia y Venezuela no son tierras lo que se disputan, sino las aguas del golfo de Venezuela, que encierran una gran riqueza petrolífera todavía no cuantificada, precisamente por tratarse de una zona en litigio. Este golfo es una continuación del mar interior de Maracaibo, de donde extrae Venezuela la mayor parte de sus hidrocarburos.

Un ejemplo típico de disputas derivadas de las antiguas capitanías generales es el que por años ha enfrentado a Venezuela con Guyana. Existe un contencioso territorial sobre 150.000 kilómetros cuadrados (casi la tercera parte de España). La zona en reclamación es la cuenca del río Esequibo, la cual el imperio británico ocupó mientras Bolívar luchaba contra los españoles. Este territorio nunca perteneció, de hecho, al Estado soberano de Venezuela, pero sí a la capitanía general que dio origen a este país.

La delimitación de fronteras entre Perú y Ecuador ya ha provocado dos guerras, siempre con desastrosos resultados para el Ejército ecuatoriano. El último enfrentamiento tuvo lugar a finales de enero de 1981, cuando cada Gobierno acusó al otro de invasión. El frágil alto el fuego alcanzado entonces no ha resuelto la vieja disputa. Para mayor tensión, del territorio reclamado por Ecuador extrae Perú la mayor parte de su petróleo.

El canal del Beagle fue otro punto de permanente conflicto entre Argentina y Chile desde el siglo pasado, en medio del cual también ha surgido el petróleo como elemento distorsionador. Argentina descubrió importantes yacimientos de crudos pesados en el extremo sur de la costa atlántica, y parece seguro que estas bolsas petrolíferas se prolongan hasta el Beagle.

Esta larga disputa por las islas Nueva, Picton y Lennox fue sometida a un Laudo Arbitral por un acuerdo firmado entre los presidentes Alejandro Lanusse y Salvador Allende en 1971. El dictamen del Laudo fue emitido en 1977 y un año después, a raíz de sus efectos sobre territorios marítimos que no habían sido previstos desembocó en un grave conflicto entre ambas naciones. El acuerdo fue finalmente alcanzado gracias a la invalorable mediación de Juan Pablo II apoyado en el cardenal Antonio Samoré.

PEACE
Biblioteca del Congreso Nacional de Chile-(CC BY 3.0 CL)

Actualmente, hay conflictos que están pendientes de resolverse ante el Tribunal de La Haya. Hace poco, el fallo fue a favor de Chile en el litigio con Bolivia por su acceso al mar. Costa Rica y Nicaragua han recurrido a la Corte Internacional de Justicia -CIJ- en diversas ocasiones para resolver sus conflictos fronterizos. Actualmente, tienen abiertos tres casos. Una región del Mar Caribe ha sido por años un punto contencioso entre Nicaragua y Colombia.

Nicaragua pidió que la CIJ le reconozca los derechos sobre una plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas medidas a partir de su costa. Para Colombia, dicha zona, que incluye las islas del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, “se une incuestionablemente con la plataforma continental que tiene la costa caribe colombiana”.

Según expertos en el tema, se aprecian cambios y continuidades en el discurso geopolítico sobre los conflictos fronterizos en América Latina, en la evolución de los diferendos activos alrededor de 1990 . El fin de la Guerra Fría no habría tenido un gran impacto sobre los contenciosos latinoamericanos, los cuales están principalmente relacionados con un nacionalismo de énfasis territorial desarrollado por algunos estados. No obstante, el afianzamiento de regímenes democráticos ha supuesto un cambio con respecto al pasado pues el discurso dominante de la integración ha tenido efectos positivos sobre los diferendos en desarrollo.

Adicionalmente, los prejuicios populares respecto a las disputas de fronteras en América Latina se agravan por el hecho de que son muy numerosas y que evolucionan fácilmente hacia la guerra.

“No se puede entender –según consta en un trabajo de la Universidad Complutense de Madrid firmado por los investigadores Carois y Lois , 2013- la mayoría de las disputas activas hoy en día si no se tiene en cuenta el nacionalismo con énfasis territorial que se desarrolla en algunos Estados latinoamericanos, especialmente durante el siglo XX, y que va acompañado de un adoctrinamiento territorialista de sus poblaciones. Las “patrias imaginarias” -modeladas conforme a la extensión territorial a la que aspiran los Estados y no ajustadas a la realidad de las fronteras internacionales reconocidas-, que los sistemas educativos transmiten a argentinos, venezolanos, guatemaltecos, ecuatorianos, etc., impiden una evaluación desapasionada del alcance de la soberanía territorial del Estado, cuyas limitaciones actuales hacen ciertamente anacrónicas este tipo de disputas”.-

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