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El increíble destino de la familia Arnauld

ANGELIQUE ARNAULD
Domaine Public
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El historiador Michel Carmona acaba de publicar en la editorial francesa Fayard una obra apasionante sobre la abadía de Port-Royal-des-Champs en París. Una oportunidad para recordar el sorprendente destino de la familia Arnauld, que marcó profundamente la historia de esta abadía para escribir un capítulo esencial de la religiosidad en Francia y en Europa

“De esta familia, que no era diferente en apariencia de otras similares, surgió el movimiento de reforma de Port-Royal, el más conocido y más dramático de los engendrados por el siglo XVII, ese gran siglo de despertar del catolicismo tras el traumatismo creado en el siglo anterior por el ascenso de la Reforma protestante”.

Precisamente, el padre de familia, Antoine Arnauld, había sido criado por su padre en el calvinismo. En agosto de 1572, la masacre de San Bartolomé precipitó la decisión de la familia de convertirse al catolicismo.

Junto con su esposa Catherine Marion, tendrá veinte hijos, de los cuales diez morirían muy pequeños. Una ilustre descendencia de la que saldrían nada menos que tres abadesas y otras muchas religiosas o pensionarias en Port-Royal.

Abadesa con tan solo 10 años

Desde hacía varias generaciones, las familias Arnauld y Marion estaban bien instaladas en los engranajes de la alta administración real.

Para aliviar sus finanzas, el señor Arnauld toma la decisión de enviar a su hija Jacqueline a pronunciar votos de religiosa.

“Sabedor del carácter ya decidido de Jacqueline, le pregunta si no le gustaría ser religiosa, pero no una religiosa cualquiera, sino una abadesa que estaría al cargo de otras”, escribe Michel Carmona.

En 1602, con 10 años, Jacqueline se convierte en abadesa de Port-Royal bajo el famoso nombre de Madre Angélique Arnauld.

Sin embargo, Angélique Arnauld soportaba cada vez peor la vida religiosa, inundada por el creciente deseo de casarse, de llevar un hogar, de organizar recepciones.

“No podía sufrir más la religión que siempre consideré como un yugo insoportable y, a pesar de ello, lo aguantaba divirtiéndome en las situaciones que podía”, escribe en sus memorias.

Pronto, se extendió por la corte el rumor de la laxitud que reinaba en la abadía, donde el esparcimiento era cosa habitual en un tiempo en que se elevaban numerosas voces para que se aplicaran las reformas decididas en el Concilio de Trento para un retorno a las reglas originales de las órdenes religiosas.

Un sacerdote de paso por el monasterio de Champs pronunció un sermón que afectó profundamente a la Madre Angélique: “De inmediato vi la necesidad de una obediencia auténtica, del desprecio a la carne y a todos los placeres sensuales y del mérito de la verdadera pobreza”, confiesa.

De este modo, decidió reformar Port-Royal, con la oposición inicial de su familia. 

“Una heroína a la que recurren en otros conventos”

Su método resultó ejemplar. Jean Racine cuenta en su obra Abrégé de l’histoire de Port-Royal [Resumen de la historia de Port-Royal]: “Tuvo gran cuidado de no alarmar a ninguna religiosa con demasiado empeño en querer hacerles abrazar la regla. Se contentaba con dar ejemplo, hablando poco, rezando mucho por ellas y acompañando con torrentes de lágrimas las pocas exhortaciones que les hacía alguna vez. Dios bendijo tan bien esta conducta que las conquistó a todas, una tras otra y, en menos de cinco años, la comunidad de bienes, el ayuno, la abstinencia de la carne, el silencio, la vigilia nocturna y finalmente todas las austeridades de la regla de san Benito quedaron establecidas en Port-Royal”.

A los 17 años, Angélique Arnauld consigue instaurar la regla de clausura negándose a abrir la puerta de la abadía a sus padres, que tenían por costumbre visitarla, un famoso episodio conocido el “día de la rejilla” (porque la visita no pasó de la reja de la clausura). 

También comenzó a dar a las religiosas una formación cristiana, ya que ninguna conocía el catequismo.

La vitalidad de Madre Angélique estuvo al servicio de la reforma en muchas otras abadías. “Pronto se convierte en una heroína a la que recurren en otros conventos para ir a dar buen ejemplo”, escribe Michel Carmona.

Su hermana Agnès se convierte en abadesa del monasterio de Champs en 1658, el cual administró durante un periodo de represión severa contra el jansenismo por parte de Luis XIV.

Los Arnauld y el jansenismo

La Madre Angélica mantiene estrechas relaciones con la mayoría de los pioneros de la reforma católica en Francia: el abad de Saint-Cyran, Juana de Chantal y Francisco de Sales.

Sin saberlo, se va a alinear con el jansenismo al exigir el regreso a la regla de san Benito ya que, al mismo tiempo, los teólogos jansenistas abogaban por el retorno a los valores de la Iglesia primitiva.

Su mismo hermano Antoine –el “Gran Arnauld”– estuvo en el origen del ascenso del jansenismo doctrinal en Francia con la publicación en 1643 de su tratado De la comunión frecuente, un éxito enorme en las librerías, donde denunciaba la laxitud de los jesuitas.

Sacerdote y teólogo, se convertiría en uno de los principales líderes del jansenismo en Francia.

Sin embargo, la política de enfrentamiento contra el jansenismo llevada a cabo por Luis XIV estaba en su apogeo e incluso Port-Royal conoció un fin trágico con la dispersión de las religiosas en 1709 y la destrucción de la abadía dos años más tarde.

Antoine Arnauld fue condenado al exilio. En realidad, la destrucción del monasterio dio un segundo aliento al movimiento jansenista, que a menudo sería el alma de la resistencia al poder real a lo largo de todo el siglo XVIII.

Port-Royal, Michel Carmona, Fayard, 494 páginas – octubre 2018

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